Ricardo Valenzuela
Para no perdernos en este largo proceso que se ha llevado en EUA hacia su conversión al socialismo marxista, en el cual, la presidencia de Obama debería ser el paso final y la celebración de la victoria de aquel viejo sueño iniciado, el desangrado del país rebelde para crear uno nuevo. Debo saltar hacia ese futuro ya consumado para calibrar esas acciones destructivas de un presidente que, no solo las ejecutara en la impunidad, sino que, ante la ceguera de tanta gente, fuera tan admirado y casi elevado a la santidad, a pesar de las advertencias del Dr Krauthammer en su ignorado mensaje profético.
“El señor Obama es un individuo encantador, intelectual. Nunca debe ser subestimado. Él es un cliente genial que nunca muestra sus emociones. Es imposible saber qué hay detrás de su máscara. El haber derrotado a la dinastía Clinton fue un logro de categoría impresionante. Los Clinton todavía no saben que fue lo que los golpeó. Obama tiene habilidades políticas comparables con las de Reagan y Bill Clinton. Tiene la habilidad de convencerte de tu lado, de acuerdo con tus posiciones, mientras hace lo opuesto. No hay que poner atención a lo que dice, sino a lo que hace.”
“Obama opera una búsqueda despiadada del poder. El no vino a Washington para hacer algo para él, vino para cambiar todo y, de forma especial, proceder al desmantelamiento del capitalismo. Él no puede ser honesto al mostrar sus ambiciones porque la gente no lo aceptaría. Obama tiene mano dura y su propósito especial es nivelar el campo utilizando la distribución forzada del ingreso y castigos a los exitosos de la sociedad. Sueña con moldear EUA al socialismo de Canadá y de la Unión Europea.”
“Sus tres objetivos más importantes son, a través del gobierno federal, tomar control de la energía, de la educación pública, todo el sistema de salud. Miente al decir no le importa el sector automotor ni la industria de servicios financieros, porque sabe que los obtendrá como bono anticipado. Su idea de Cap Trade agregará costos insostenibles a todo y sofocará el crecimiento. Pretende pagar totalmente por la educación profesional. Pero, el más horripilante de todo es su programa de salud, porque si logra hacerlo agregará 50 millones a un tipo de sistema de un solo pago enviando sus costos a lo imposible. Y la única forma de controlarlos será con un masivo recorte de los servicios.”
“Se ha rodeado de un grupo de académicos de la izquierda más agresiva del menú. Ninguno de sus soldados ha administrado ni siquiera una pequeña tienda de dulces. Y ahora administrarán industrias como la automotriz, la financiera, la bancaria y otras. Todo esto muestra claro que, en el largo plazo, nunca podrá ser exitoso. Obama no es socialista, él es un izquierdista de último grado, un gran soberbio secular con etiqueta progresiva que no aceptará nada que no tenga tinte revolucionario. En su campaña se presentaba como moderado, pero estará gobernando desde lo más radical y agresivo de la izquierda marxista.”
Pero ahora veremos que ha sucedido. Obama fue muy hábil para escoger ese disfraz muy conveniente de progresista. Pero, la única diferencia entre Progresista y Comunista es el modo de operar. El comunista quiere provocar el cambio de gobierno por medios revolucionarios, mientras que el progresista pretende cambiar ese gobierno destruyendo su constitución vigente, y lo lleva a cabo mediante un proceso tranquilo, pieza por pieza. Y era la orden que Obama recibía para eliminar esa tranquilidad.
El profesor de Georgetown Dr. Carroll Quigley, el mentor de Clinton a su paso por esa universidad y autor del libro, “The Anglo-American Establishment,” agregaría un nuevo elemento al potaje. El afirmaba que el objetivo de los investment bankers, propietarios de los bancos centrales, era la creación de un sistema financiero global de control en manos privadas, para dominar el sistema político de todos los países y la economía mundial como un todo. Un control de los bancos centrales estilo viejo feudalismo actuando en concierto con arreglos secretos.
Se mostraría muy claro en el 2008 durante la convención demócrata con dos candidatos disputando la nominación, Clinton y Obama. Y a pesar de la mafiosa maquinaria Clinton, se decidía Obama sería el candidato y debería nombrar a Hillary, secretaria de estado. En la trastienda del tablado la decisión la tomaba el sindicato Rockefeller/Rothschild, pues ellos habían financiado el proceso. Y con la selección de Obama, claramente indicaban querían explotar la fase final de su feudalismo.
A ellos les preocupaba los antecedentes de Hillary como una mujer armada de su despiadada agresividad, que les serviría mejor para el tiro de gracia al final del avance de Obama. Puesto que la elección presidencial ya estaba decidida por los mismos, ante un candidato tan gris, aburrido y viejo como McCain. Los Rothschild hacían su movimiento.
Y fue cuando me cimbraría al darme cuenta de algo increíble. Los Rockefeller, desde la era que su patriarca recibiera el apoyo Rothschild para establecer su monopolio petrolero, operaban bajo el control de un Sindicato propiedad de la nueva generación Rothschild. Una estructura financiera global que, en cualquier momento que decidieran, el valor de los activos Rockefeller podría desaparecer mediante una manipulación financiera especial. El seguro Rothschild para garantizar su poder sin que lo retaran.
Quigley lo había descrito. “Es una poderosa red que prefiere los gobiernos grandes, irresponsables con sus gastos, y sociedades dormidas, como se ha planeado, en lugar de la incertidumbre de las sociedades despiertas y mercados libres. A los individuos se les programa, se les controla su libertad y será su ruta de por vida. Porque dominando al individuo, se domina su gobierno, y con ello se domina sus economías. Y en aquellos momentos un zombi intoxicado de marxismo como Obama, era lo que ellos requerían. Y después llegaría Hillary con su hacha bien afilada
Y su peor enemigo siempre ha sido un hombre libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario