Ricardo Valenzuela
Durante los últimos meses a mi banquete, filosófico, ideológico, espiritual, recientemente agregándole un sabor especial con un tinte de tecnología al recurrir a las ideas de ese genio malogrado, Jacobo Grinberg. Me ha mostrado esa genial mezcla y coordinación del poder infinito de la mente humana liberada, todo asistido con una aportación especial de física cuántica y hasta el desconocido poder de chamanes, me ha llevado a un campo verdaderamente excitante que cada día me devela nuevas capas. Y, en estos momentos, no tengo duda, fue un paquete que utilizara Jesús de Nazaret con su labor luego deformada por la burocracia.
Algunas nociones de lo que estaba conociendo, las había adquirido en otra mezcla, ya de mi autoría única, que había llevado a cabo con potentes especies cosechadas en las ideas de otros genios como Spinoza, Nietzsche y, por supuesto, Einstein que, al correr de los meses, aparecía ante mí un panorama con potencia similar a la física cuántica. Un panorama al inicio desconcertante, pero, poco a poco, se acomodaban las piezas de un rompecabezas de potencial infinito. Porque, considerando el principio fundamental de la física cuántica que me decía, una conciencia elevada puede crear realidades increíbles. Me invadían algunas inquietudes preocupantes.
Con el surgimiento moderno de la tecnología, como siempre ha sucedido, de inmediato aparecía esa fuerza de los arcontes para utilizar ese poder de la física cuántica y, finalmente, lograr el viejo sueño de una humanidad totalmente controlada a disposición de lo que ellos ordenaran. Así surgían los debutantes nuevos bárbaros del Silicon Valley, no satisfechos con haber construido fortunas trillonarias en lapsos de tiempo que nunca se había atestiguado. Algo que a los clásicos Rober Barons les tomara siglos, a ellos les tomaría años, y surgía también en ellos el diabólico espíritu de control de la humanidad para, con el poder de su tecnología, controlar “todos los resultados.”
Y las prisiones originales inspiradas en las ideas de Hitler, bien definidas en su libro donde debutara el concepto, Mi Nuevo Mundo, lo redefinían con su Nuevo Orden Mundial. Pues ellos habían sido los debutantes en ese diabólico taller para darle vida al FED, los esclavizantes acuerdos de Bretton Woods, (FMI, Banco Mundial, OMC, un nuevo sistema monetario) coronado con la Unión Europea, su primer ensayo político, y lo complementarían con sus organizaciones globales, ONU, OTAN, OEA y, sobre todo, con sus Acuerdos de Libre Comercio, que nada tenían de libre ni de comercio, y todo de control total. Los dueños establecerían una nueva asociación con su tecnología.
De repente, nos dábamos cuenta de que emergían los nuevos poderes de Google, Facebook, Amazon, no para eliminar competencia, como era lo tradicional, sino para establecer su moderna programación con el poder para decidir elecciones sin tener que comprar estructuras gubernamentales. Y fue cuando llegaba a mi mente las palabras de Lord Acton: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.” Y, en ese proceso, se asumía la falta de moralidad ya clavada en los gobiernos de los países desarrollados, con el Estado de derecho estaba desapareciendo, premiando a los criminales y castigando a los justos.
Y, cuando un país pierde su moralidad corrompiendo su Estado de derecho, entra a aquel proceso que sentenciara Tocqueville cuando afirmara: “América es rica y poderosa, porque está habitada por hombres morales, pero, si algún día pierde esa moralidad, de inmediato perderá su riqueza, su poder y su libertad.” EU, se ha convertido en la caricatura de lo que fue. Un país donde su gobierno ha estado en manos de criminales, donde merece mención especial un congreso donde todo está de venta. Un pais que ha permitido la invasión de ilegales que lo odian y, solo el último año de Biden, llegaran a 15 millones
Un país con un presupuesto en el cual más del 50% lo consume una masa dependiente sin producir, en el cual el pago de intereses y el área militar consume el 30%. Un país en el cual uno de sus partidos se puede calificar como marxista y también odian al país. Todo esto ha provocado una deuda de casi $40 trillones de dólares que constituye el 130% de su PIB. Un país en el que su nuevo secretario de guerra encontró cientos de generales trans en sus filas. Un país que acaba de elegir a un marxista extranjero como alcalde de Nueva York, centro mundial de finanzas.
Pero, en medio de esta arrebatinga, surgía mi vocación de economista, y decidida hacer algo temerario. Era hora de involucrar la física cuántica en la economía aplicada a su principal elemento, el ser humano, evitando los piales de lo establecido que lo han mantenido maneado una eternidad. Jesús había dejado claro que, contrario a lo que la iglesia afirmaba, no era enemigo de la riqueza que definía como resultado de una tarea celestial. Mises había establecido el esquema con su Acción Humana, la criptonita para los gobiernos que la destruyeron.
Mises la definía como una conducta consciente, una voluntad transformada en acción, que pretende alcanzar objetivos muy específicos. Una reacción consciente del ego ante los estímulos y circunstancias del ambiente; una reflexionada ubicación a la disposición del universo que influye en la vida del sujeto. Definición que contrasta con la conducta inconsciente, esos reflejos o acciones involuntarias de nuestras células ante realidades externas. De inmediato yo pensaba que, si la economía se acompañaba con la física cuántica, tendríamos una situación ganadora.
Sobre todo, cuando encontré otra bella cita de Mises; “El mercado no puede evitar que lleguen a él hombres de corazón corrupto, pero, si el mercado es verdaderamente libre, él mismo se encargará de expulsarlos.” Porque tocaba los dos puntos neurálgicos que siempre deben existir, moralidad y libertad. Estaba muy consciente de que el edificio económico de la humanidad estaba destruido y el repararlo podría ser imposible. Y los destructores de ese edificio, son los que lo mantienen así, en ruinas.
Para someterlos sus conductas acuden a que el hombre fue bestia cuyos instintos lo impulsan a la destrucción total. La civilización, al crear una humanitaria flexibilidad innatural, lo apartó de sus antecedentes animales. Para controlarlo creo un ser decadente que se avergüenza de sus ineptitudes y pretende su degradación, se califique como humanismo. Para promover, continúe su degradación, fue liberado de los perniciosos efectos de esa civilización. Una hábil farsa inventada por seres inferiores. Son tan débiles e incapaces de vencer a los fuertes, cobardes para no defender sus vidas. Por eso invirtieron los criterios de valor, arbitraron unos preceptos morales y ahora virtud es su propia inferioridad, y la superioridad de los héroes es vicio que castigar.
Y continúan destruyendo el mundo.
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