Ricardo Valenzuela
En medio de la grave confusión que abraza al mundo en estos momentos. Una confusión en la cual ya nada es cierto, pues, todo es relativo, una perdida del cuadrante en el que la gente enfrenta algo similar a la filosofía hermética donde se afirma, como es adentro es afuera, como es oscuro es lleno de luz, como es arriba es abajo, y nadie encuentra respuestas llevando al mundo a una frustración global. Hace unos días sucedió algo que, por primera vez en mucho tiempo, ha proyectado luz para llenar esos negros espacios de nuestra moderna Torre de Babel.
Y esa oportuna luz fue proyectada por el secretario de estado, Marco Rubio, representando a EU en una reunión de líderes europeos, mediante un mensaje para tan especial concurrencia reunida en Múnich, Alemania. Y aunque la reunión fue para manejar solamente temas de seguridad, uno más de los elementos que han acudido a ese entarimado de confusión que hasta la paz pareciere estar amenazada.
Sin embargo, Rubio no proyectaba esa luz solo hacia ese espacio amenazante de la paz, sino que, de forma inesperada, armado de una gran asertividad y puntería, ampliaba ese panorama mostrando los caballos del apocalipsis que ya rondan por todo el mundo lo que, como los soldados romanos al ver las hordas de bárbaros a las puertas de Roma, provocara lo interpretaran como el fin del Imperio. Y, convencidos de su derrota, se declaraban vencidos sin combatir, facilitando esa estrepitosa caída. Era la misma actitud que él veía y conocía bien, reflejada en los rostros de todos los participantes.




