GRACIAS A JUNG, NIETZSCHE, SPINOZA Y JESUS

Ricardo Valenzuela

Exploring the Philosophies of Jung and Nietzsche 

La decisión de Carl Jung de no dar difusión a lo que había encontrado en Etiopia, sería algo que se discutiría durante muchos años en círculos profesionales con diferentes interpretaciones y diferentes etiquetas. Sin embargo, algo que nunca se le habría dado difusión fue que después de su iluminador viaje a Etiopia, en el tiempo que le quedaba de vida, escribiría profusamente acerca de todo lo que había callado. Una obra desconocida que, en opinión de muchos intelectuales, podía haberlo llevado a ocupar un lugar en el Partenón de hombres como Jordano Bruno y Fray Luis de León con el bíblico “Cantar de los Cantares”. 

Pero, para quienes nos hemos interesado en sus escritos y, en especial, en conocer otra versión de los mensajes de Jesús, con alguna liga más mundana y cuántica, nos habría dejado una gran herencia. Lo primero que nos mostraría, desde el punto de vista de un experto en las conductas humanas, sería lo complicado que resultaba interpretar las palabras de Jesús, en conceptos que, ante sociedades cargadas de pereza mental, frente a tal reto simplemente los harían a un lado. Para ellos, ha sido más fácil seguir los mandatos de la iglesia con su lista de instrucciones.

Entre los libros encontrados en Etiopía como, el libro de Enoch, es un verdadero reto, inclusive, para los filósofos más avanzados, con sus temas complicados como las revelaciones de la naturaleza del alma, con una herencia involucrando su creación, hasta la historia del arribo de esos evangelios a Etiopía. Narra cómo la reina de Saba, al visitar al rey Salomón, se enamoró y procrearon un hijo llamado Menelik, que sería futuro rey de Etiopía, de quien la tradición nos dice que fue quien sacaría el Arca de la Alianza de Israel, llevándosela a su reino y sería el guardián de esos evangelios. 

Pero, eso era solo una parte del gran torrente de información de tanto valor que Jung había adquirido. Y, en mi opinión, solo mentes del calibre de Jung podrían interpretarlos y surgiría un gran problema. Porque el desarrollo necesario del ser humano para, finalmente, provocar su esperado despertar se podía comparar con la famosa caricatura de la multitud de velas llevando al cadalso la luz eléctrica, que presentaba una competencia. Es decir, la gente preferiría el manual de instrucciones de la iglesia, no el trabajo profundo para encontrar la verdadera luz. 

De esa forma, en sus últimos escritos Jung haría una denuncia. Denunciaba una cruel forma en que se estaba programando a la humanidad para, como a un Sansón, cuya fuerza infinita estaba en su cabello, y la única forma para despojarlo de su poder sería cortárselo para dejarlo indefenso. A la humanidad, mediante una programación mental, se le privaría de la potencia de un cerebro con 100 billones de neuronas. Un cerebro productor de ondas magnéticas, de un corazón también armado con esas mismas ondas, y una glándula pineal que Descartes definiera como el asiento de Dios, y el gran Einstein la describía como la puerta hacia el reino celestial, que deben ser tres socios para alcanzar conciencia superior 

Solo así podemos ver las causas de tragedias como la destrucción de Venezuela, Cuba que, durante casi 70 años, ha sido prisionera de esos criminales que la han condenado a la miseria, la eterna mediocridad de toda América Latina, un país como EU donde criminales más sofisticados, le han destruido los principios con los cuales se hubiera construido y, en especial, su moralidad. Un país donde se crearía una fábula de ese control de los Rockefeller. Un mito para distraer a la gente y no se den cuenta de las agresiones del fascismo globalista, y dócilmente acepten las cadenas cada vez más descaradas y pesadas.

Nicholas Rockefeller, miembro de esa familia, un asiduo participante del Foro Económico Mundial, miembro del Consejo de Relaciones Foráneas y del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, podría haber revelado la realidad de la Agenda Globalista al afirmar: “El objetivo final es implantar microchips a todo el mundo para controlar, no solo sus mentes, sino todas las capas de la sociedad, y de esa forma los banqueros internacionales y la gente elite tomen control del mundo. Un control que va más allá de lo militar y la estructura espacial. Esta es una guerra moderna en la que también luchamos por el control de los corazones y las mentes de poblaciones enteras, ya sea mediante armas psicológicas o químicas”. 

Sería una pena que Jung encontrara esa realidad ya en sus últimos años de vida, porque estoy seguro de que, habiendo encontrado su concepto de Individuación similar al mensaje de Jesús de responsabilidad individual para trascender y, sobre todo, con su nueva idea de psicología religiosa y cuántica, podría haber dejado un gran legado a la humanidad. Porque, al igual que el libro de Enoch que describe un mundo en caos por la corrupción de los vigilantes que Dios enviaría a la tierra, el mundo actual muestra un caos superior porque nunca hubo vigilantes. Y quien castigaría a aquellos vigilantes sería Enoch y el nuestro necesita ayuda. 

Sin embargo, la parábola de Enoch como el justiciero enviado por Dios, pero, con un claro mandato y estrategia para combatir, estoy seguro de que, aun con los pocos justos que permanecen en la tierra, aunque menores en número, su transformación espiritual tiene esa potencia celestial para enfrentar a los demiurgos del infierno que la han estado destruyendo. Y el mensaje que recibiría Enoch al final de la batalla ganada donde se premiaría por su inteligencia y valor. Aquí también pronto nos estará llegando la luz del sol brillante con sus cielos limpios. 

Porque llegará ese día en que todos los demiurgos ubicados en la punta de la pirámide, desde la cual nos esclavizarán y, sobre todo, los demiurgos con sus cerebros siempre petrificados que perdieron dignidad, al enfrentar a los enviados de Jahvé llegando al campo de batalla con el coraje de un héroe y la sonrisa de un conquistador, estoy seguro de que alcanzarán la victoria. Será cuando se inicie la verdadera transformación de nuestro nuevo paraíso al haber recuperado nuestra libertad. Y yo daré gracias a Jung por haber prendido la chispa, y luego la explosión.   

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