Ricardo Valenzuela
La historia es el “camino de la verdad, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia del por venir”.
El Quijote
Los planes de control moderno y total de las sociedades, no podría estar al nivel que se decidió y ya se ha alcanzado, si no se hubiera complementado con algo que durante siglos ha sido un arma verdaderamente efectiva, la propaganda. Fue lo que impulsara a Constantino para, en el Concilio de Nicea, formar la iglesia para neutralizar las enseñanzas liberadoras de Jesús, sustituyendo sus mensajes con el aparato de propaganda más grande y poderoso de la historia de la humanidad, su cristianismo que, en su momento, requeriría de la Sagrada Inquisición para asesinar la libertad de quienes no aceptaran sus cadenas
Algo que los nazis entendían y la manejaran con maestría, para lo cual, se formaría el Ministerio de Propaganda encabezado por uno de esos nazis que, sin físicamente representar el hombre ideal de Nietzsche, sin duda era de los más brillantes, Joseph Goebbels. El “enano cojo y diabólico” como lo definía Goering. Un hombre con un “enorme complejo de inferioridad” debido a su escasa estatura y a una malformación en el pie que le condenaría a una cojera permanente, miembro de la generación que creció con la amargura de la humillación alemana de Versalles buscando venganza.






