Ricardo Valenzuela
En mi tránsito tratando de arribar al conocimiento de los verdaderos mensajes de Jesús y su interpretación. Debo repetir que, el haber acudido a la sabiduría de Jacobo Grinberg me ha llevado a un descubrimiento verdaderamente celestial, el rescate de la figura de María Magdalena de las garras de una iglesia claramente misógina que, solo con una declaración papal, la condenaran como una vil pecadora prostituta para despojarla de su verdadera historia que la ubicaba como la consentida de Jesús. Pero, además, siendo la más desarrollada espiritualmente, sus credenciales le valieron ocupar ese privilegiado lugar.
Entre los evangelios gnósticos encontrados en 1945, surgiría el que la debería rescatar. La pista hacia un milenario escrito titulado Pistis Sophia, una verdadera joya espiritual totalmente ausente durante 1,600 años. Al iniciar la lectura de su contenido, me invadía un sentimiento, creo yo, similar al de alguien que transitara toda su vida alrededor del mundo perdido al no saber que era lo que buscaba y, de repente, se da cuenta de que una luz lo habría iluminado y había encontrado eso que siempre buscara. Y lo que tendría ahora ante su vista, lo definiría como respuesta a su confusión que finalmente lo iluminara.
Encontré Pistis Sophía, una parte del alma en el ser humano. Era la chispa divina desprendida del alma. Y, cuando Pistis Sophía fue arrojada del Absoluto, quedó inmersa en las tinieblas exteriores y sometida a las leyes mecánicas que la alejan de ese Absoluto, sintiéndose perdida.

















