PILARES MENTALES DE LA PRISION MEXICANA. LA SAGRADA INQUISICION

Ricardo Valenzuela

La negra historia de la Santa Inquisición 

Antes de profundizar en los pilares que sostienen la estructura de la sociedad mexicana, para entender la ruta que se ha seguido, debemos fijar la atención no solo en la herencia de España, aunque tuvo el timón de nuestra nave durante 300 años, y la iglesia católica representaba el poder mundial. Pero, ante la rebelión de Lutero que de inmediato cautivara todo el norte de Europa, temerosa que en el sur sucediera lo mismo, apretaría las cadenas de sus prisiones con una nueva herramienta, la Sagrada Inquisición, y de forma muy especial construía las murallas de su fortificación mental, su obra milenaria. 

Y, sus nuevas cadenas nos llegaban con la Sagrada Inquisición en Nueva España como un tribunal del Santo Oficio establecido en la Ciudad de México el 16 de agosto de 1571. Su objetivo principal era vigilar la ortodoxia católica, proteger los dominios de la Corona española y castigar delitos contra la fe, y así ejercer un control ideológico y religioso sobre la población con normas de conducta que regirían la vida en la Colonia. Se habia detectado que otra de sus atribuciones era la vigilancia de lo que fuera la incursión de judíos ligados a fuentes masónicas que surgían en EU. Lo que iniciara esa vigilancia, fue lo que llegaría hasta el juicio de los judíos Carvajal que, con habilidad, infiltrarán el gobierno colonial. Luis de Carvajal era uno de ellos que, después de explorar el norte, se establecía en el Nuevo Reino de Leon para, con engaños, dar la bienvenida 100 familias judías y establecerlas en Monterrey.

 Los estertores de Lutero llegaban a las colonias inglesas con la mira clara hacia la Nueva España. Se iniciaba un tipo de enfrentamiento de protestantes y católicos en America. La lucha feroz por las mentes de una humanidad que había estado prisionera durante casi 2,000 años. Y, el gran premio de la batalla, eran los territorios del continente americano de inmensa riqueza. 

Y cabe ahora preguntar ¿Qué causó la rebelión de Lutero que dividió al mundo occidental? Para no pecar de superficial hay que acudir a los filósofos de cuchillos afilados. Esos pensadores rudos y asertivos que no solo identificaban causas, las expondrían con su crudeza afirmando: Se debe reivindicar, como producto del hombre, la belleza y sublimidad que ha proyectado sobre cosas reales o imaginarias dando vida a su bella apología. Al poeta, al pensador, al filósofo, al amor, poder. ¡suprema y regia liberalidad que ha donado a sus causas, para empobrecerse y en esa miseria sentirse puro! Esto ha sido su único altruismo; admirar, ocultando que era él quien había creado lo que admiraba. 

De la misma forma que el ignorante cree que la ira causa sus conductas salvajes; el espíritu es la causa de sus pensamientos; el alma origen de todo lo que siente; es la misma forma con la que hoy se aplican, superficialmente, un sinfín de estimulantes psicológicos que deben ser causas, así, a niveles, todavía más ingenuos, el hombre ha explicado esas mismas apariencias y conductas con la ayuda de estimulantes psicológicos personales. Los estados del alma que le parecían extraños, arrebatadores, agobiantes que los consideraba grandiosos y sublimes, pero él atribuía ese poder a otra persona o fuerza desconocida. 

Así el cristiano, la clase de hombre más ingenua y retrograda, la esperanza, tranquilidad, el sentimiento de redención, de futuro brillante, los asigna a un Dios de inspiración psicológica; para él, ese tipo sufriente, intranquilo, derrotado, esos sentimientos de felicidad, de los grandes logros, tranquilidad, de gran poder, le parecen extraños e imposibles, algo que requiere explicación. 

Pero para hombres de gran vitalidad, inteligentes, seguros, fuertes, parecía que solo el epiléptico era al único que le despertaba el convencimiento de que un poder extrañó se proyectaba en él; pero, igual, cualquier esclavitud análoga, como la del iluminado, el poeta, el fino criminal, esas fuertes pasiones como el amor y la venganza sirven para promover el surgimiento de poderes sobrehumanos. Se concretaba ese estado en una persona y, se suponía que, cuando este estado surgía en nosotros, era el efecto de aquella otra persona. Era la formación psicológica de Dios, un estado que se personificaba como causa para luego llegar a provocar el efecto de algo. Física cuántica incompleta. 

Y aquí tenemos la lógica de la psicológica: el gran sentimiento de poder, cuando de forma repentina y subyugadora se apodera del hombre—el caso de ese estadio de todos los grandes afectos—no lo puede creer y de inmediato le provoca esa asesina duda de su capacidad; se siente un impostor y no se atreve a pensar que ha sido él quien causara ese sentimiento tan poderoso y, por eso, en estos casos procede a establecer una personalidad más poderosa e invencible como la causa, la divinidad. Física cuántica no entendida.    

El origen de la religión reside en su maestría al manejar los sentimientos extremos de poder que, mesclados con los culpa y temor, al estilo original de los mandamientos de Nicea, son tan extraños para quien nunca los experimentara, que siempre desconciertan al portador. Y de la misma forma que un corredor que siente ser mediocre, sorprendido con un triunfo inesperado, piensa que no fue él quien ganó la carrera, que algo extraño sucedió, así llega a pensar que alguna fuerza desconocida lo había empujado hacia la meta. 

Así, el ingenuo como gran piadoso se divide en varias entidades. La religión es un caso clásico de esa alteración de personalidad. Una especie de sentimiento de miedo, inseguridad y temor ante uno mismo, ya sin voluntad de poder. Pero, también, un potente sentimiento de felicidad y superioridad extraordinarios. Entre los enfermos, basta la sensación de salud para llegar a creer en Dios o en su proximidad (física cuántica en acción)    

Todas las transformaciones son efectos, todos los efectos resultan de la voluntad, todos los resultados tienen un autor, solo es causa cuando se sabe que se ha querido. Y cuando nos dan la impresión de nosotros no ser la causa, que suceden sin haberlos inducidos, no somos autores, nos indican una voluntad ajena, que no es libre. Las religiones promueven la duda sobre nuestra unidad, la alteración de personalidad. Era cuando lo grande y todo lo fuerte del hombre se concebía como extraño a él, se le empequeñecía, se colocaba ambos aspectos en dos esferas, una lastimosa débil y otra fuerte, a la primera la llamaron hombre, y la segunda Dios. Al hombre, de forma subliminal, se le ha despojado de autoría de lo bueno, lo grande, lo sublime, y piense que ha sido donado por una cierta gracia

 

 

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