RICARDO VALENZUELA

“Denme el monopolio de emisión de monedas, y no me importa quien haga las leyes”.
Mayer Rotschild
Aquel año de 1929 permanece todavía como un gran trauma en la conciencia de EU que, como una herencia maldita, se ha estado trasmitiendo a las generaciones que surgirían en los casi cien años que le siguieran. Porque el impacto de la Gran Depresión de 1929 al consciente y subconsciente nacional fue gigantesco y, con el tiempo, las razones serían claras. Lo normal es que las depresiones duren un año o dos, los precios y el crédito se contraen de forma agresiva, se liquidan las posiciones erróneas, el desempleo aumenta de forma transitoria. Y se inicia la recuperación. Todas las recesiones de la historia habían tenido ese comportamiento.
Sin embargo, la Gran Depresión de 1929, además de su duración de once años, violentamente se estamparía en la mente de la sociedad por su continuo desempleo. Mientras que la intensidad de la caída de precios y la contracción monetaria no fuera algo inesperado, la intensidad y la duración de ese desempleo era un calvario para todo mundo. El nivel del desempleo en EU nunca había llegado al 10%, ni siquiera en lo peor de las depresiones pasadas. Sin embargo, cortesía de esta superaba el 20%, y permanecería arriba del 16% hasta el inicio de la segunda guerra mundial. Por eso mi insistencia en conocer la historia, pues, fue la que habría definido la era en que vivimos.


