LOBO DISFRAZADO DE CAPERUCITA ROJA

Ricardo Valenzuela  

 El Papa León XIV en Castel Gandolfo: “El bien molesta al demonio… pero no  se calla”

Después de sufrir el papado de Francisco ante una iglesia católica espiritualmente harapienta, con la elección de León XIV, sin tener la información de quien era, no podía establecer algún tipo de actitud ni de opinión acerca del nuevo prelado. Pero, después de leer una nota de alguien que respeto, tal vez la mal interpretaba para pensar era la nueva edición del otro papa León en sus mejores días, cuando hablaba de libertad y sin mencionar la palabra, describía un escenario ideal del verdadero capitalismo inclusivo para resolver la pobreza mundial, me sentía eufórico. 

Sin embargo, esa euforia tendría corta vida cuando vientos raros iniciaran el cimbrado del Vaticano, pero que no soplaban hacia la dirección que yo esperaba. Es decir, mis amigos cercanos dedicados a los negocios siempre habían navegado con la clásica actitud de no darle importancia a la religión. Pero, yo como economista y, sobre todo, queriendo conocer bien la “acción humana” de Mises teniendo una visión más profunda de esa ciencia, los libros de historia me develaban realidades que me conducirían a otros pastizales desconocidos.

Cuando el gran Weber describía el calvinismo y su creencia de que Dios había bendecido a esos elegidos por su estado de gracia y su libertad para lograr su prosperidad, me parecía la palanca mas poderosa para la expansión de su actitud hacia esa vida que llamarían el espíritu del capitalismo. Pues cuando la limitación del consumo se combina con esta liberación de la actividad adquisitiva, el resultado práctico inevitable sería una obvia acumulación de capital a través de la compulsión ascética de producir, consumir responsablemente y ahorrar. 

Y pasaba a describir el catolicismo con su gran énfasis del paraíso después de la muerte y, en especial, lo que percibía como un sistema católico éticamente más flexible que lo ubicaba en desventaja ante protestantes y judíos. El Dios del calvinismo demandaba de sus creyentes no solo una buena obra, sino una vida de buenas obras combinadas en un sistema unificado y redituaba. No habría lugar para el ciclo católico de pecado, arrepentimiento, expiación, liberación, seguido por otro pecado y el cura disponible. 

Era claro que el catolicismo seguía al pie de la letra los mandatos del esquema emanado del Concilio de Nicea el siglo IV. Pero, no era el mandato de Dios, sino el del emperador Constantino que fundaría la iglesia para controlar. Así, durante los siguientes 20 siglos esta iglesia, que no fuera fundara por Cristo, ejercería un pretoriano control de sus miembros. Pero ya en siglo 20 surgían los rebeldes como Carlos Rangel, afirmando el fracaso de AL colonizada por España católica, que había rechazado al emergente espíritu del modernismo construyendo muros contra el racionalismo y el pensamiento libre, las bases de la revolución liberal. Ello se traduciría en países controlados por la oligarquía permanente. Ninguna otra institución como la iglesia católica había contribuido tanto para condenar los países a sus miserias. 

Pero, habría otra historia más reciente que nos muestra ese esquema que, durante los últimos tres siglos, el control total de la humanidad se concentraba en Europa, pero, esas condiciones de control y explotación que se han llevado a niveles increíbles. Y, todavía más increíble, la iglesia católica he estado en el centro del entarimado especialmente desde que, la principal oligarquía, los Rothschild, tomara su control. Control que fuera fortalecido cuando los Rothschild se hicieran propietarios del Fondo de la Reserva Federal y del Distrito de Columbia.   

La relación financiera entre la familia Rothschild y la Iglesia Católica es un episodio histórico documentado que ocurrió y crecería principalmente durante el siglo XIX, cuando la Santa Sede enfrentaba crisis financieras severas tras las guerras napoleónicas y amenazaban su supervivencia. El Papa Gregorio XVI recurrió a la familia Rothschild, específicamente a James Mayer de Rothschild y Mayer Rothschild, para obtener un préstamo de £800,000 (una suma masiva en esa época) para de esa forma evitar la ruina financiera del Vaticano. 

James Mayer de Rothschild, director del Banque Rothschild de Francia, se convirtió en el banquero oficial del Papado. Su hermano Carl Mayer Rothschild —radicado en Nápoles y más cercano geográficamente a Roma— tuvo la primera reunión con el papa Gregorio XVI en enero de 1832. En dicha ocasión, se le hizo entrega a Carl Mayer de la cinta y la estrella de la Sagrada y Militar Orden Constantiniana de San Jorge. Y desde entonces los Rothschild han sido los banqueros del Vaticano y es bien conocida su gran influencia, no solo en la elección de Papas, sino en todo tipo de políticas. 

El Banco del Vaticano, bajo la presidencia del obispo americano Paul Marcinkus (originario de Chicago) se convertía en el banco de la mafia y en sociedad con El Banco Ambrosiano, que presidía Roberto Calvi, conocido como el banquero de Dios, se encontraban al borde del pecado de la insolvencia e incapaz de explicar la procedencia de 1487 millones de dólares desaparecidos en monumental fraude. Calvi misteriosamente aparecía colgado del puente de Londres. El Banco Vaticano se había convertido en su accionista mayoritario y ardía Roma. Ello provocaría el asesinato de Juan Pablo I quien estaba a punto de denunciarlo. 

Bill Clinton, que asistiera a una universidad católica, desde entonces a tenido conexiones importantes en el Vaticano, y con algunos de sus colaboradores católicos progresistas, durante mucho tiempo han estado influyendo al Vaticano por eso vemos el surgimiento del Wok, de organizaciones LGTBQ en su ruta hacia la santificación de su matrimonio, de los todos y todas, generales Trans vestidos con uniformes femeninos.  

Ahora la corona de San Pedro se le entregaba a otro prelado originario de Chicago. Y a solo meses de su coronación, recibía al bandido mayor de la banda de Obama y, sorpresa, al día siguiente iniciaba sus ataques contra Trump hipócritamente afirmando sus declaraciones no son políticas. Y, sorpresa, se develaban sus relaciones con la mafia de Chicago de muchos años. Y, en estos momentos, empieza a hervir un potaje que podría ser fatal para la iglesia, porque hay ya un movimiento interno de prelados listos para la batalla. Y, en mi caso personal, con tristeza veo que Leo IV es un lobo disfrazado de caperucita. ¡Que Dios nos agarre confesados!

 

 

 

 

 

 

 

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