Ricardo Valenzuela
Cuando sentí haber llegado a un punto especial de mi ruta que he llamado camino de la revelación. Algo que después de cabalgar por todos los centros de ideas diferentes pensando que, finalmente, encontraría esa elusiva fuente de sabiduria. Esa fuente donde deberían fluir las respuestas que le diera luz a la oscuridad de mi búsqueda, para identificar el veneno con el que deformaran a la humanidad. Un remedio para un mundo ausente de lógica, del pensamiento inteligente, cortesía de los venenos con los que, durante siglos, se habían vertido en los manantiales donde bebe la humanidad. La toxina que ha producido las sociedades actuales sin su capacidad de pensar, analizar, evaluar.
Y este proceso ha resultado en un mundo sujeto a las situaciones mas destructoras de los principios básicos con los que la misma naturaleza nos dotara. Y, haciéndolas a un lado, entregarnos a las primitivas conductas que claramente definen una humanidad que ha sido inoculada con el peor virus que se manifiesta en un avance de su autofagia moral, intelectual, de los valores que deben regir la vida. Y habiendo llegado a nivel de crisis, las sociedades han procedido a una inmolación colectiva, al suicidio de sus facultades cerebrales, del pensamiento lógico y, mas grave, un suicido espiritual, intelectual y moral. Se ha perdido la brújula y la verdadera concepción de lo bueno o lo malo, justo o injusto.
¿Cómo definir lo que es correcto y lo que no lo es? ¿Tiraremos una moneda el aire? Esto es lo que sucede en una sociedad de política patriarcal. Cualquier cosa es lo correcto si hay suficiente gente que lo quiera y lo exija. Cuando alguien roba la tierra de su vecino, lo llamamos así, robo; pero si el estado lo hace por él, lo llamamos justicia social. Cuando el estado expropia la riqueza que un hombre ha sudado para construirla, se les considera “compasivo”; pero al hombre que produce esa riqueza lo llamamos egoísta, materialista. Si una mayoría viola los derechos de un individuo, lo llamamos injusticia; pero si se ha llevado a votación, lo llamamos democracia.
Y después de haber penetrado los sitios más lúgubres de la naturaleza humana, ya frente a las filosas guillotinas de los filósofos más asertivos y crudos como Spinoza, Nietzsche, Volter, Isaias Berlin, Carl Popper. Pecando de iluso al acudir hasta mis viejas lecciones de catecismo en busca de “algo” para quienes han perdido, o ignorado, las reglas naturales, esos que han hecho de los viejos pecados su ruta crítica hacia la destrucción. Algo que me diera luz para, de la forma más primitiva posible, me surtiera la guía o el lenguaje para entender esos cerebros petrificados que se han adueñado de los paises, verdaderamente he sufrido.
Porque en su lenguaje toda esa fatal destrucción, para ellos es transformación, sus increíbles inmoralidades, para ellos es finalmente justicia social, todo ese cinismo abusivo al cometer sus delitos tan insultantes, para ellos es el derecho por haber ganado una elección robada y su justa retribución por haber logrado el objetivo que siempre habían perseguido. Los saqueos infinitos, su huachicol, su sociedad con el narco, los billones desaparecidos en obras como su aeropuerto, su tren maya, el metro que se está derrumbando, para ellos son mentiras de sus enemigos. Y si queremos un mejor ejemplo, tenemos a Venezuela, Nicaragua, Cuba y, por supuesto, los demócratas de EU.
Y en medio de mi frustración, como el envío de algún contorno divino, me enteraba de la existencia de un gran tesoro, los evangelios gnósticos perdidos durante 1,700 años que, por gracia de no se quien, tuviera acceso a ellos y lo que se me develaba es algo verdaderamente impresionante. Y al estar sumergido en ese proceso, me entero de que Mel Gibson, como lo hiciera Carl Jung, estaba en Etiopia donde su iglesia tenía les evangelios originales. Y al tener acceso a ellos, sabiendo habían escapado el corte del concilio Nicea, explotara llorando invadido del sentimiento que le provocaba los hubiera vetado el Vaticano. Luego feliz por haberlos leído afirmando; “nos han mentido durante 2,000 años”.
Fue cuando alguien me enviara una parte que yo ignoraba. Y al iniciar su lectura, creo haber encontrado una chispa de esa luz que tanto he buscado. Esa luz que claramente me señalaba la ruta por la cual han llevado a la humanidad hacia su conversión de una caricatura vergonzosa de la creación de Dios que, al haberle neutralizado ese reino interior, el reino que Jesus nos indicaba debíamos de encontrar, la dominaban. Porque ese sería el primer paso para nuestra liberación del Demiurgo, que siempre habia tenido vía libre para controlar esa creación celestial.
En esos evangelios, Jesus, invocando su física cuántica, advertía de lo llamado “Disentimiento Espiritual” lo que, para mi surgía con claridad la programación esclavista de la humanidad, y lo describe aludiendo a los soldados del mal que, a través de tres espíritus demoníacos, controlarían la humanidad. El espíritu de la distracción que nos apunta a lo más mundano, sexo, vicio, gula, trans. El espíritu de la duda que nos habla al oído, eres un perdedor y no hay nada que puedas hacer porque eres débil. El espíritu de la confusión, consecuencia de los primeros, que, como la manzana de Adan, nos provoca sentir que nos han engañado y debemos buscar otra alternativa, la santa madre iglesia protestando y renegando ante quien nos dio la vida.
Y, lo mas impresionante. Jesus nos haría varias advertencias, pero, a su estilo, requiriendo creatividad para entenderlas afirmando; “se construirán grandes templos afirmando son mis casas a donde los invitarán, es un engaño. Recogerán mis palabras para deformarlas y mal utilizarlas para ocultar sus maldades. Se dedicarán a construir un mundo demoniaco provocando dudas, inseguridades, distracciones, confusiones”. Hablaba de un angel desconocido llamado Suriel describiéndolo como el más allegado a él. Dejaba instrucciones para orar con diferentes oraciones y cómo hacerlo (física cuántica) en las diferentes horas del día con posiciones especiales del cuerpo.
Todo esto será incluido en la nueva cinta de Mel Gibson.
No hay comentarios:
Publicar un comentario