EL VAQUERO LIBERAL Y POETA
MI ENCUENTRO CON EL BEATO CARLO ACUTIS
Ricardo Valenzuela
Jamás en mi azarosa vida me hubiera imaginado que, a un cierto punto de este camino, me hubiera sentado a escribir una nota como la que escribo en estos momentos, sobre todo, después de un largo periodo de mi retiro de la iglesia por infinidad de razones que me llevaron, inclusive, a considerar que tal vez pudiera ser ateo. Pero, cuando alguien me recomendara acudir y leer los famosos evangelios perdidos y encontrados en 1947. Y al proceder, ya siendo lector de filósofos atrevidos como Nietzsche y Spinoza, hacerlo provocó una rara apertura de mi mente y, sobre todo, la urgencia de buscar algo más que abriera esta enorme y nueva circunferencia ante mí.
Al mismo tiempo que iniciaba mis nuevas reflexiones, empecé a recibir avalanchas de información de un chamaco italiano de solo 15 años, Carlo Acutis, que falleció en el 2006 y fuera beatificado en 2020 después de certificar varios milagros. Después leía cómo su madre, Antonia Salzano, afirmaba que, desde niño, Carlo, gran devoto de la santa eucaristía, afirmaba que era su carretera hacia el cielo y hacía comentarios proféticos sobre su muerte. En particular, decía que moriría sonriendo cuando pesara 70 kilogramos, que fallecería a causa de la rotura de una vena en el cerebro y que siempre permanecería joven. Todo ello se cumplió de acuerdo con lo que había anunciado.
EL CINISMO DE LOS CRIMINALES CASI GANA
Ricardo Valenzuela
En estos momentos en que los hermanos venezolanos se enfrentan a ese horrible apocalipsis, en los que Mexico ya de forma descarada ha caído en manos del narcotráfico, que la ola global del wokkismo avanza destruyendo sociedades. Emerge algo más evidente que la destrucción que se esta llevando a cabo con etiqueta de ese diabólico socialismo, el gran cinismo con el que manejan sus conductas sus actores ante lo que lo que destruyen que, como buenos psicópatas, no solo evaden la culpa, sino que las describen como logros que les provoca gran orgullo.
Un fenómeno especial que se suma a la fingida incapacidad de reconocer responsabilidad en las destrucciones provocadas, sino que, aun ante las evidencias que los condenan, siempre lejanas a los datos, números, estadísticas, inventarios que los pudieran confrontar, con ese gran cinismo sonríen ante sus ataques por el mundo. Y, sobre todo, con la seguridad de no sufrir algún tipo de consecuencia, simplemente los barren debajo de la alfombra ante sociedades inmovilizadas y sieguen avanzando con sus mismos argumentos.
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