Ricardo Valenzuela
Ante los truenos y centellas que han estado cubriendo al mundo como pocas veces en los rumbos de su historia. La gente en todo el planeta, desgraciadamente, en lugar de acudir a fuente que les puedan apuntar hacia la realidad, ciegamente buscan su nuevo chivo expiatorio y, al atacarlo, al parecer alivian sus confusiones y se sienten “un poco mejor.” Sin embargo, esto me ha provocado algo que me llena de satisfacción. Dos de mis nietas, asistiendo a la universidad en Texas, me han contactado pidiéndome les dé un poco de luz en esta confusión.
Ellas mismas organizaron un grupo que, aprovechando esta increíble emergencia de la tecnología, utilizando uno de esos programas, me han ungido como profesor cuántico emergiendo de la prehistoria, para intentar dar a esta generación un poco de sabiduría que, en gran parte, es esa sabiduría que dan los años. Y comparto resumen de este acercamiento a la realidad, iniciando con un poco de historia buscando las raíces de la gran problemática que parece amenazar al mundo y, que tal vez, sea solo una sacudida requerida y ejecutada por un presidente asertivo y decidido.