Ricardo Valenzuela
Cuando el mundo nos ofrece un panorama que nos debería provocar ver claramente que estamos a la orilla de un profundo y negro abismo, hay que reaccionar acorde. Una oscuridad que, a quienes hemos recorrido un largo camino y, además, ha sido de una intensidad superior a lo tradicional, nos damos cuenta de que la gravedad es diferente a lo que estamos acostumbrados y algo se debe hacer, no para gritar ya viene el lobo, sino, con todos los elementos presentes que podemos descifrar, asumir actitudes responsables ante un peligro latente.
Porque lo que se ha estado revelando durante los últimos meses, es algo que con toda puntería se debe etiquetar como la celebración de una bacanal de inmoralidad tan reprobable que, aun para mi que presumo de haber visto tanto, nunca había atestiguado algo de esta magnitud. Son tantos los tumores malignos que se han detectado, que voy a tocar solo algunos que pueden ser indicativo de lo que sucede a nivel mundial. El enterarme de que, nada más en los últimos meses, solo en tres países se han identificado robos y fraudes que se contabilizan en trillones de dólares, y es apenas la punta del iceberg que se sospecha es de una magnitud verdaderamente increíble.



