Ricardo Valenzuela
“La guerra educa los sentidos, llama la voluntad a la acción, perfecciona la constitución física y mental, enfrenta a los hombres en momentos críticos de forma tan explosiva y directa en donde el hombre mida al hombre.”
RW Emerson
En el tercer día del arresto de Maduro, comienzan a emerger una serie de situaciones que, para el 99% de las poblaciones de todo el mundo, sus cerebros programados les hacen llegar más elementos para su confusión. Sin embargo, creo que estamos ante la oportunidad de una experiencia muy diferente. La ausencia del caos y la sangre que la escritora española citaba para fundar su descripción de algo controlado por las elites ya está apareciendo, y debemos excavar más profundo para entender bien hacia donde se dirige este movimiento tan difícil de entender.
Ante la explosión de lo que parece un caos en Venezuela surge una interesante información. Mientras los herederos de Chaves y Maduro se enfrentan en medio de su pavor de perder sus medios de saqueos, Marco Rubio, a través del Departamento de Estado y a cargo de gran parte de la seguridad nacional, ya tiene control de puntos claves de la estructura militar rebelde de Venezuela. Si este plan se desarrolla con éxito, sería una jugada maestra para solucionar el problema evitando lo que Trump no quiere hacer, la invasión del país. Una jugada típica de la mente estratégica de Trump que pocos entienden.
Trump está jugando una carambola con infinidad de bandas donde hay muchos participantes. Primero está dividiendo a los chavistas pendientes que se disputan un poder que ya no existe, siguen los gritos desesperados de Cuba, las insalubres protestas del club marxista de América Latina, etcétera. Trump, al parecer, aprendiendo bien de la experiencia en Irak cuando, Bush II no aceptaría involucrar la estructura militar de Saddam decidiendo perseguir a sus líderes, fue lo que provocaría la catástrofe general de la región donde todavía persiste ese infierno sin fin. Ellos conocían donde estaban los secretos.
Y en medio de lo que se ha iniciado en Venezuela, a Trump no le preocupa ni lo detiene los alaridos de quienes defienden el estado que ha prevalecido en toda la región en su interminable caída a la profundidad del pozo de sus fracasos, ya apuntando a un nuevo nivel de la destrucción estilo Venezuela. Esos descerebrados que identifican sus acciones con insaciable sed de petróleo y su opinión cambiar de saqueadores, han perdido de vista la profundidad del bosque. A toda América Latina se le debe leer con estadísticas, con números reales, no con los gritos de ese patriotismo tercermundista, para mantener sus infiernos, herencia de Raúl Prebisch con su diabólica CEPAL, las recetas del FMI y Soros.
En su nota, Cristina Martin afirma, no se trata de izquierda ni de derecha, sino simplemente esa sed de poder, y es algo en lo que tiene algo de razón, sin embargo, esas medidas geométricas ya no existen. Porque ese poder ya ha sido conquistado y acumulado por esas diabólicas fuerzas que, a través de la vieja geometría, el marxismo, socialismo, terceras vías, han sido las mejores fórmulas de esa sumisión con las que han logrado avanzar en su conquista global a niveles increíbles, y sin competencia. Por eso crearon la URSS, la UE, sus esclavizantes acuerdos del libre comercio, todo lo que está contenido en su Agenda 2030.
Con la muerte de Kennedy y el criminal Johnson en la presidencia, el plan de la nazificación del mundo tendría vía libre. De inmediato se iniciaba lo que Eisenhower nos habría advertido. El crecimiento de un poder ilimitado del área militar y su inmensa maquinaria. No designada para ganar batallas. Si no para succionar dólares de la Tesorería, centralizar el poder en el gobierno y sus apoyos corporativos. Y en el nuevo triángulo de poder, The London Corporation, el Vaticano, los EUA debía ser el guerrero para su conquista mundial, disponiendo de un presupuesto de un trillón de dólares anuales solo para ellos. Este mundo debería siempre estar en guerra.
Pero, el odiado y nunca comprendido Trump, aparecía para nublar su asoleado panorama ya tan adelantado y, por más que han tratado, no han podido darle una solución adecuada. Y en este nuevo campo, tiene razón Cristina Martin, no es izquierda ni derecha, es otro estorbo peligroso como lo fueron Andrew Jackson, Lincoln, los dos hermanos Kennedy, el Gral. Patton, Martin Luther King, e, inclusive, el reformado Gaddafi, y en escala menor Charlie Kirk y otros escasos atrevidos que han sido desactivados.
Porque Trump no llenaban la pureza mística de los libertarios, tampoco los sueños mariguanos de los verdaderos socialistas, mucho menos la ambición diabólica de los oligarcas sin patria y cuya religión es el dinero. Nunca se lanzaría a precipicios envuelto en alguna bandera. Todos ellos habían sido hombres enterados de la realidad, con gran sentido común, con un ideal superior, no negociable, y la moralidad de sus propósitos con los que habían actuado.
Hombres que no han pretendido construir nada nuevo, han querido recuperar lo perdido. Hombres que han tratado de encender lo que se había apagado y nada del panorama ante ellos apuntaba hacia ese ideal. Hombres que sabían las soluciones no estaban en largos mensajes, ni en las citas de Adam Smith o de Marx, sino en las acciones, en esas incursiones al campo de batalla, con la sonrisa de los héroes y esa seguridad de los conquistadores. Hombres que no buscaban medallas, trofeos o diplomas de concursos y, por eso, fueron incomprendidos por tantos contagiados por el veneno de sus verdugos, pero temidos por esos pocos que conocían el potencial de sus resoluciones.
En alguna ocasión en Nueva York visitaba las oficinas de un exitoso emprendedor libre, y algo me sorprendía al ver en todas partes un letrero con una sola palabra; “Dare,” en español, Atrévete. Porque esos hombres confían más en el potencial de los individuos que se atreven a navegar hacia la lejanía de los océanos, perdiendo de vista las playas, que, en esas burocracias públicas o privadas, montados sobre las olas de la mediocridad, y caminan siempre cargando una silenciosa desesperación.
Y, como escribiera Paine; “Hay tiempos que ponen a prueba el alma de los hombres. Y los soldados de verano y patriotas de días soleados se acobardan para combatir. La tiranía es un infierno difícil de conquistar, pero sabemos que, mientras más sangriento es el conflicto, más glorioso será el triunfo. Pues lo que logramos sin luchar, nunca lo valoramos. Es la escasez lo que da valor a todas las cosas. Y la libertad es un celestial bien que se le debe asignar el valor más alto de nuestras vidas.”
Es lo que se juega en Venezuela y toda América Latina.
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