500 AÑOS DE LA ESCUELA DE SALAMANCA – LEÓN GÓMEZ RIVAS –

Seguro que la mayoría de los lectores de esta web del Centro Diego de Covarrubias ya saben que en 2026 celebramos el Quinto Centenario de la Escuela de Salamanca coincidiendo, además, con los 15 años de vida de esta Asociación.
Efectivamente, el dominico Francisco de Vitoria obtuvo en 1526 la cátedra de Teología en aquella universidad, dando origen a una fecunda generación de maestros escolásticos que difundieron por toda Europa, Asia (en las islas Filipinas) y América el pensamiento de Sto. Tomás, aplicado no solo a la filosofía o teología, sino a otras variadas cuestiones relacionadas con la economía, el derecho, la ciencia política, etc.
Diego de Covarrubias y Leyva, obispo de Segovia, fue un ilustre catedrático de Derecho en aquella Universidad, que además llegó a la altísima posición política de Presidente del Consejo de Castilla con Felipe II. Discípulo de Martín de Azpilcueta, forma parte de esa renombrada Escuela de intelectuales que analizaron los problemas de su tiempo con una notabilísima inteligencia. En nuestro catálogo de libros ‘Cristianismo y Economía de Mercado’ verán una pequeña publicación donde se explica la vida y el pensamiento del obispo Covarrubias, famoso -como ha repetido el profesor Huerta de Soto- por haber adelantado una teoría sobre el valor económico que se considera antecesora del subjetivismo austriaco y de la utilidad marginal. Su tumba puede verse en la Catedral de Segovia, y merece la pena la visita.
En esa misma Colección también pueden encontrar la obra seminal de Marjorie Grice-Hutchinson: The School of Salamanca, un acercamiento a las teorías monetarias que intuyeron nuestros autores sobre la inflación, el comportamiento de los precios, los préstamos o el cambio de divisas. Para quien prefiera escuchar un resumen de sus contenidos, pueden encontrar el video con sus presentaciones:
No exagero mucho escribiendo que, hace apenas un cuarto de siglo, éste era un asunto menos conocido en el entorno académico de nuestro país, y con apenas proyección social. Sin embargo, hoy ya sí resulta familiar la Escuela de Salamanca, junto con los nombres de sus protagonistas como Vitoria, Azpilcueta, Covarrubias, Juan de Mariana, Francisco Suárez, Luis de Molina y un larguísimo etcétera de teólogos, filósofos o juristas que adelantaron una moderna concepción de las relaciones sociales. Como también habrán escuchado en nuestras convocatorias, la Escuela de Salamanca propuso algunas soluciones que después harán famosos a Locke (en la política), Adam Smith (en la economía) o Hugo Grocio (en el derecho internacional).
Un ejemplo reciente de esta proyección ha sido el colosal Seminario que reunió en Salamanca, durante una semana, a casi doscientos especialistas de todo el mundo. Hay que agradecer a las profesoras María Martín e Idoya Zorroza, junto a David Jiménez, la confección de un completísimo programa que abarcaba todas estas materias de las que vengo hablando. Y a las que podemos añadir la música, la astronomía, las matemáticas, la física, los idiomas y lenguas, la educación, la etnografía o el arte. Como bien explicaba Francisco de Vitoria en una de sus primeras Relecciones: “nada es ajeno al oficio del teólogo”.
Son destacables igualmente otras iniciativas, como la más reciente convocatoria de la Real Academia Española de la Historia y en un sentido similar quiero poner en valor el apoyo que ha supuesto para la marca ‘Escuela de Salamanca’ diversos proyectos científicos, como el ambicioso School of Salamanca: legal sources del Max Planck Institute.
Seguramente hay más actividades en marcha, que irán conociendo a lo largo de 2026: tanto en el convento de San Esteban, donde vivieron los dominicos Vitoria y Domingo de Soto, como en la Universidad Pontificia, que se alberga en el formidable Colegio jesuita del Santo Espíritu, hoy conocido por La Clerecía. Igualmente, dentro de la celebración del 15 aniversario del Centro Diego de Covarrubias en abril, yo mismo daré una breve charla sobre los 500 años de La Escuela de Salamanca.
Es evidente la importancia que tiene el conocimiento de nuestro pasado para comprender el presente. Más allá de memorias históricas demasiado ideologizadas, es urgente estudiar con rigor esa generación de pensadores que supieron proponer una visión del hombre, la sociedad o sus relaciones políticas y económicas, mucho más avanzada de lo que suele enseñarse. Hay una palabra muy repetida en torno a la Escuela de Salamanca: el reconocimiento de la dignidad humana, como fruto de las reflexiones de nuestros autores sobre el Descubrimiento de América (y en armonía con la fe cristiana que les inspiraba). No me parece exagerado hablar de Vitoria como precursor de los derechos humanos, cuando defendió la propiedad privada o la organización política de aquellos pueblos nativos de las Indias Occidentales. En este sentido, quiero destacar sobre todo el fundamento ético que animaba a los doctores salmantinos: particularmente en la actividad económica y política, no comprendían que esas relaciones pudieran llevarse a cabo sin un profundo respeto a los principios de la justicia o la honestidad. Resulta lamentable comprobar cómo quinientos años después hemos perdido ese nervio moral; y así nos va.
Sabemos que hubo errores y abusos: pero es un aburrimiento seguir con esa Leyenda Negra o el debate sobre quién debe pedir perdón. Iberoamérica (es decir: España, Portugal, el Brasil y todas las demás naciones hispanas unidas por una misma lengua, cultura y religión) podría ser un agente vertebrador del nuevo orden mundial… si fuéramos capaces de trabajar juntos.
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