Ricardo Valenzuela
El estudiar historia en las diferentes eras de la humanidad, es atestiguar la eterna lucha entre la libertad y la fuerza opresora que siempre ha tratado de evitarla. Una lucha entre dos filosofías en la cual hay dos potenciales resultados; el que la gente sea libre para vivir como ellos decidan, siempre respetando los derechos de otros. Y la otra en que cierta gente pueda usar la fuerza para obligar a otros actuar de forma que ellos nunca hubieran elegido. No es sorpresa ver que la filosofía del poder siempre ha sido utilizada para eso, esclavizar a sus poblaciones. Y, en esa lucha, hay un elemento de un valor incalculable, las estructuras mentales de la gente que construyen los paises.
Y teniendo el tema sobre la mesa, veremos que esas fuerzas opresoras, a través de los siglos, han hecho hasta lo imposible para no permitir lo que los verdaderos sabios de la historia han repetido. Desde Lao-tzu, el autor del Tao Te Ching, Confucio y el hombre superior, el gran filosofo Irani Al Hallaj con su celestial frase “yo soy la verdad”, y sus mensajes fueran similares a los de Jesus de Nazaret, pues él también afirmaba que dentro de nosotros estaba ese gran tesoro que nos podría llevar a una infinita grandeza, hasta los pensadores griegos y romanos Sofocles, Cicero, Marco Antonio. El ser humano tiene esos poderes nunca utilizados, que siempre ha provocado pavor de los tiranos.


