LA VERDADERA AMENAZA DE GOBIERNOS NARCOS (primera parte)

 Ricardo Valenzuela

How To Think Like Miguel Angel Felix Gallardo From Narcos Mexico - YouTube

Ayer Trump hizo realidad su amenaza de establecer tarifas al comercio de Mexico, Canada y China, provocando que gran parte del mundo hayan iniciado la danza de las gallinas decapitadas que, aun sin cabezas, corren de forma burda testereando los alambres del gallinero que las hubiera tenido encarceladas. Así Trump provoca algo verdaderamente sorprendente. A nivel mundial le cuelgan todas las etiquetas peyorativas que se hayan inventado. Pero, en EU, surge su popularidad a niveles récord. Uno de los motivos de Trump para tal acción, entre muchas otras, son las toneladas de todo tipo de drogas y fentanilo enviadas desde Mexico a EU.

Estas explosiones me han hecho recordar una época de mi vida en que conocí a un hombre verdaderamente interesante. A finales de los años 70, siendo yo un joven de 30 años con la responsabilidad de la Dirección General de un banco en Guadalajara, por razones del destino, a unos meses de mi arribo a esa ciudad, me dirigía hacia un elegante restaurant para conocer a un nuevo cliente del banco que estaba depositando enormes cantidades de dinero. La explicación que me daban era que se trataba de un emprendedor de Sinaloa recién llegado a la ciudad.

El narcotráfico no es un problema nuevo pues, desde esos años, el país ya estaba siendo invadido de drogas por la llamada confederación manejada por un hombre llamado Miguel Felix Gallardo. Un hombre que habia logrado formar una sociedad que la manejaba con la habilidad del mejor director empresarial y, sobre todo, siempre evitando la insostenible violencia que explotara después y, en estos momentos, es el gran flagelo destructor para ambos paises, Mexico y EU. Una confederación que después le diera vida a todos los carteles que hoy día están el guerra.

Al llegar al restaurante me dirigen a un privado en donde me esperaban el gerente del banco y el ya famoso emprendedor, Felix Gallardo, recién llegado de Culiacán, en donde nosotros habíamos adquirido el Banco de Sinaloa para fusionarlo a nuestra operación. El gerente me lo presenta y quedo realmente sorprendido viendo a un hombre joven, más alto que mi 1.87, de apariencia europea y vistiendo un impecable traje de buen gusto no lo escandaloso que esos caracteres acostumbraban. En esos momentos se iniciaba una interesante aventura de mi vida.

 Durante la comida me pude dar cuenta de su buen nivel de educación, pues se expresaba correctamente y con un vocabulario vasto que revelaba su nivel de conocimiento. Al finalizar la comida ya a punto de partir me dice con gran asertividad: “Ricardo, yo los conozco muy bien y también conozco todos los planes de negocios de su grupo—desde hoteles, desarrollos inmobiliarios, la construcción del edificio para sus nuevas oficinas etc—yo les quiero ofrecer el financiamiento para todos esos proyectos en mejores condiciones que cualquier banco y, claro, para que no utilicen el suyo que tú sabes eso es problemático.

 Pasaron un par de años y, como era natural, me enteraba era el presidente de la confederación y del giro de su negocio. El no perdía oportunidad para comentar que yo le caía muy bien porque, según él, tan joven era director general del banco, que era un clásico sonorense directo, sin las actuaciones clásicas de los sureños en esas posiciones, digno y de gran integridad. Lo curioso era que él a mí también me habia caído muy bien aun sabiendo de sus actividades. Así, mucho por curiosidad, nos reuníamos a comer cada dos a tres meses pues, además, ambos teníamos el gusto por las motocicletas, las armas antiguas y los caballos.

 Pero, cuando me ofreciera regalarme algo relacionado con esos gustos, yo cortésmente los rechazaba. Tal vez por eso me etiquetaba de una inmerecida forma y el seguido intentaba seducirme con juguetes que sabía bien me gustaban, al no aceptarlos, era algo que le llamaba mucho la atención. Y aunque sus negocios seguían operando sin violencia, me daba cuenta de que, si se requería, no vacilaría en usarla con la intensidad que se requeriría. A través de él conocí a todos sus subtenientes como el Chapo Guzman, el Güero Palma, pero, gracias a dios, no conocí a Rafael Caro Quintero.

 Sin embargo, en una de las explosiones estilo Valenzuela, con algo ya planeado, ante la sorpresa de muchos renuncié a la dirección del banco. Al día siguiente de mi renuncia, se aparecía en mi casa acompañado su amigo el gerente. Lo noté preocupado por algún problema en el grupo que pudiera emerger como algún peligro fuera de control y, después de tratar yo le explicara los “verdaderos motivos” de mi renuncia, se dio cuenta no lo haría y más clara era su preocupación.

 Pasaba entonces a ofrecerme trabajara para él manejando sus inversiones con el doble del ingreso que tenia en el banco. Yo, ahora también nervioso, le daba la vaga explicación de querer pensar bien acerca de mi futuro y no quería precipitarme. Me haría otro par de ofertas por demás tentadoras las que, con la misma vaguedad, dándole las gracias, también las rechacé. Pero, siendo un hombre de gran inteligencia que además leía con voracidad de diferentes temas. Con gran apertura me preguntaba ¿rechazas mis ofertas por la realidad de mis actividades? Allí se iniciaba una de las más grandes enseñanzas que yo recibiría en mi vida.

 Tratando de ser honesto y no ofenderlo, pero muy claro, le respondo. Tu sabes que soy un economista libertario pues lo hemos discutido muchas veces y, sin hacer juicios morales peligrosos, ante la gran hipocresia mundial, tu actividad está prohibida por esas leyes conveniencieras, es decir, debes siempre incluir un riesgo anormal que, cualquier político bandido, puede revertir hacia ti y ellos tienen el sartén por el mango para actuar cobijados por esas leyes que ellos nunca respetan, pero las usan como arma. Es decir, ese factor gobierno corrupto ubica tu riesgo por demás anormal. Y, ante algún competidor ofrezca mejor trato, el riesgo puede ser incontrolable

Me responde, tienes razón, pero, esta es la vida que tuve que escoger y, hasta ahora, he podido minimizar ese riesgo porque, si a nosotros nos describen como demonios, en los palacios de gobierno residen los verdaderos demonios disfrazados de redentores. Y esos demonios no tienen límites para su ambición y, sobre todo, para sus acciones totalmente avaladas por la ley que ellos mismos representan. Y, como siempre lo hacen, saquean los paises y los asoman al precipicio y es cuando le abren las puertas al infierno de la violencia que nosotros no permitimos. Y te puedo asomar a un futuro que ellos van a crear y ese será el verdadero averno mundial.

 Ricardo, tú siempre me has dicho (continua en la segunda parte)              

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