¿INTERÉS PÚBLICO O PRIVADO?

Ricardo Valenzuela

Ayn Rand: Puesto que no existe tal entidad conocida como el público, ya que  el público es meramente una cant... “El gobierno libre se funda mas en envidia que en confianza.” 

                                    Thomas Jefferson

 Durante los últimos tres años el PIB de América Latina ha sufrido una contracción de aproximadamente un 20%, es decir, de su nivel de 1.9 Trillones de dólares, ha descendido a 1.5 Trillones fijándose en estos momentos en poco mas del 10% del de los EU. Sin embargo, son muy pocos los analistas que le prestan atención a este fenómeno y mas importante, las causas que lo provocan. 

En el mismo periodo la industria que más ha crecido en nuestra región, son las burocracias de los gobiernos. Es decir, mientras las economías de nuestros países dolorosamente se contraen, como fórmula mágica el aparato estatal se multiplica. Esto es en contrastante con el proceso que transitan los EU en estos momentos en el cual, mientras su PIB crece a un saludable ritmo, debido a los incrementos inusitados de su productividad, no se han creado los empleos que normalmente emergen en una recuperación de esta naturaleza. Traducido; los norteamericanos están produciendo mas, pero con menos gente.

 Tal vez el ejemplo más patético del que pueda echar mano, es el de mi estado Sonora en el cual, durante los últimos 6 años de su recién terminada administración, el PIB estatal tuvo un crecimiento de CERO mientras que, la burocracia se infló en más de un 100%. De poco mas de 5,000 empleados listados en el gobierno hace 6 años, el debutante gobernador Eduardo Bours ha heredado una nomina de casi 13,000 burócratas. 

Pero esto es algo que a cualquier inquieto lector no debería de sorprender. En 1986 James Buchanan se hizo merecedor al premio Nobel de economía por su teoría del Public Choice a través de la cual demuestra el que, los actores en la politica al igual que en los mercados, son motivados no por ese romántico idealismo de servir, sino por su desmedida ambición. Ello, muy seguido produce lo que el autor llama; “fallas del gobierno” parodiando a los economistas keynesianos hablan de fallas del mercado. Los teóricos de la politica jamás utilizan el postulado económico para definir los intestinos de la actividad colectiva. 

El Estado democrático fue concebido como una serie de frenos aplicables a una sociedad que establece sus arreglos económicos, a través de la competencia en los cuales el interés de los individuos, es el motor que moviliza al hombre a la acción. La acción colectiva requerida fue concebida para establecer reglas generales aplicables a todos participantes en el orden social. A medida que los intereses económicos crecieron, se inició el uso del proceso político para lograr esos intereses y así, actividades que eran territorio de los mercados, pasaron al contexto del estado para engrosarlo. 

Nacía así la industria de la politica en la cual las burocracias se apropiaban el papel de servir los intereses de grupos e individuos, pero especialmente sirviendo los suyos. Pero lo triste de esta realidad es el que, la política a través de construir infinidad de obstáculos a la actividad económica en forma de regulaciones, restricciones, prohibiciones, impuestos etc, extendían su horizonte y su explosivo crecimiento lo cual, como lo expone Hernando de Soto, en muchos países del mundo ha provocado la emergencia de la economía subterránea. 

Pero el caso mexicano es de un perfil muy especial. Con la creación del partido único, los revolucionarios se apropiaban de la industria para convertirla en monopolio. La motivación del cerebro que le daba vida al PRI, Elías Calles, era su ambición de conservar el poder absoluto—ese poder que corrompe absolutamente—del destruido país. De esa forma el partido aseguraba el monopolio de la política, la economía, de la justicia, del uso de la fuerza y el más importante, el de la corrupción. Calles se aprovechaba de algo que entre los actores en los mercados no existe, la ignorancia de los votantes para participar en el proceso politico. 

Pero finalmente nos llegó la “democracia” y voalá, la competencia politica en estos momentos desnuda el sistema ante los ojos de los mexicanos. Pero, ¿que es lo que encontramos? La confirmación de las teorías del Public Choice pero sancochadas con tercermundismo. Lo primero que vemos es una feroz lucha para ejercer esa profesión tan popular y rentable; la corrupción. Encontramos también el que, esta apertura ha creado algo desconocido en el mundo entero: “Mi Partido S.A.” El lograr la concesión de un partido político, se ha convertido en un excelente negocio para sus propietarios lo que ha promovido el que alrededor de ello, se formen lo que parece ser un panal del cual chupan grupitos exclusivos. 

Lo que hemos atestiguado en días recientes en las acciones que involucran al PRD y al Verde Ecologista, es muy fácil de entender. En los años 80 Mike Millken inventaba algo interesante: Los “Hostile Takeovers.” Identificaba primero una empresa mal manejada pero con gran potencial, para luego a través de la emisión de sus famosos bonos chatarra, tomar control de ella aun sin la “venia de sus dueños” y, darse a explotar ese potencial. Es lo que sucede en el Verde Ecologista: un grupo de imberbes y cínicos piratas viendo los beneficios de los que goza el otro grupo de corsarios que lo controlan, simplemente se lanzan a esa toma por asalto y así, ordeñar el erario publico que les permita pagar hoteles de $5,000 dólares diarios. 

En el caso del PRD, simplemente identifican la cruz de su parroquia pues todos sabemos que, es el partido que ha conjuntado lo más selecto del experimento de Calles que se aferran a lo viejo—el cesto de la basura del PRI. Y como el cuento de la rana y el alacrán, es su naturaleza la de ser corruptos y siempre lo serán. Aunque en este caso hay que reconocerles lo entretenido de la trama, pues las telenovelas de Ernesto Alonso, se quedan tristes puesto que ésta involucra de todo; espionaje, traiciones, lágrimas, arrepentidos por adelantado, amores pasionales y hasta un gígolo en funciones. 

Sin embargo, el actor de la novela que apunta a convertirse en la nueva estrella compitiendo por los ratings con La Pasión de Cristo, es el creativo jefe del gobierno del DF quien tal vez luego de ver algunas películas de James Bond y el consumo de algunos hongos cortesía de su amigo Marcos, él mismo se identifica como blanco de una conspiración cósmica y su presto asesinato de parte de ninjas internacionales. 

Ante esta experiencia siento la necesidad de hacer un reconocimiento a Vicente Fox. ¿Por qué? Dos motivos: porque podrá portar todas las etiquetas que le hayamos colgado, pero es un hombre decente. Segundo; porque ha tenido la sabiduría de mantener en su equipo a dos hombres: Francisco Gil Diaz en Hacienda, y Guillermo Ortiz en el Banco de Mexico, y son ellos los que no han permitido el naufragio de la nave ante semejantes piratas blandiendo sus cimitarras.

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