Ricardo Valenzuela
En estos momentos el presidente Trump debe estar volando hacia la capital de China, Pekin, para, en mi opinión, tener la reunión más importante de las historias con su contraparte chino presidente Xi, en la que ambos tienen la oportunidad de darle la dimensión que tuvo la de Yalta en 1943. Aquel histórico encuentro entre los líderes aliados Churchill, Stalin y Roosevelt que, con la victoria ya a la vista, debían decidir como rehabilitar el mundo destrozado por esa infernal guerra.
Porque China y EU representan casi el 50% de la economía mundial con todo su poder. Y Trump, enviando una señal, va acompañado por los emprendedores más importantes de EU en medio de la sacudida global que el mismo está provocando. Y el encuentro tiene esa importancia vital, porque, a su estilo, Trump no va a dejar nada pendiente sin discutir, y con ese país hay muchos cabos sueltos que se deben atar porque nadie se ha atrevido. Y, el abuso comercial de China es solo un ladrillo de una gran construcción muy grande.
Una construcción que se iniciara desde la visita de Nixon en 1972 a lo que fuera el país mas cerrado del mundo. Desde entonces se ha construido una historia muy particular, una ruta en la cual surgiría un gran desbalance. En esa primera visita, las compañías petroleras americanas mostraban gran interés para iniciar exploraciones. Ante el interés chino, de inmediato ellos le sugerían al gobierno establecer un impuesto sobre ingresos corporativo. Algo que los sorprendió. Para un oficial del partido comunista con su esquema del estado dueño de los medios de producción, un impuesto corporativo era una idea bizarra.
Pero, cuando los petroleros explicaban que sus empresas, no era el que quisieran pagar impuestos, sino reducirlos en EU. Y con el impuesto corporativo chino, sus impuestos en EU se reducirían por dos razones. Primero, porque las ganancias de sus empresas producidas fuera de EU no eran gravadas si las mantenían fuera del país. Segundo, los EU permitían a compañías americanas reducir impuestos de sus ganancias por la cantidad que pagaran a gobiernos extranjeros. Un dólar pagado por Exxon a Pekin, era un dólar que no pagarían a WashingtonUn esquema inventado en los 20s por el Tesorero Anrew Mellon, miembro de la famosa familia bancaria, que de forma brillante cambiaba todas las reglas, pero a favor de los petroleros cuando inventaba las regalías en lugar de impuestos. Pero Adam Smith nunca hubiera aprobado ese esquema. El padre del capitalismo ya había advertido el peligro de gobiernos “arreglando” el mercado a favor de los poderosos mercantilistas. Pero ¿para qué competir cuando el gobierno podría acomodar el mercado a tu favor? Y así nacía la piratería moderan en un océano de comercio global manipulado por los gobiernos, el nuevo capitalismo de Roosevelt.
Los comunistas chinos de inmediato lo entendían y aceptaban la propuesta y establecían ese impuesto corporativo. Con eso estarían experimentado un ejemplo que confirmaba la sabia máxima de Lenin afirmando que los capitalistas les venderían la cuerda con la que los estarían ahorcado. El impuesto corporativo pagado en China era muy diferente. En lugar de ser para el soporte general del gobierno, ese dinero seria usado para beneficiar a la empresa que realiza el pago con arreglos especiales. Los impuestos no serían para financiar una nueva carretera, un ramal ferroviario, y otros servicios que se requiriera.
Los comunistas chinos habían aprendido más de Adam Smith que los capitalistas americanos que tanto lo invocaban. Lo que los chinos tomaban de Adam Smith sería un profundo entendimiento de cómo las políticas de los gobiernos tienen el poder de guiar y mal dirigir la invisible mano del mercado, haciéndola muy visible. Y, desde ese punto de vista, comprendieron plenamente la famosa idea de actuar en su propio interés, utilizando todo el gran poder del gobierno. Conocerían la globalización de los salteadores del camino y se harían expertos. Y durante los últimos 50 años esos bandoleros han saqueado a EU.
Y detrás de todo esto aparecían los trilaterales que habían decidido China debía remplazar a EU como la nueva potencia global. Y simplemente aceptar que su globalización dictara nuestro futuro, debíamos aceptar la maldición de pérdida de empleos pues era imparable e incontrolable. Sería la gran traición para llevar el país por ese peligroso sendero que ha costado tantas lágrimas. Y fue algo que Trump desde la década de los 90s lo gritara a los cuatro vientos. Globalización fue esa destrucción que nos decían se le debía dar la bienvenida como procesos orgánicos inevitables y ultimadamente moral para todos los estadounidenses.
Y el resultado de esas políticas destructivas, ha sido que EU ha estado siendo despojado de gran parte su riqueza para enviarla a China y otros países. Un verdadero y aterrador saqueo que llevaría a EU a una deuda impagable, el comercio internacional se convirtió en el peligroso sendero donde operan los peores asaltantes. Llegaría ese momento en el que, de cada dólar generado en la economía de EU, setenta centavos abandonaban el país para continuar aumentando su impagable deuda. Y la hemorragia crecía cuando enemigos de EU como Obama y Soros, con crueldad abrían venas más anchas para que la sangre de sus habitantes fluyera con más fuerza y fallecieran.
Entonces, en medio de tanta oscuridad llegaba Donald Trump, alguien descrito como un solucionador de problemas, presumido, bocón, nacionalista, o tal vez el héroe de muchas cosas. Sin embargo, una forma para entender a Trump y su atracción en los estados rojos era precisamente el no ser presidencial, y pudo haber sido el gran secreto para lograr cambios de posiciones ancestrales en política doméstica e internacional—redescubriendo la clase media “populista” oculta frente a la nariz del partido republicano. Es el primer presidente republicano de la historia que ha penetrado el monopolio de los demócratas de las clases medias.
Trump ha sido némesis retando a los que nadie se atrevía. Con su rudeza, en lugar del estilo McCain y Romney perder noblemente y dar las gracias, el no recularía, haría tal vez una pausa, y después de limpiar sus heridas regresaría a la batalla con más fuerza. No le importó que la batalla fuera tan desigual, no le importó enfrentar las burocracias globales, ni las traiciones de tantos falsos. No le importaron los ataques de conservadores ni de libertarios ruidosos, otros que lo etiquetaron de populista, el, como lo describiera el gran Charles Krauthammer, es un hombre pragmático que produce resultados.
Ahora frente al gran problema, China, buena suerte presidente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario