Ricardo Valenzuela
Una de las historias más increíbles, tristes y al mismo tiempo significativas de aquel siglo 18, sin duda fue la relación del filosofo del negativismo, Arthur Schopenhauer, con su madre que tuviera facciones casi de una cinta de horror. Y la cinta se habia iniciado cuando Joana, su madre, contrajera matrimonio con un hombre rico mucho mayor que ella que necesitaba un heredero. Una mujer cuyo matrimonio fuera producto de un acuerdo, fría, calculadora, con pretensiones de grandeza. El matrimonio produciría un hijo al que su madre odiara desde su nacimiento.
Y la historia es importante porque claramente muestra la gran influencia que las madres tienen en la formación de los hijos varones que, equivocadamente, pensamos debe ser facultad de los padres y las madres observadoras. Este caso nos debe demostrar cómo la conducta de una madre, especialmente al fallecer el padre, diera rienda suelta a sus odios para, de esa mente de un verdadero genio, cincelara un hombre portador de una tormenta interior que lo acompañara hasta su muerte. Pero, aun en medio de su gran sufrimiento, produjera obras inmortales.
