CAMPO ELECTROMAGNETICO DE JESUS (CUARTA)

Ricardo Valenzuela

Teoría cuántica: La radiación de cuerpo negro y su misterio
 

Ayer, 23 de diciembre, fue mi cumpleaños y me sucedió algo realmente raro, durante todo el día estuve invadido de una serie de pensamientos casi incontrolables que me provocaran una rara inquietud desconocida. Pero hoy, 24 de diciembre, he amanecido sintiendo un mensaje claro sin remitente, indicándome que, antes de proseguir con la idea de iniciar mi proyecto de la física cuántica en la economía aplicada a su principal actor, el ser humano, debía profundizar en la estrategia usada por Jesús de Nazaret para trasmitir su sabiduría a ese ser humano confundido y, sobre todo, gobiernos tratando de mantenerlo así. Pero, sin abandonar la idea del ser humano liberado como principal elemento de la ecuación y tal vez surja algo de luz. 

Era claro que la aventura en que se embarcara Jesús enfrentaría una serie de graves problemas, siendo el principal la rabia del imperio. Otro de ellos sería el poco tiempo que dispondría para ello, pues, después de su ausencia de 18 años, de nuevo aparecía ya a la edad de 30, para enfrentar su muerte a los 33, por lo que debía manejar la ejecución de su propósito en esos tres años que solo tendría para lograr su objetivo. Para ello, formaba un grupo con sus discípulos que más rápido habían avanzado en su desarrollo general que llamaría, los elegidos. 

 Con ellos aplicaría un programa similar a los cursos intensivos que conocemos. Con el nivel alcanzado, solamente ellos podrían entender sus mensajes encriptados que para tanta gente común fueran jeroglíficos. Y esos mensajes no eran los que aparecen en la biblia que siempre nos han asegurado, era la palabra de Dios. Puesto que la realidad era que lo que contenía esa biblia, eran los que había dictado el emperador Constantino en el Concilio de Nicea, más de 300 años después de su crucifixión y muerte. Los verdaderos, debido a la persecución que sufrirían quienes no aceptaran esas órdenes del emperador, habían permanecido perdidos durante 1,600 años, y solo se encontraran en una caverna a orillas del mar muerto en 1945 y, ante la feroz oposición de la iglesia, hace solo unos pocos años que se dieran a conocer. 

Lo primero que emanaba de ellos, fue que los evangelios de la biblia habían sido escritos por “apóstoles” siglos después de su muerte y que jamás habían conocido a Jesús, Y, el principal autor, era un romano no judío, ex gladiador y comerciante que identificara su plan como una gran oportunidad de su vida. 

Los evangelios encontrados nos debelaban un Jesús muy diferente al del escribano de la biblia. Nos presentaban un Jesús que, claramente, no era la encarnación de Dios para castigar pecadores. Jesús había sido un ser humano con unos poderes jamás atestiguados, que, por razones misteriosas, iniciaría esa inspiradora jornada, no para establecer un convento, ni un culto, tampoco una iglesia con una serie de mandatos. Lo que Jesús, en realidad, quería hacer, era despertarnos ante la verdadera realidad que se nos había fabricado y era falsa. Él no era un místico espiritual en una jornada celestial para rescatar almas. 

Él era un líder poseedor de una gran sabiduría y técnicas cuánticas para liberar el potencial de la gente, que jamás le había permitido usarlo. Ese poder que identificaba como el reino de Dios en nuestro interior. Un poder increíble que él mostraba afirmando que, los que lo imitaran, podrían lograr lo mismo y sería el inicio de una nueva ruta “individual” que partía señalando la potencia cuántica del cerebro humano, que ahora sabemos es propietario de 100 billones de células nunca utilizadas, un corazón, que ahora sabemos, al coordinarse con el cerebro y la glándula pineal, producen la famosa energía y vibraciones milagrosas de la que hablaba Tesla. 

Jesús había sido un científico espiritual que, en esos 18 que sabemos viviría entre Egipto, la India y el Tíbet, con las enseñanzas de los sacerdotes egipcios, los Brahmanes de la India, y los monjes del Tíbet, había llegado a conocer ese gran secreto de la humanidad, una conciencia cuántica que no residía en el cerebro. El cerebro era el recipiente de esa fuerza celestial a la que todos los seres humanos tenemos acceso. Y, ya con esas herramientas, darnos cuenta de la verdadera realidad y, como la física cuántica, con el poder para moldear las verdaderas realidades e, inclusive, con el poder de transformar la materia, sus milagros. 

Pero, la gran tragedia ha sido que nunca habíamos sabido y todos esos poderes han permanecido archivados durante siglos.  Jesús pretendía enseñarnos la sabiduría para usarlos y ya no seguir aceptando esa esclavitud mental, espiritual, invisible, en la que hasta la fecha seguimos viviendo. Él quería convertirnos en ese tipo de místicos en control de todos esos infinitos poderes que, hasta el día de hoy, permanecen archivados y tenemos solo cerebros desbocados como manadas desbocadas de mulas broncas. Y, muy consciente que los resultados que se podrían lograr eran increíbles, debía manejar sus mensajes con cuidado y no lo acusaran de brujería ante sociedades ignorantes. 

Jesús era un ser humano espiritual y claramente aceptaba, había esa fuerza superior que coordinaba toda la operación del universo, la había identificado con los sabios egipcios y los monjes tibetanos budistas, porque se conjugaba con ellos. Su identificación de Dios era una tarea difícil y el tiempo era corto, por eso usaba las parábolas con mensajes subliminales, pero él no se adjudicaba esa figura. Siglos después Spinoza la identificaría, lo que también le valiera su muerte. Al club de Spinoza se sumarian mentes como Einstein, Descartes, Locke.  Y, algo increíble, hasta el desbocado, Nietzsche, confesaría su admiración de Jesús. 

La crucifixión de Jesús detendría su proceso. Pero, aun sin haberlo concluido, había sembrado la semilla que contenía algo celestial. Nos había mostrado que el ser humano tiene ese gran potencial, retando lo que nos habían incrustado y creíamos, éramos inútiles e inferiores, y eso era el gran peligro para los “poderosos”, porque Jesús también nos habría enseñado lo que era el verdadero poder que también retaba. Es un hecho que la constitución de EU fue inspirada por John Locke, socio de Spinoza, e inspirara a Einstein cuando afirmara; “yo creo en el Dios de Spinoza, ese Dios que han monopolizado las iglesias, pero Dios es todo.” Ese es el Dios que debemos de buscar y encontrar en esa bella individualidad como la de Jesús. 

Y en este día ya casi Navidad, Jacob Grinberg me ha dado la ruta.            

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  Ricardo Valenzuela  Primera Parte   "Hace muchos años, decepcionado por una serie de acontecimientos que habían provocado una d...