Ricardo Valenzuela
En estos momentos la conciencia global ha estacionado su atención en lo que está aconteciendo en Venezuela y, con la impresión de un criminal como Maduro, prisionero en EU, se ha estado ignorando otro evento de magnitud superior como lo que ha estado sucediendo en Irán. Algo que ha tomado la fisonomía de una revolución como las que derrocaron a Mussolini en Italia, la que derrocara a Ceausescu en Rumania, o la misma en Irán, con la que derrocaran al último saha de su país en 1979.
Pero, esta nueva rebelión porta una fortaleza especial contra la tiranía de sus Ayatolas y sus 45 años de esclavitud, porque la presente no está formada por una de esas muchedumbres sin cara, pues ya se le han sumado esos que siempre tienen la última palabra, los que tienen las armas, las policías y el ejército, que es lo que no ha sucedido en Venezuela donde, como México y la mayoría de los países latinoamericanos, sus fuerzas militares están tan corrompidas como sus estructuras políticas.
Pero, lo que sucede en Irán, tiene importancia especial, pues hace 45 años, derrocaron una dinastía milenaria para instalar lo que llamaran República Islámica bajo el Ayatola Khomenini, con una mano de hierro con el objetivo de frenar y destruir la fisonomía occidental que le habían construido. Sin embargo, ahora el movimiento es para el regreso de la vieja monarquía en manos del hijo del último Saha Reza Pahlavi, portador del mismo nombre y sería Reza Pahlaví II, quien, desde su exilio, ha vivido en EU y es hombre cercano a Trump.Si este movimiento llega a tener un final feliz, como así parece, sería una gran pluma en el sombrero de Trump que reforzaría su autoridad para seguir adelante, y finalmente dejar concluido el rescate de Venezuela, arrancando esa mala hierba desde la raíz. Y, con esa nueva autoridad, proceder con la eliminación del cáncer más antiguo y destructor de nuestro continente, el de Cuba que ha esclavizado a su gente durante casi medio siglo, sobreviviendo como garrapata chupando la sangre de países en manos de imbéciles como Chávez, Maduro, El Peje, con su aprendiz de malinche debutante, Sheinbaum.
Y deberá luego aplicar la misma receta en Colombia, Nicaragua y, sobre todo, una muy especial para Mexico que, desde el debut del Peje, la eterna mediocridad de nuestro afligido país, se ha convertido en el horrible presente de un gran potaje de bruja mezclando los mismos ingredientes del caldo venezolano, robo de petróleo, sociedad con el narcotráfico, tráfico humano y, con todos los debutantes gobernadores, como soldados siguiendo las instrucciones para que el saqueo sea coordinado y general. Esto ya ha provocado una fisonomía tétrica de un México en agonía.
Una situación que me hace recordar a mi padre. Al inicio de la década de los 30, mi padre llegaba a la frontera de Agua Prieta en su largo viaje desde Londres, después de haber vivido en Europa durante 15 años. Al penetrar México en esa frontera solitaria, el jefe de la aduana llama al agente que revisaba los documentos de mi padre y le pregunta ¿Quién es ese muchacho tan catrín? El agente con una sonrisa burlona le responde, es hermano de los Valenzuela, traidores. Se refería a la revolución Escobarista que, ante la tiranía de Calles, había explotado y lanzaba la candidatura a la presidencia de Gilberto Valenzuela y fallaba.
Mi padre penetraba el país que había dejado a los 12 años, con la tutoría de su hermano Gilberto, 20 años mayor, viajando hacia la ciudad de México, donde su hermano sería secretario de gobernación en la administración del Gral Obregón. Después lo llevaría a Europa, pues, su hermano ocuparía la embajada de Bélgica en Bruselas. Habían pasado muchos años desde su partida, de los cuales los últimos fueran en Londres, la nueva embajada de su hermano, y él asistiría al London School of Economics, después de graduarse como abogado en Universidad de Bruselas.
Penetraba su país después que durante tantos años soñara regresar y encontrarlo diferente al que había dejado, soñaba un país ideal para un hombre joven de su preparación—su estancia en el LSE le había transformado su configuración ideológica con ideas como las de Hayek, quien fuera su profesor. Pero, al avanzar, veía caras tristes. La revolución iniciada en 1910, en la cara de la gente, se dibujaba su fracaso. Una revolución ordenada por esas fuerzas que habían tomado el timón del destino de la humanidad. Esas fuerzas que dictaran sentencia del Mexico mediocre.
Así, ese joven que regresara armado con la mejor educación disponible en el mundo, con las ideas lógicas emanadas de la razón de los grandes pensadores de la Escocia, de Adam Smith, de la Francia de Turgot, comprobadas con sus irrefutables resultados exitosos en Europa. Pero no eran para el país que ahora encontraba, tan lejano del que había soñado desde el día que dejara su pueblo en la sierra de Sonora, con tristeza veía su sueño había muerto. Y la decepción de mi padre sería de una magnitud, que jamás habría algo que aceptara como una verdadera señal del país haber tomado la ruta adecuada. Pero, seguido repetía, “llegará el verdadero día del juicio.”
Como era natural, admiraba a su hermano Gilberto por muchas cosas, pero, sobre todo, como él lo describía, un hombre sabio que fuera gran abogado, de una integridad y moralidad que por nada y para nadie la abandonaba. Luego lo citaba: “El hombre no está obligado a triunfar siempre, pero sí está obligado a ser leal, ante todo y, sobre todo, con sus convicciones y su conciencia.” Y cuando reviso cartas entre ambos, más entiendo la seguridad con la que mi padre afirmaba, era algo imposible que México eligiera el buen camino. Luego, cómo explicaba haberse retirado de la política muy joven, describiendo las dos ramas para las que se había preparado, política y el Estado de derecho, en México eran gusaneras pestilentes que todo contagian.
Pero, solo al asomarme al México presente, donde el narco ha penetrado todo, entiendo a mi padre. El México del Peje y todas sus tribus de inmoralidad descarada, me hacen recordar las predicciones que me hiciera Miguel Félix Gallardo, afirmando que el gobierno se convertiría en el cartel narcotraficante más descarado del mundo. Y cerraba, y todo el que surja con verdadera vocación para detenerlo, sea en México o en EU, de inmediato será blanco de los verdaderos patrones.
Y más crece mi admiración por Trump.
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