Ricardo Valenzuela
La decisión de Carl Jung de no dar difusión a lo que había encontrado en Etiopia, sería algo que se discutiría durante muchos años en círculos profesionales con diferentes interpretaciones y diferentes etiquetas. Sin embargo, algo que nunca se le habría dado difusión fue que después de su iluminador viaje a Etiopia, en el tiempo que le quedaba de vida, escribiría profusamente acerca de todo lo que había callado. Una obra desconocida que, en opinión de muchos intelectuales, podía haberlo llevado a ocupar un lugar en el Partenón de hombres como Jordano Bruno y Fray Luis de León con el bíblico “Cantar de los Cantares”.
Pero, para quienes nos hemos interesado en sus escritos y, en especial, en conocer otra versión de los mensajes de Jesús, con alguna liga más mundana y cuántica, nos habría dejado una gran herencia. Lo primero que nos mostraría, desde el punto de vista de un experto en las conductas humanas, sería lo complicado que resultaba interpretar las palabras de Jesús, en conceptos que, ante sociedades cargadas de pereza mental, frente a tal reto simplemente los harían a un lado. Para ellos, ha sido más fácil seguir los mandatos de la iglesia con su lista de instrucciones.
