Ricardo Valenzuela
Cuando la idea de JQ Adams, autor intelectual de la doctrina Monroe, se emparejaba con el famoso destino manifiesto del nuevo país, EUA, en la mente de los líderes en toda América Latina, explotaba la paranoia del poder europeo que ellos tanto temían y despreciaban. Y siendo todos criollos (nacidos en sus países, pero 100% sangre española) después de la vigencia de su vida colonial de más 300 años, habían aprendido a odiar y temer a España, pues, ante sus ojos, España los había saqueado. Y, para ellos, EUA era la representación de la Europa protestante.
Sin embargo, Simón Bolívar tenía una idea aparentemente contradictoria. Así, en 1826 lanzaba una gran convocatoria a todos los países de América Latina para desarrollarse en Panamá. Invitaba a Inglaterra para que enviara una delegación, pero ignoraba a EUA. Un ambicioso intento de crear una confederación de repúblicas hispanoamericanas para la defensa mutua, establecer una ciudadanía común y fomentar la cooperación, pero fracasó debido a rivalidades y desconfianzas internas, aunque sentó las bases del panamericanismo mercantilista destructor.
Y con el panorama de apertura daba la primera pista. El Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, uno de los portentos diplomáticos de su época y principal heredero de los proyectos confederativos del duque de Sully, el abate de Saint-Pierre y Juan Jacobo Rousseau, se originaba la obra intelectual, estratégica de Simón Bolívar y su Gran Colombia. El Abbé de Saint-Pierre había debutado con sus ideas. Combatió el sistema que implicaba la pérdida de territorios por parte de la Casa de Francia –o como acabó sucediendo, el reparto de la Monarquía hispánica que se hallaba en manos de Felipe V– y diseñó el esquema que le daría vida a la Unión Europea.
Su socio en esta cruzada, Rousseau, fue un influyente filósofo, escritor y músico suizo-francés de la Ilustración, conocido por sus ideas sobre un concepto especial de libertad, la igualdad y la bondad natural del hombre, “corrompido por la sociedad y la propiedad privada,” en sociedad con Adam Weishauput, creador del Illuminati, sentaban las bases para la Revolución Francesa y, al entregar la batuta a Robespierre, se convertiría un ataque perpetrado por una muchedumbre de salvajes.
Con la invitación de JQ Adamas de parte de México y Colombia, Adams regresaba a EUA horrorizado de lo que él, con esa mente genial, detectaba como un trágico futuro de AL. Eso le daría más fuerza a su idea de confederación continental, al estilo de la Comunidad Inglesa, pero sin el mercantilismo y burocratismo con el que había transitado el Reino Unido. Un acuerdo donde el objetivo principal sería mantener la libertad y la soberanía de sus miembros, comunicación estrecha para plantear ideas de libertad económica que, a futuro, el proyecto se convirtiera en una zona libre como la de las excolonias americanas.
Pero, a su regreso de Panamá, surgía con potencia un objetivo especial. De alguna forma liberar a los habitantes de las excolonias españolas de la mentalidad de vasallos adquiridas en los más de 300 años de vida colonial. Una región donde el único concepto de emprendedor era la figura de hijos de nobles españoles y criollos, beneficiados con subvenciones especiales, concesiones monopólicas de la Corona de España, para proyectos específicos que normalmente eran miles de hectáreas para explotación agropecuaria. Sociedades deformadas por los gobiernos.
Una economía bajo un sistema jerárquico que incluía el Consejo de Indias y poderosos virreyes, el mercantilismo para monopolizar el comercio y extraer riquezas (oro, plata, cobre), encomiendas para repartir tierras, indios bajo servidumbre y facilidades; estableciendo autoridades locales como los cabildos y usando la Iglesia y el ejército para controlar vastos territorios, todo bajo un estricto control de la Corona para asegurar la lealtad y la extracción de recursos, a pesar de la autonomía local y el contrabando. La diferencia con la de EUA, preocupaba a JQ Adams.
Él visualizaba una América Latina parte del futuro continental, que debería opacar a Europa, pero, no basada en el poder de los gobiernos ni de privilegios, sino basada en trabajo de un ejército de pequeños propietarios libres, como los de EU, que ya estaban impulsando su país hacia la grandeza. Esa grandeza que, en menos de cien años, lo convirtiera en la nación más rica, prospera, poderosa y, sobre todo, la más justa de la historia del mundo. Ese lugar que a Inglaterra le había tomado 500 años para lograrlo. Un país que hubiera nacido el mismo año en que Adam Smith publicaba su magna obra; La Riqueza de las Naciones, coincidencia divina. El gran milagro del siglo 19.
JQ Adams abandonaba la presidencia, cuando EUA continuaba su ruta hacia la grandeza, mientras que las liberadas naciones de AL, que nunca habían avanzado en sus ideas, explotaban en sus interminables luchas por independencia y por ese nuevo poder que surgía. Esas sociedades que le preocupaban para su sueño continental, ahora se enfrentaban en guerras que destruían la riqueza construida en sus vidas coloniales telegrafiando futuros inciertos. Y el gran Simón Bolívar, con gran tristeza y puntería, señalaba el fracaso de su propio sueño continental cuando ya en su lecho de muerte afirmara:
“Comandé toda esta región por veinte años y llegado a estas conclusiones. La gente de América Latina es ingobernable, y en estos momentos siento, estuve arando en el mar y sembrando vientos. El mejor mensaje que puedo dar a mis compatriotas es que emigren hacia el norte, porque esta región sin remedio está condenada a caer en manos de masas salvajes, después de todo tipo de obscuros tiranos de todas clases y colores. Si alguna parte del mundo seguramente volverá al caos primigenio, ese sería el último avatar de América Latina.”
Es el sueño que ahora Trump quiere revivir. Pero ahora con desventajas más grandes cuando, gran parte de la humanidad, en lugar de haber elevado su conciencia al nivel de la grandeza espiritual, ética, moral, cortesía de los arcontes que las han invadido, han caído a los niveles más profundos, no de inconsciencia, sería un halago, sino a los niveles de una maldad con deseos diabólicos en acción destructora. Simón Bolívar donde quiera que se encuentre, como Hayek debe estar murmurando, se los dije.
Simón Bolivar fue un gra estratega y estadista
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