Ricardo Valenzuela
En aquellos lejanos años de mi niñez cuando, sin entender, veía a mi abuelo luchando contra un gobierno que simplemente le quería robar lo que era el fruto de su trabajo de toda una vida, con lo que llamaban reforma agraria. Sin duda, eso provocaría mi odio enfermizo de lo que siempre he considerado atropello de parte de gobiernos tiránicos representando fracasados. Algo que mi abuelo lo describía con esa venenosa palabra, socialismo. En mis pláticas con él, siempre me decía que ese mal, cuando yo me hiciera hombre, ya habría terminado porque no era natural.
Sin embargo, han pasado tantos años y esa aberración que conocí durante mi niñez, lejos de haber desaparecido, ha sobrevivido y se ha expandido presentando cuadros que rayan en lo ridículo de las peores locuras que los seres humanos puedan provocar. Sociedades de fracasados, pero siempre muy bien programados, han tenido que soportar gobiernos destructores en manos de la peor especie de tiranos, ignorantes con sueños de redentores en medio de sus autocracias blandiendo su especial socialismo y saqueando a sus países.
La promesa de mi abuelo no solo permanece incumplida, sino que esos antinaturales esquemas se han incrementado y generalizado por todo el mundo presentando situaciones verdaderamente aberrantes. Y ante los escombros que estas destrucciones van dejando, las multitudes hechizadas siguen pidiendo lo mismo. Y aunque, a veces pienso que estamos ante algo que pareciera indestructible, yo siento el deber de seguir denunciando porque lo considero una especie de valor supremo de todo hombre de bien.
Pero, no solo han tomado ese tan asfixiado tercer mundo como Cuba, Venezuela, Nicaragua, México, y en gran parte América Latina, ya ha logrado avanzar en la toma de la cuna moderna de la libertad, los EUA, en una comparsa fellinesca a donde han llegado los peores del mundo. Pero, todavía más grave, los han estado produciendo en el interior del país para formar sus villas especiales como las de California, Chicago, Nueva York etcetera en donde ya no existe el país de los padres fundadores.
Y ahora pregunto ¿por qué el socialismo después de haber provocado tanta destrucción sigue siendo atractivo y vigente? Y surge el pensamiento de la mente humana programada para apelar a esa desigualdad, ese sentimiento que ha llevado a los fracasados a buscar responsables por eso, sus fracasos. Y, bien programados, tienen esas reacciones “entendibles” exigiendo decisiones equivocadas y el socialismo es la distorsión más cruel y equivocada de esas intenciones. Y la más popular ha sido que la riqueza es un pastel inamovible, es decir, no crece.
Antes de mediados del siglo 19, el socialismo no existía como una concepción clara de la socialización de todos los medios de producción con su ilógico corolario, la centralización de lo más importante en economia, la producción, controlada por Estado supremo. La calificación dependía de considerar la demanda para ese manejo de los factores de producción global, como la fisonomia escencial para luego considerarlo socialismo. Los viejos socialistas veian la autarquía de pequeños territorios como natural y cualquier intercambio de bienes mas allá de las fronteras como algo artificial y dañino.
Solo despues que los abanderados del libre comercio en Inglaterra probaran las ventajas de la division internacional del trabajo y, sobre todo, que la creaccion de riqueza era posible, pues no estatica, se aceptaban sus ideas a traves de la gestion del gran Cobden. Y los socialistas empezaran a expander sus ideas de villas y socialismo de distritos para hacerlas nacionales y, eventualmente, en el socialismo mundial.
Pero, el concepto básico del socialismo había sido expandido en el segundo cuarto del siglo 19 por esos escritores designados por el marxismo como socialistas utopicos, pero fracasaran. Habia sido muy facil identificar los hoyos de su esquema; y se probaba que una sociedad construida sobre esos principios fracasaría. Y, a mediados del siglo 19, parecia que el ideal del socialismo habia sido neutralizado. La ciencia habia demostrado era premisa falsa solo aplicando una estricta logica y lo dejaban desarmado.
Pero aparecia Marx, el mago de todos los engaños apoyado por los Oligarcas de Europa y EUA. Un adicto a la dialéctica hegeliana—un sistema fácil de abusar para aquellos que buscaban dominar el pensamiento mediante arbitrarios vuelos de fantasia vervorrea de metafísica y encontrar solución al dilema que enfrentaban con un razonamiento desconocido.
El éxito incomparable del marxismo se basaba en algo tan despreciable como era la perspectiva ofreciendo cumplir sus sueños y aspiraciones de venganza, que habían permanecido profundamente incrustados en el alma del ser humano desde tiempos inmemoriales. El pecado más viejo de la historia, la envidia que luego se convertía en un odio enfermizo, luego surge la traición y finalmente la venganza.
Prometía lo que nunca habían tenido los perdedores, un gran paraíso en la tierra. Pero la tierra de todos los sueños y anhelos del corazón, repleta de felicidad y dicha—y todavía más dulce para todos aquellos perdedores y fracasados en este juego de la vida—luego pasar a la humillación de aquellos que siempre habían sido más fuertes y los mejores entre la mediocre multitud sin rostro. Y la lógica y razonamiento que podían demostrar lo absurdo de ese sueño con toda su dicha y venganza, deberían de eliminarse.
El marxismo es, pues, la más radical de todas las reacciones contra el reinado del pensamiento científico sobre la acción vital establecida por el racionalismo. Es gran enemigo de la lógica, de la ciencia y contra cualquier actividad del pensamiento libre. Su principio más importante es la prohibición de pensar, consultar, especialmente aplicado a instituciones y en la operación de la economía socialista.
La iglesia del engaño plagiando el nombre de socialismo científico, usarlo para control de vidas y acciones, y en batalla contra cualquier contribución científica en la construcción de su economía socialista. Algo que Mises, no solo lo encontró, examinaría su construccion como falsa sociedad cientifica. Afirmaria el marxismo es el verdadero opio para aquellos que podrían entregarse al pensamiento programado y, por tanto, deben ser apartados de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario