EL VAQUERO LIBERAL Y POETA
DIÓGENES, EL CANTINFLAS DE ATENAS
Ricardo Valenzuela
Siempre que se pronuncia la palabra, filosofía, de inmediato acude a nuestra mente las figuras de los grandes pensadores que, con cierta capacidad monopólica, nos los mostraban como los cinceladores de la humanidad en aspectos políticos, retóricos, militares, moral etcétera. Así hemos conocido a Sócrates, su alumno Platón, Aristóteles y muchos de sus seguidores ya en el Partenón de la inmortalidad.
Sin embargo, pocos han conocido a Diógenes de Sinope. El discípulo más destacado de Antístenes, fundador de la escuela cínica. Dado que no existe ningún escrito suyo, ha sido posible reconstruir sus ideas a través de múltiples anécdotas que reflejan más un modo de vida que un discurso filosófico articulado, pero, de gran profundidad. Bautizado por Platón el “Sócrates en la locura,” Diógenes siempre descalzo y vistiendo una capa vivía en un tonel, rechazando los convencionalismos, los honores y riquezas e incluso toda tentativa de conocimiento; para él, la virtud era el bien soberano. Objeto de burla y también respeto de los atenienses, para el estoico Epicteto fue un gran modelo de sabiduría.
DESCARTES Y LA CELESTIAL GLANDULA PINEAL
Ricardo Valenzuela
En el largo y penoso camino que la humanidad tuvo que transitar para abandonar el control de la monolítica iglesia y sus pesadas cadenas, tan potentes como los mandamientos que se le instalaran hace tantos siglos y, sobre todo, la amenaza ante el incumplimiento de sus reglas, se iniciaba un periodo que su etiqueta lo describiría con claridad, renacimiento. Una nueva era donde la gente se atrevería a mirar hacia otros lugares que desde el inicio de la historia, no le fuera permitido, hacia la liberación.
Y en ese entorno surgía René Descartes, un filósofo matemático considerado padre de la geometría analítica y la filosofía moderna, así como uno de los protagonistas con luz propia en el umbral de la revolución científica. Un hombre de cuna noble que, dirigido por su padre, recibiría una educación superior hasta terminar recibiendo el título de abogado. Sin embargo, su inquieta mente constantemente lo dirigía a mantener una serie de dudas sin resolver. En sus inquietudes identificaba la filosofía como un edificio que se había construido con cimientos arenosos donde nada se comprobaba.
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