Ricardo Valenzuela
El día de ayer tuve una experiencia iluminadora cuando, ante las primeras noticias de la relación del Papa con esos elementos de Chicago—la cual yo ignoraba—publicaba en las redes solo una frase con lo que pretendía fuera una broma: “por esto ahora soy budista,” provocando una ola de ataques de una magnitud que no se conjugaba con mi frase, ante lo cual tuve que hacer una pequeña investigación. Me enteraba, entonces, que el Papa, quien es originario de Chicago, la guarida de las huestes marxistas donde debutara Obama estableciendo su relación con el famoso movimiento terrorista que operara en los 70, ahora sus miembros son profesores en esa ciudad controlada por esos elementos. En Chicago Obama practicaba su habilidad de organizador comunitario. Mi investigación arrojaba:
La semana pasada el Papa León XIV se reunió en el Vaticano con David Axelrod, jefe estratega de Barack Obama en las campañas del 2008 y 2012. Incluso, algunos medios afirmaron que el Papa se podría reunir pronto con Obama. Después, de inmediato el Papa empieza a atacar a Trump con mensajes subliminales y surge un artículo falso afirmando que el Pentágono amenazó al Papa, lo que el mismo Vaticano tuvo que desmentir. Sabemos que Obama siempre, desde la primera presidencia, ha intentado sabotear las acciones de Trump tras bambalinas.
Y con los antecedentes del Papa Francisco entregado al régimen comunista de China para los nombramientos de obispos en ese país, donde cada nombramiento de prelados católicos debe tener la aprobación del régimen lo que prácticamente indica una sumisión del Vaticano ante el régimen comunista chino. Y, con su gran relación con Obama, el Vaticano estaba recibiendo $3 billones anuales desde USAID, cancelado por Trump (clara separación de estado y religión).
La destitución arbitraria de obispos católicos que defienden la doctrina de la iglesia como, Joseph Strickland de Texas, destituido por criticar la ideología de género. Daniel Fernández de Puerto Rico, por defender el derecho de los católicos a no vacunarse como establece la misma iglesia a través de la siempre admirada objeción de conciencia. El Vaticano tampoco dice nada sobre obispos y cardenales que defienden gobiernos comunistas autoritarios ateos, y que defienden agendas WOKE, LGTBQ.
Y con esa información, surgía alguna luz y podría comprender los ataques sufridos. Y me daba cuenta emergían de una nueva Sagrada Inquisición. Yo estaba muy consciente del marxismo del Papa Francisco, de la operación del grupo de cardenales marxistas de Santelmo. Pero, la llegada de León XIV, por escritos de alguien que admiro, me hacían pensar ese ataque a la iglesia de mi niñez había terminado y así se iniciaba la iluminación moderna. Tristemente me doy cuenta me había equivocado y veo que León XIV, es un orgulloso heredero de Francisco.
Entonces, para entender esas agresiones que estaba sufriendo, ataques que me parecía eran de parte de esos guerreros que, por su atropellada cabalgata descerebrada, habían heredado los mandatos de aquellos caballeros templarios liderados por Hugo de Payns en el siglo XI, con el propósito original de proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén tras su conquista. Pero, al haberse librado del mandato del Papa, el Rey de Francia, Felipe IV, yerno de los reyes católicos, endeudado con ellos y atemorizado por su poder, presionaría al Papa Clemente V, para que tomara medidas contra sus integrantes. Así serían destruidos cuando moría en la hoguera de la Inquisición su último leader Jacques de Molay. Y sospecho Trump ha levantado su bandera.
Entonces debería acudir a la verdadera raíz, el Concilio de Nicea, donde se inventó el cristianismo dictado por el emperador Constantino, no para iluminar al mundo, sino para controlarlo. Se establecía la iglesia sin los obispos rebeldes con sus evangelios a los que combatirían durante siglos. Se procedía al cambio de los valores que habían dado vida el imperio, para, en su lugar, darle vida al nuevo hombre rebaño.
El hombre de la conformidad social, de la abdicación del espíritu humano ante la presión de la masa. Ese hombre que se disuelve en el murmullo colectivo, que renuncia a la chispa de la individualidad por la comodidad del anonimato, que vive, no como aspirante a creador, sino como el vergonzoso zumbido de la multitud. Se asesinaba lo más preciado que el ser humano podría tener, un espíritu fuerte y poderoso cortesía de una voluntad libre para pensar, expresar y actuar siempre en esa hermosa libertad. Algo que nos han expropiado para enviarnos a esa manada sin voluntad, conformista con vale más malo conocido que bueno por conocer.
Ese cincelado del hombre rebaño había surgido en ese momento crucial cuando se iniciara de su cobarde entrega. En este escenario, el hombre rebaño no era un accidente histórico, sino el producto de una larga domesticación que podemos rastrear hasta los orígenes de la moral judeocristiana. Nietzsche en su “Genealogía de la moral”, argumentaría que esta moral, con su énfasis en humildad, obediencia, aceptación e igualdad, sería la herramienta de los débiles para someter a los fuertes, un resentimiento que transformó la vitalidad del mundo en sumisión.
Ese hombre rebaño que se caracteriza por su falta de cuestionamiento, una condición que lo hace permeable a las corrientes de la opinión pública y las modas efímeras. En el siglo XIX, estas corrientes tomaban la forma de los periódicos sensacionalistas, los sermones dominicales y luego el creciente proteccionismo; hoy, se manifiestan en las redes sociales, los algoritmos y la cultura del consumo masivo sin ahorro y del, “si se siente bien, hay que hacerlo”.
Y luego de asimilar lo consultado, me doy cuenta había sido atacado por miembros de ese rebaño en donde se les expropia, no solo su libertad, sino su cerebro pues, el hombre rebaño no solo sigue; se complace en seguir, encontrando en la conformidad una anestesia contra la angustia de existir. No me angustian los ataques neandertales.
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