Ricardo Valenzuela
Recorriendo la avenida que llevaría a Obama ante esa gran responsabilidad de remachar el ultimo clavo al ataúd de los nuevos EUA socialistas, es importante repasar esos años que trascurrieran al finalizar la segunda guerra mundial, que serían en los que se arreciara ese camino. Y para identificar la primera pista, hoy día vemos que la composición de la población de EUA ya no es de mayoría inglesa-irlandesa, hoy día es de composición alemana, incluyendo la de Donald Trump.
Hacia finales de esa guerra, surgiría un fenómeno especial que podría considerarse como una gran lección de humanidad, los campos de prisioneros de guerra alemanes. Los prisioneros alemanes que llegaban a este país culturalmente no eran muy diferentes que sus carceleros en los EUA. Tenían una ventaja especial sobre sus enemigos británicos: Alemania nunca había atacado poblaciones civiles estadounidenses como lo hicieron en Inglaterra, era campo fértil para lo que se iniciaría.
En EUA había cerca de un millón de prisioneros de guerra alemanes. En lugar de confeccionar campos de prisioneros en Europa se traían a este país, prisioneros que esperaban ser tratados como los judíos en campos de concentración, jamás imaginaron el trato que les esperaba y provocara comentarios como, “nos derrotaron dos veces, primero con las armas, y ahora con su calidad humana.” “El mejor día fue cuando me capturaron. Aquí nadie te dispara. Mi vida como prisionero fue mejor que la de mi madre y mi hermana en la Alemania que se estaba destruyendo.”
Mediante un programa especial, recibirían un trato que incluía cuidados médicos, equipos recreativos, biblioteca, profesores para sus clases de historia, de inglés y comida de la Cruz Roja. Los científicos alemanes trabajaban en proyectos de armamento y tecnología espacial, mientras que la mayoría trabajaban en agricultura y otros proyectos manuales. Además, muchos se infiltraron en la sociedad estadounidense tras la guerra, se casarían con chicas americanas y permanecerían en este pais.
Y al terminar la guerra, Herbert Wagner, creador del primer misil guiado Nazi usado en combate, llegaba a Washington en un avión militar con sus ventanas bloqueadas. Sería el primero de una cascada de científicos arribando a EUA mediante el famoso proyecto llamado Paperclip. Un programa para aprovechar el conocimiento nazi autorizado por el presidente Truman. De inmediato se ubicarían en oficinas de inteligencia, puestos claves del gobierno y, por supuesto, en el debutante Complejo Militar Industrial. Asegurando al presidente no habían sido miembros ni ideólogos del partido nazi.
Poco después surgia la revelación de una extensa infiltración nazi promovida por elementos dentro del gobierno federal y del área militar de EUA y habia claras evidencias. A pesar de que el gobierno afirmaba el proyecto se habia terminado en 1947, de acuerdo con esa investigación, ese proyecto era la operación más grande y larga de involucración nazi en la historia del pais. Pero, lo más grave, sus remanentes todavía operan en la actualidad puesto que habían logrado su infiltración total en el CMI.
En 1952, el recién electo presidente Eisenhower habia sido persuadido para nombrar a John Foster Dulles como secretario de estado, y su hermano, Allen Dulles, director de la CIA, ambos presentes en aquella reunión para darle el visto bueno a Hitler. Los hermanos eran socios de Averell Harriman, hombre clave de Roosevelt. Eran los primeros republicanos miembros de los globalistas y muy cercanos a Bush I. Allen Dulles, durante la guerra habia sido jefe de la OSS en Berna, Suiza, el trono de la Inteligencia de EUA y también la Soviética. Él se comunicaba con Himmler enviando información a Washington de miembros Paperclip siempre falsa.
Así, infinidad de nazis del Paperclip, identificados como “Interés Nacional,” invadieron las oficinas de inteligencia para avanzar la agenda globalista ya de la mano de la CIA. Pasarían luego a las principales universidades como profesores e, inclusive, a la EUA Oficina de Educación. Hay que puntualizar que la Universidad Yale, alma mater de las familias Bush y Harriman base de Skull and Bones, recibiría muchos nazis del Paperclip con los que se entendían pues la ideología de ellos nacia en Alemania. Emergia un panorama en el cual esos nazis estaban en todas partes. Una información desconocida porque era protegida por el FBI.
En 1964, un intenso y frustrado investigador a quien le habían cerrado todas las puertas afirmaba: “Tomaría la guerra más grande, sangrienta y destructora de la historia de la humanidad para detener ese indecible infierno, y ahora la vanguardia de esa pesadilla está siendo trasplantada a los EUA.” Y todavía más increíble, esos nazis serian también espías reclutados por la URSS, parte del ya claro acuerdo del desangre de los EUA con la CIA de Bush I y de Dulles dándole avenida. Cuando aquel joven idealista Kennedy cesara a Dulles en la CIA, firmaba su sentencia de muerte ante al nuevo Estado Profundo.
Desde el inicio del grupo, era claro que representaban un claro saboteo de algunas acciones del gobierno de EUA, pero, nadie sabía o nadie se atrevía a confrontarlos ni delatarlos. Desde el final de la guerra en 1945, a los comandantes americanos, ya en Alemania, les ordenaran dejar todos los misiles y plantas donde se fabricaban, para que los rusos los tomaran. Y uno de esos comandantes afirmaba: “les dimos a los rusos la llave para su Sputnik.” Durante tres meses el ejército americano tuvo control del secreto de los cohetes nazis, y se lo entregaron a los rusos.
Una de las primeras víctimas de este movimiento, habia sido James Forrestal quien fuera padrino político de John Kennedy y lo habia advertido de esa pesadilla. Habiendo sido secretario de guerra, miembro del fatal Majestic 12, tenía toda la información necesaria para combatirlos y, sin medir su fuerza y los alcances, simplemente fuera asesinado al tratar. El presidente Eisenhower quien tampoco habia podido controlarlos, le informaba de una situación de peligro superior que representaban, incluyendo una base secreta que mantenían en Nevada.
Así un inocente JFK caminaba hacia su muerte
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