SOLEDAD MI AMIGA, NO MI ENEMIGA. PRIMERA

Ricardo Valenzuela

Física Cuántica Valida Las Enseñanzas de Jesús: El Poder del Observador 

Afirmaba Blaise Pascal que “todas las desgracias del hombre se derivan solo de su incapacidad para estar tranquilamente sentado solo en una habitación." Me llevaría mucho tiempo entender el potente significado de su afirmación, porque, sin mencionarla, Pascal se refería a la soledad, ese demonio tan temido por la mayoría de la gente que cuando yo desde niño ya la practicaba. Y esa horrible costumbre, entre otras cosas, me surtiría el sobrenombre de chero acompañado de la fama de ser antisocial. Sin embargo, el que me consideraran una mula espantada sin obedecer la rienda, nunca me preocuparía. 

Una mala costumbre que, al acudir al Tec de Monterrey, en el piso del dormitorio que me asignaran residían otros diez sonorenses, y se iniciaba el abandono de ella, puesto que, ante el sentimiento de un chamaco de 16 años extrañando su tierra, ese grupo sería un antibiótico especial y el abandono se hacía cada día más intenso. Después, a prematura y temprana edad, mi vida se desarrollaría entre un esquema de grandes éxitos profesionales que, no solo me apartaran de mi soledad, sino que era una importante obligación que debería cumplir y abrazaba ese mundo de los grandes reflectores y multitudes, pero, siempre extrañándola.

 Pasaron los años en los cuales, para enfrentar esa nueva vida sin mi soledad, me provocaba una gran incomodidad para actuar entre esas multitudes con la herencia de mi timidez, acudiría al alcohol que, de forma mágica, no solo la hiciera desaparecer, sino que me surtía esa falsa personalidad que, aunque me provocaba ser parte de esa exigente ruidosa sociedad, siempre me sentiría incómodo. Pero, después de muchos años, en cierto momento, de nuevo se me aparecía para exigirme hacer un inventario de mi vida. Y el resultado me mostraría mi gran error y, con una contabilidad negativa, decidí era hora de asumirla de nuevo. 

Pero, después de años perdido en un calcínate desierto, debía establecerla de acuerdo con los nuevos tiempos. Fue cuando descubrí a los grandes maestros de la soledad: Nietzsche, Schopenhauer, Spinoza y, sobre todo, el gran Marco Aurelio. Lo primero que me enseñaron fue que la soledad no era un castigo, era una gran oportunidad, no era mi enemiga, debía ser mi socia. La soledad era un poder ignorado para establecer control y así conocer a la persona más importante de mi vida, yo mismo. Era la mejor forma de regular nuestra energía que la sociedad bloquea.

La soledad nos debía llevar a la introspección como oportunidad de pensar y emocionalmente crecer. Y esa reflexión profunda solo se podría lograr en la soledad, era esa puerta que se abriría para penetrar ese paraíso de la Metafísica que ayuda al hombre a indagar la naturaleza del universo como un todo. Que nos permite hacer un viaje a nuestro interior para encontrar la capacidad de respuesta ante los ataques de las multitudes, a entender los pensamientos y sentimientos de nuestro jardín interior. Qué soledad no era ausencia, sino la presencia real de uno mismo. 

Nietzsche afirmaba que buscó la soledad para evitar problemas. Para no sufrir ante la superficialidad de tantas mentes cuando el estaba despertando la suya. La soledad le había surtido esa brillante luz para explorar y cuestionar lo tradicional. Y él no escribía para nadie, lo hacía para el mismo y el futuro lo debería juzgar. Escogía la soledad olvidando que nos etiquetaban como animales sociales. Porque sentía muchas de sus relaciones lo mantenían pequeño, porque la mayoría ya eran parte del rebaño. Porque, si tu verdad era diferente, la gente te rechazaba queriendo amarrarte al mismo palo. 

Solo el vacío de la soledad permitió emergiera su genialidad, el creador, el verdadero revolucionario, el que siempre protestaba ante lo incorrecto que nadie señalaba. El que apostaba a esa autenticidad que nunca se encuentra en las multitudes, a lo que su espíritu demandaba. Afirmaba que a veces la soledad duele, pero duele más la peor de las traiciones, la de ti mismo. La soledad lo llevaría a destruir lo que había sido y, como el escultor, en esa piedra inerte cincelaba lo que siempre había querido ser. En la soledad aprendió a tener menos necesidades. Y fue cuando, al descubrir la falsedad de las iglesias, entendió que debía depender solo de él mismo. 

Así yo entendí que en la soledad encuentras esa libertad de no tener pendientes, horarios, ni compromisos. Solamente así puedes encontrar el famoso Ubermensch de Nietzsche, el ser humano ideal que trasciende la moral convencional, supera el nihilismo, crea sus propios valores y afirma plenamente la vida, con el objetivo de alcanzar su máximo potencial. Es individuo que se supera a sí mismo, que va más allá de las limitaciones tradicionales para lograr el autodominio y una profunda afirmación de la vida. 

Pude regresar a los tiempos en que no necesitaba relaciones sociales que no me aportaran, pues en la soledad de nuevo encontraba la compañía de mis pensamientos purificados y protegidos. Y, como antes, no depender de validaciones con la seguridad de que ahora penetraba un campo donde reside la grandeza, no la mía, la de quienes quería observar y aprender. Ese campo solaz de la emergencia de genios como Marco Aurelio, esos hombres que preferían la soledad, nunca la conformidad. No tendría que disculparme ni justificar nada, allí navegarían mis escritos y mis ideas. No en las tribus que ha formado la humanidad. Sin sacrificar lo material, solo darle su dimensión. Solo, pero verdaderamente libre, elegía la soledad, no el ruido de la muchedumbre. 

Esa nueva libertad para, estableciendo nuevos valores y propósito diferente al de los viejos años, estoy haciendo lo que quiero, no lo que deba hacer porque es lo tradicional. Explorar esos rincones donde estoy seguro, allí residen esos poderes infinitos, los poderes de una conciencia superior y los del alma, no desde la perspectiva religiosa, sino de la realidad de la física cuántica que practicaba el verdadero Jesús en su soledad. 

Ahora entiendo esos mensajes de Jesús: “Cuando saquéis lo que hay dentro de vosotros, esto que tenéis os salvará. Si tenéis eso dentro de vosotros y no lo saquéis, esto que no saquéis de vosotros os matará.” "El Reino de Dios está adentro de vosotros y está fuera de vosotros. Quienes llegan a conocerse a sí mismos lo hallarán y cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, sabréis que sois los Hijos del Padre viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, sois empobrecidos y sois la pobreza.” 

 

           

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