LA NUEVA LUCHA DE CLASES

Ricardo Valenzuela

John Locke's constitutional liberty — Adam Smith Institute “No por la benevolencia del panadero, del carnicero o del lechero es que tengo la cena sobre mi mesa; sino por su ambición de lograr una ganancia.”

                               Adam Smith 

Como mexicano oriundo de un estado fronterizo, desde muy temprana edad tuve la oportunidad de visitar nuestro vecino del norte y desde que tengo uso de razón, siempre me ha asaltado la interrogante del porqué la abismal diferencia entre el desarrollo de ambos países. Ha sido tal mi inquietud, que debo de haber producido decenas de escritos sobre el tema e inclusive, a cierto punto de mi exploración, tuve la fortuna de atraer algunos consejos de una de las mentes libres y más brillantes de nuestro tiempo; Milton Friedman. 

A pesar de considerarme experto en el tema, hace unos días llamó mi atención una encuesta dada a conocer por uno de los diarios mas prestigiados del mundo, porque en ella devela gran parte del elusivo misterio. Mientras que en México los ricos han sido los villanos más odiados del país, la encuesta nos señala cómo en los EU la gran mayoría de la población los admira y algún día esperan ingresar a sus filas. El Wall Street Journal nos dice como un gran porcentaje de los americanos espera convertirse en millonarios. El resultado de esta investigación en gran parte explica el porqué la lucha de clases como estrategia política ha fallado en EU, y los demócratas la han abandonado.

 En cambio, en un país como México en el cual se beatifica la pobreza, nuestros lideres religiosos hacen votos para provocarla y practicarla, en donde el sólo pensar en la riqueza nos hace sentir mal y culpables, es prácticamente imposible crear esa  tan urgente y necesaria condición para estructurar sociedades mas prosperas y justas. En un país en el cual durante años en la arena política, intelectual, artística, religiosa hemos producido cantidades de repartidores de riqueza, pero al mismo tiempo se ataca a quienes osan con mucha temeridad crearla, nos encontramos en una trampa de fuerza descomunal.    

Presumimos de los cambios que el país ha sufrido, pero en el fondo nuestras instituciones siguen siendo estatistas, colectivistas y el socialismo sigue campeando en innumerables círculos de nuestra sociedad—en especial en los políticos y universitarios. Ante un cuadro semejante, en México durante años Marx no dejó espacio en el intelecto nacional para Adam Smith. Pero ¿Por qué la filosofía de un hombre fallecido hace mas de cien años, cuyas profecías han probado ser dementes y crueles, y sus seguidores han causado sólo catástrofes para la humanidad, permanece aun como una influencia intelectual importante en el México actual? 

Tal vez porque el marxismo responde a varias necesidades. Tiene un canto de notas especiales que seduce y hace creer a sus seguidores el haber penetrado secretos para otros vedados. Apela a la más grande de las pasiones políticas, el odio, y además lo justifica. Proporciona también la racionalización intelectual de una desacreditada emoción universal; la envidia. Estaciona la culpa en otros haciendo la reflexión innecesaria y el conocimiento de la verdad imposible. Luego persuade a sus creyentes el tener un destino especial, y así finalmente sus pensadores pueden alcanzar el orgasmo intelectual. 

En los EU el concepto de lucha de clases ha sido archivado y opacado por la ambición de una clase media luchando por crear riqueza, pero en algunas sociedades europeas y en toda América Latina, es la inspiración de corridos, películas, novelas, pinturas etc. Mientras en México más del 90% de la población sufre en medio de su agobiante pobreza, se conforman porque saben que por siempre están condenados a ella y se consuelan odiando a los ricos. En los EU en las palabras de Ayn Rand, cualquier barbaján tiene oportunidad de hacer fortuna—lo saben y trabajan para ello creando mas riqueza.   

Pero en México el odio y la lucha de clases es hasta cierto punto entendible si a la desesperanza del pobre, le agregamos la forma en que muchas fortunas se han construido—en esa diabólica sociedad de empresario estatista y el gobierno mercantilista que reparte garantías, avales, permisos, licencias, concesiones monopolicas, manipula la moneda, cierra fronteras para proteger sus rebaños y de esa forma escoge ganadores y perdedores. La sociedad cerrada de la que nos hablaba Paul Craig Roberts existía en tiempos de la colonia, sigue vigente. 

En EU con gran ritmo se ha ido perneando el concepto de capitalismo democrático y en estos momentos, más del 50% de la población del país mantiene inversiones en la bolsa de valores independientemente de que los trabajadores a través de sus fondos de pensiones controlan más del 60% de las empresas cotizadas en bolsa. Los trabajadores en los EU y en Chile con su sistema de fondos de pensiones privados, han adquirido el concepto de lo que es la formación de un patrimonio en un mercado libre y de riesgo, pero saben que manejado con responsabilidad les puede redituar inmensamente. 

Esta contradictoria visión se me presentó con nítida claridad hace algunos meses en una reunión entre un par de jóvenes ejecutivos americanos, y un grupo de los clásicos dinosaurios priistas que han hecho fortuna bajo la cobija del sistema. El motivo era el negociar una sociedad entre los dos bandos. Al estar discutiendo los términos, repentinamente uno de los potenciales socios mexicanos interrumpe con una propuesta: “SI vamos a ser socios, hay que ir conociéndonos mejor, afirma. Que les parece si exponemos nuestras filosofías empresariales”. Los americanos descontrolados aceptan. 

Acto seguido el hombre arremete con una larga perorata en la cual expone la clásica demagogia del empresario rentista. Su responsabilidad social, la creación de empleos, sus aportaciones para un mundo mejor etc. Uno de los jóvenes estadounidenses luego de escucharlo le revira: “Nuestra filosofía es muy simple y corta. Nosotros sólo queremos ser obscenamente ricos,” ante lo cual yo irrumpo en una sonora carcajada. Con ello telegrafiaba se proponían ser los mejores en su actividad, para ofrecer los mejores productos y a los mejores precios en un ambiente de gran competencia—algo que su auditorio no conoce ni en los diccionarios. 

La lucha moderna de clases en los EU es la de aquellos que están en lo más bajo de la pirámide social, pero para llegar a la cúspide a base de competencia y trabajo. En EU todos quieren ser millonarios y están dispuestos a pagar el precio para lograrlo, pero sin que alguien les diga lo pecaminoso que eso es por lo que nunca un rico podrá entrar al reino de los cielos. 

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