Ricardo Valenzuela
En aquellos lejanos años de mi niñez cuando, sin entender, veía a mi abuelo luchando contra un gobierno que simplemente le quería robar lo que era el fruto de su trabajo de toda una vida, con lo que llamaban reforma agraria. Sin duda, eso provocaría mi odio enfermizo de lo que siempre he considerado atropello de parte de gobiernos tiránicos representando fracasados. Algo que mi abuelo lo describía con esa venenosa palabra, socialismo. En mis pláticas con él, siempre me decía que ese mal, cuando yo me hiciera hombre, ya habría terminado porque no era natural.
Sin embargo, han pasado tantos años y esa aberración que conocí durante mi niñez, lejos de haber desaparecido, ha sobrevivido y se ha expandido presentando cuadros que rayan en lo ridículo de las peores locuras que los seres humanos puedan provocar. Sociedades de fracasados, pero siempre muy bien programados, han tenido que soportar gobiernos destructores en manos de la peor especie de tiranos, ignorantes con sueños de redentores en medio de sus autocracias blandiendo su especial socialismo y saqueando a sus países.