Ricardo Valenzuela
“El hombre más fuerte del mundo es aquel que siempre se mantiene de pie, estando ya solo, cuando todos han caído.”
Henrik Ibsen
Un par de amigos, no de esos que lo han sido toda la vida que me conocen bien, al leer mi nota de ayer me contactan pidiéndome expandiera esa línea donde describo mi soledad como un gran elemento del hombre, siendo que, para la mayoría de la gente es un estado de ausencia, es esa sombra negra que, armada con su silencio, surge como ese demonio que todos temen y siempre han tratado de evitar.
Y debo iniciar afirmando que, en mi caso, ese ha sido un estado natural desde que tengo uso de razón. Dese niño se me etiquetaba de antisocial, alguien alérgico a las actividades sociales y, de forma especial, mi madre se preocupaba porque siempre buscaba estar solo, porque jugaba solo en un mundo imaginario que yo mismo construía. Y cuando mis amigos de la escuela ya debutaban en actividades sociales clásicas de adolescentes, yo prefería ir a lazar becerros en mi mundo imaginario. Porque con esa imaginación construía mi realidad sin quien me detuviera.
