Ricardo Valenzuela
Hace unos días, con un objetivo en mente inicie una serie de notas que he titulado Radiografías cuando, ante el gran obstáculo que represente esa ausencia de información que mantiene a la gente ignorante, pensé que podría tocar algún hilo mágico para despertar conciencias, sin tener que simplemente aceptar enfrentaba una batalla perdida. Y, que tal vez, exponiendo cuadros que por sí mismos notificaran las realidades que, si nos diéramos cuenta, sabríamos son amenazas que cada día crecen y, sin retarlas, deberemos liquidar facturas impagables.
Sin embargo, ayer recibí un mensaje de una dama que considero especial, no porque se dedique a echarme porras por mis notas, no, sino por sus especiales e interesantes desacuerdos. Pero su mensaje de ayer era diferente y lo desenfundaba con un frio; “me quedé en las mismas”, lo que obviamente significa no haber entendido el contenido de mi nota, pero, siempre con esa crítica subliminal que se debe de interpretar. Pero, ella misma estaba así tocando ese punto que siempre he tratado de exponer.
Así llegaba a mi mente una excelente película de hace unos años titulada City Slickers (vaqueros de la ciudad) En la cual tres citadinos deciden pasar unos días en un rancho ganadero, pues querían aprender el oficio del vaquero. Y ante ese vaquero maestro, personificado por Jack Palance, los citadinos inician una clásica y cínica comunicación tratando de burlarse de él. Un buen día, en medio de sus intercambios el vaquero les dice. “Hay algo en la vida que es el secreto de todo”, y calla. Los citadinos frustrados casi gritando le reviran y ¿Qué chingados es? El vaquero les responde, “es algo que ustedes deben encontrar”.
Es decir, con su sabiduría, el viejo vaquero les señalaba la obligación que todos tenemos de encontrar la verdad, esa verdad que siempre permanece oculta, no la que despliegan los diarios, ni la TV, mucho menos las escuelas, ni las iglesias, ni los gobiernos, ni la del catecismo que nos obligaron a memorizar. Porque vivimos en un mundo de gente programada. Algo que Hitler lo definiría de forma amenazadora. “Cualquiera que interprete el nazismo solo como un movimiento político no tiene idea de lo que dice. “El nazismo es más que una religión, es nuestra determinación para lograr el sueño de crear un hombre nuevo”.
Uno de mis pocos amigos a quien yo mucho admiro, Leif Smith, es un gran pensador libre y la personificación moderna de ese sabio vaquero y tiene un secreto. En su casa nunca ha tenido TV, tampoco radios, no tiene suscripción a diarios, él tiene un método para estar comunicado con gente que no sea tóxica, un calificativo que le podemos asignar a un 99%. Y ese sistema es lo más parecido a la mayéutica del gran Sócrates, quien, toda su sabiduría era consecuencia de preguntar, analizar, evaluar, para entonces responder inteligentemente. Cuando lo he visitado, en su casa se respira esa libertad y su sabiduría. Y la cereza de su pastel es estar casado con una mujer igualmente sabia y libre.
En EU, durante los años 70 se arreciaba su calvario cuando aparecía en el radar el desconocido, Zbigniew Brzezinski, soldado de Rockefeller para formar el Council of Foreign Relations, quien luego pasaría a ser el principal asesor de Carter. Él sería creador de la nueva era en donde la Nación Estado como unidad fundamental de la organización del hombre se terminaría. Y ese poder ahora residiría en bancos internacionales y corporaciones multinacionales, planeando y actuando, según ellos, en términos más avanzados que los conceptos nacionales. Y el resultado fue condena y la prisión en la que estamos viviendo.
Pero antes, el diabólico patriarca de los Rockefeller, desde inicios del siglo 20 tomaría control total de la educación en EU al establecer General Education Board, cuyo director describía así: “Tenemos recursos ilimitados y la gente se entrega dócilmente a nuestro molde. Ya borramos de sus mentes las telarañas. Hemos tomado esos seres rurales, no para hacerlos filósofos o científicos. Tampoco intelectuales, ni doctores, abogados. Nuestra tarea es simple, entrenaremos a esos salvajes como las encontremos, en el ideal perfecto de la vida que ya tienen. Y a sus hijos les enseñaremos a hacer las cosas mejores, que sus padres hacen mal, pero en sus casas, granjas, en sus talleres.
Pero, para asegurar el éxito de lo que pretendían, en la universidad de Yale ya habían iniciado la operación de la orden secreta conocida como Skull @ Bones, con el mismo sistema hegeliano que inspirara a Hitler, y lo aplicaban en educación con un solo objetivo, el apendejamiento de las juventudes desde primaria hasta la universidad. Ese hegelianismo que glorifica al estado y somete al individuo, el vehículo para la diseminación de ideas estatistas tiránicas en educación, para luego avanzar en la política y la economía. Y es muy claro han logrado ese apendejamiento que es representado por esas masas descerebradas de Antifa y, sobre todo, un partido demócrata ya en harapos.
El padre de la filosofía, Sócrates, fue un hombre que enfocó la verdad como un conocimiento objetivo alcanzable mediante el diálogo racional y la introspección. Sus enseñanzas destacaban la honestidad intelectual, la búsqueda de la virtud y la necesidad de cuestionar creencias dogmáticas para llegar a la esencia. No dejaría escritos, el operaba retando a sus discípulos para que expulsaran sus ideas, no operaba pidiéndoles aceptar todo lo que exponía, y lo expresaba en una de sus frases; “una vida sin examen no merece ser vivida”, él nunca hubiera aceptado el “no entendí” sin ¿qué hago?, o, “la verdadera sabiduría está en reconocer nuestra propia ignorancia”. “Preferiría que las multitudes instruidas estuviesen en desacuerdo con mis exposiciones que encontrarme fuera de armonía conmigo mismo”.
Pero, la frase que me cimbraría desde el primer día que tuve la fortuna de leerla y siempre ha viajado conmigo sería: “Solamente existe un bien: el conocimiento. Solamente hay un mal: la ignorancia”, porque esa ignorancia es, en mi opinión, lo que ha estado destruyendo al mundo y, sobre todo, esa insolente actitud de no tener la grandeza para aceptarla y con humildad preguntar. Y en alguna ocasión afirmaba, “un hombre que no arriesga nada por sus ideas, no valen nada sus ideas o no vale nada el hombre, pues la verdad nunca puede refutarse”.
El mundo requiere verdaderos hombres definidos así. “Aunque me absuelvan o me condenen, yo solo obraré de acuerdo con mis valores y mi conciencia, así tenga que sufrir mil muertes”.
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