NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

 Ricardo Valenzuela  

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Desde niño, seguido escuchaba una frase: "Nadie es profeta en su tierra." Pero sin entender su significado, y siendo algo que en aquellos momentos no despertaba mi interés, lo olvidaba. Pero hace unos días, uno de esos amigos de toda la vida me visitaba preocupado por los informes que le llegaran de mi persona, iniciando con que ya no tomaba, me había retirado de la fiesta, que me había convertido al budismo, que vivía solo en el rancho meditando durante días, todo un antisocial que no recibía a nadie ni soportaba multitudes ruidosas, que iba al súper solamente de madrugada 

 

Especialmente me reclamaba no estar recibiendo mis notas que durante mucho tiempo las hubiera escrito, pero había decidido ya no continuar enviándolas. Al responderle que, como Bolívar, sintiendo que había estado arando en el mar, aunque no dejaría de escribirlas, las había dejado de enviar. Y pasaba a explicarle todos los rechazos que había sufrido de diarios, organizaciones, amigos, familia; entendió bien que, como Marco Aurelio, ahora escribía solo para  

Fue cuando me fusilaba con la frase "Nadie es profeta en su tierra", y sorprendido le respondía con la pregunta "¿Qué significa esa expresión?"  Con calma, inicia citando otro de los mensajes de Jesús: “El buen médico nunca puede curar en su aldea”. Elabora, le pido ahora. “Sencillo, tus ideas, que en lo personal yo admiro, en México y en toda América Latina, debido a una programación de siglos, son rechazadas y totalmente las deformaron para convertirlas en receptoras de un odio visceral en todas las capas de la sociedad”.    

 

 Prosigue: "Esto significa que es difícil ser valorado en el lugar de origen; y aun logrando éxito lejos de casa, no es reconocido. Esta frase de origen bíblico atribuida a Jesús indica que la envidia local les impedía valorar el talento propio. La frase resume cómo Jesús, que, a pesar de ser talento superior como el gran "médico celestial" que sanaba enfermedades físicas y espirituales, en su propia aldea encontraba incredulidad. Su ministerio se centró en traer salud física y, sobre todo, hacer conciencia de nuestra riqueza interior”. 

 

En esos momentos sentí que alguien encendía la luz de un oscuro aposento y le digo. “No me vas a creer, pero, en esta mi nueva soledad, en lo que va de este año mi nuevo blog ha recibido más de 50,000 visitas. Y lo más interesante, un 80% son visitas de países europeos como Irlanda, Países Bajos, Polonia y mis notas son en español. Como ya sabes, no he dejado de escribir y lo sigo haciendo; pero ya no los envío porque, debo repetir, sentí que estaba perdiendo mi tiempo y cosechando más enemistades. 

 

Prosigo, mira, mi buen amigo, sin respetar todo lo que había decidido, te voy a dar alguna información personal que, como te darás cuenta, aunque estaré rompiendo mis nuevas reglas, tengas la seguridad de que no me estoy volviendo loco como te han informado. Y con cara de preocupación me preguntaba: "¿Qué chingados has estado haciendo, pinche chero atrabancado con la rienda floja?” 

 

Pues ante la grave situación que vivimos y que muy pocos entienden, como lo aconseja Nietzsche, lo mejor es callar para actuar solo. Y esa soledad me enseñó la gran virtud del silencio, silencio que me provocó darme cuenta de que no necesitaba validación de otros, porque si la buscas, les transfieres tu poder. Y en esa etapa aprendería algo más: a nunca dar explicaciones validadoras a quienes no las merecen porque, igual, transfieres tu poder. Así decidía operar solo, pues, desgraciadamente, conozco muy pocos que me puedan aportar porque yo opero en otros niveles muy distintos y acepto las consecuencias.  

 

Curiosamente, a través de mi vida algunos me acusarían de soberbio y no lo era. Lo que hice los últimos años fue construir la condición de poderosa seguridad, casi soberbia, para no dar explicaciones ni justificaciones a quienes no las merecen. Así, soledad y silencio serían las anclas de mi vida y me proporcionarían los elementos para penetrar esos niveles, no geniales ni milagrosos, solo mis niveles muy diferentes. Un proceso que he recorrido años y lograr esa conciencia superior. 

 

Aprendí también quién realmente soy, no quién debía ser ante las expectativas de otros, que era hora de abandonar las máscaras y abrazar la autenticidad. A no representar papeles fingiendo ser lo que no soy. A desenterrar mis tesoros interiores que nos señalaba ese Jesús cuántico que recientemente he conocido y lo sigo. Y, sobre todo, pagar los costos al no haber sido auténtico, que pueden ser altos, pero los beneficios de serlo son mucho más altos.  

 

Y ya no defenderme de sus acusaciones falsas de mi locura y las que me inventaran, tratando de probar la verdad. Porque tampoco necesito aprobación de quienes no tienen autoridad, y mi paz interior ya no depende de otros. Pues si me detengo a defenderme, les estaría dando poder que no tienen, bajándome a su nivel donde yo nunca he operado y se llama integridadFinalmente, quién realmente soy; ya no me manejo con   impulsos 

 

Ahora mis compañeros de viaje son Spinoza, Nietzsche y el más reciente, Jesús, pero no el del Concilio de Nicea, sino el de los evangelios gnósticos como el de Tomás. Y algo muy especial: actuar, no solo predicar, que es el nuevo deporte de tantos “intelectualesque, como afirmaban los vaqueros de mi abuelo, no saben ni quién capó al apache. Y son los que gobiernan sin freno atravesado, sin que les arrimen espuelas y desbocados van tirando cercos. 

 

También he aprendido a amar mi historia y mi destino. No importa lo que ya pasó; hay que amarlo, aunque haya dolido. Dolor y sufrimiento me han hecho fuerte y grande. Las cicatrices en la espalda son las medallas de feroces combates. Cada fracaso me ha enseñado, cada rechazo ha sido el colador de mis pecados. He podido ver de frente a los demonios y estoy vivo y purificado. Que en la vida se requiere el principio operativo de poder real, y es el que ahora sigo de la mano del Jesús cuántico.       

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