Ricardo Valenzuela

El haber desempolvado el paquete conteniendo información de la impresionante obra autoría de Jacobo Grinberg, me ha llevado a campos completamente nuevos que me han cimbrado de forma especial. Y califico de especial porque es cuando me encontraba sumergido tratando de encontrar una liga con la religión que utilizaran para educarme, pero, siempre con ese tinte tiránico de una fe incuestionable que, a través del temor y culpa, me trataran de obligar a su aceptación. Algo que finalmente me alejara de la religión tradicional. Pero, al conocer los evangelios gnósticos, una tenue luz aparecía en medio de mi ruta.
Esa ruta donde descubriera a un Jesús diferente, un Jesús más cercano y, sobre todo, más concebible puesto que, al beber en manantiales diferentes, claramente ante mí surgía ese Jesús tecnológico y cuántico. Pero, aun habiendo llegado a ese punto, yo requería de más bases para lograr ese tinte final que le debía dar potencia a lo que se gestaba como mis nuevas creencias. Un tinte que de forma contundente me lo estaría dando este hombre al leer cómo afirmara que la mayoría del contenido de la biblia, antes de arribar a los evangelios gnósticos, era un instrumento para provocar un comportamiento especial de las neuronas cerebrales provocando una conexión de gran intencionalidad. Es decir, mensajes para un control de una potente intencionalidad de alguien ajeno a los verdaderos mensajes de Jesús.





