Ricardo Valenzuela
Hace algunos años, después de haber dedicado casi un 100% de mi esfuerzo al estudio de las diferentes áreas de la economía como inquietud profesional, decidí que era hora de complementar ese capital intelectual que había construido a través del tiempo. Así iniciaba lecturas de filosofía, historia, biografías, física cuántica, etcétera, hasta que, a un punto de mi ruta, sentí tener un vacío en la vida y me surgía el interés por el mundo de la espiritualidad. Y debo decirlo claramente, la formación religiosa que había recibido desde mi niñez, no me había seducido ni complacido
Ese proceso me ha llevado a lo que siento que fue el inicio de un importante cambio de vida, algo que me llevaría a entender su trascendencia y sus pilares filosóficos. Esa novedosa ruta me llevó a conocer a un Jesús de Nazaret, completamente diferente al que me habían mostrado durante gran parte de mi vida, al que, por más que me insistieran, nunca lograrían convencerme hasta que me empujaran a considerar todo un engaño que, aun con fieras amenazas de infiernos, nunca lo puede aceptar.

