EL VAQUERO LIBERAL Y POETA
EL FILOSOFO QUE LE PUSO NUMEROS A SUS IDEAS
Ricardo Valenzuela
Durante muchos años siempre pensé que Pitágoras había sido uno de esos numerólogos de gruesos lentes, encerrados en algún laboratorio sin más atributos que lo pudieran distinguir. Pero, hace pocos años me daría cuenta de mi grave error pues me daba cuenta Pitágoras había sido uno de los personajes más grandes de la historia. Pues, además de matemático, fue un gran filosofo y, sobre todo, el proceso tan personal que él seguiría para educarse, debería ser ejemplo para este mundo de fallidos educandos, de cómo se forman los grandes hombres.
Después de recibir la educación básica supervisada por su padre, que incluía maestros del calibre de Tales de Mileto y Anaximandro, quienes le despertaran su amor por las matemáticas. Y ya con esa inquietud por los números y las fórmulas que sus tutores le mostraban era algo más que una simple medición, en medio de un mundo en caos y explosiones, decidió que su tarea debía ser armonizarlo y equilibrarlo. Y para adquirir las herramientas, iría a Egipto donde residían los sacerdotes con las armas mas poderosas, la sabiduria. Y solo después de pasar duras pruebas sería aceptado en su programa secreto.
TODAVIA TENGO VOLUNTAD DE PODER (SEGUNDA)
Ricardo Valenzuela
En una ocasión me reunía con Roberto Encinas Valenzuela quien, como nieto de mi tía Aurelia, una de las hermanas de mi padre, técnicamente era mi sobrino, pero, al estilo familiar, era algunos años mayor que yo. Y Roberto, habiendo estudiado leyes en el DF, había tenido la fortuna de frecuentar muy seguido al tío Gilberto por lo que llegara a ser, como yo, uno de sus grandes admiradores e, inclusive, tuvo la oportunidad de verlo en acción como ministro de la Suprema Corte de Justicia donde, sus opiniones legales, serian brillantes y legendarias.
Ya frente a Roberto le pregunto. ¿Cuál es el origen de esa virtud indescriptible combinada con moralidad que regía la vida del tío Gilberto? Me sorprende su respuesta cuando me dice. “Pues mira, yo también siempre me he preguntado pensando. Pues, ambos, mi tío Gilberto y mi tío Ricardo, tu padre, han sido hombres portadores de esas virtudes casi apostólicas y, que yo sepa, no iban a misa los domingos, no se confesaban ni comulgaban, pero jamás fueron actores de ningún asunto que hiciera dudar de su integridad y moralidad. Tanto”, me dice, “que yo siempre pensaba debían ser masones o miembros de alguna otra organización que no conocemos.”
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