Ricardo Valenzuela
Lo que inicialmente definimos como el gran enfrentamiento entra la libertad y la fuerza que, con sus desarrollos a través de los años, fueron modificando el contenido de los dos elementos que participaban en esa eterna batalla. En el Concilio de Nicea sucedería algo muy importante, supuestamente, se le diera fisonomía clara y formal a los dos bandos que surgían, por un lado, el Imperio Romano en todo su esplendor, como un arrepentido tirano en busca de su redención. Por el otro, la nueva iglesia cristiana con la etiqueta formal, auténtica y legal, como la defensa organizada para protección de la libertad cívica, política y espiritual de todos los seres humanos.
Algo que, para unos de la falange de la libertad, consideraban era un gran triunfo y se terminarían los enfrentamientos, pero, para otros, había sido una gran derrota y debían pasar el resto de sus vidas en la clandestinidad. Porque, aquellos evangelios que ellos habían ofrecido, tanto para el Imperio como los que habían recibido la bendición para su iglesia, eran tan peligrosos para las verdaderas intenciones de su proyecto de tiranía legal, que los habían convertido en blancos para ser eliminados. Además, sus documentos presentados deberían ser destruidos.










