RESCATAR EL SIGNIFICADO DE “DEMOCRACIA”.

Ricardo Valenzuela

They Who Can Give Up Essential Liberty To Obtain A Little Temporary Safety  Deserve Neither Liberty Nor Safety ~ Benjamin Franklin Quote Metal Photo  Q-488 – DOMAGRON 

En medio de tanta confusión que ha surgido en países donde siempre ha reinado la ignorancia política, ese vacío que se ha manifestado en sociedades que, en medio de tantas situaciones desesperadas, se les ha manipulado para pensar que, la ya tan repetida democracia, es solamente ejercer el poder de esas multitudes para elegir a los que les prometen los regalos más llamativos. Es decir, elegir al demagogo más seductor y, de inmediato, con alguna magia nueva, lleguen los obsequios siempre gratis. 

Es una pena que se utilice esta palabra para lo que debería ser cátedra de un sistema político más completo que el ya viejo: “sufragio efectivo y no reelección”. Nos hemos olvidado de que, durante más de 2,000 años, los filósofos han especulado, analizado, debatido las mejores formas de gobierno, las razones para obedecer al Estado, derechos del individuo, conceptos de libertad, igualdad, justicia. En el amanecer de la tradición política y democrática occidental del siglo 18, que emergía de la sensibilidad humanística e intelectual de la Revolución Científica, surgiría un poco de luz.

 Emergía la piedra angular de la verdadera democracia que, como lo señalamos, es mucho más que la fraudulenta elección de líderes políticos. Esa luz la encendían dos brillantes publicaciones que provocarían el siglo de la Ilustración filosófica y política. John Locke con su “Segundo Tratado de Gobierno”, y Thomas Paine con “Los Derechos del Hombre”. La ruta crítica que llevaría a las colonias inglesas en América a convertirse, en solo cien años, en el país más rico, próspero y poderoso del mundo. De esa forma desplazaba al Imperio Británico de ese lugar que le había tomado siglos alcanzar.        

Yo quisiera preguntar: ¿Existe en el mundo un buen gobierno, o, mejor, un gobierno que no sea tan fatal y destructivo como el que tenemos en México, el de Venezuela, Cuba, etcétera? Debo consultar a uno de estos sabios que, primero, nos ilustre en la formación de un gobierno tomando lo que le dictaba a EU al haber nacido como nación. John Locke, el amigo de Spinoza, iniciaba. 

El hombre, una creación de Dios, decidió que no era bueno para él estar solo; le creó obligaciones, necesidades, conveniencia, para dirigirlo a vivir en sociedad. Pero con la clara etiqueta de una libertad perfecta y, además, la libertad para disfrutar de los derechos y privilegios que ofrece la ley de la naturaleza, y que todos sus miembros tuvieran la oportunidad y gozaran de ella. “Nacía la necesidad de un sistema legislativo para sentar las reglas”. Pues fuimos asignados por el creador para desarrollar nuestros activos naturales—es decir, nuestra vida, nuestra libertad y nuestra propiedad, libre de injurias y de las agresiones de otros. Y también juzgar y castigar a quienes no respeten esa ley, castigo que requiera la ofensa, inclusive, con la muerte en crímenes cometidos con barbaridad que, en opinión de la sociedad, fuera merecida. 

Porque ninguna sociedad política puede existir, ni subsistir, sin que ella misma tenga ese poder para preservar esos derechos individuales, y de forma expedita castigar las ofensas que cometan todos los miembros, así y solo así, habrá una verdadera sociedad política donde cada uno de sus miembros abandona, de forma especial, esa porción de su poder natural para ubicarlo en manos de la comunidad en todos los casos que lo excluyan, pero no para apelar por la protección de la ley establecida para ello. 

Así, en todos los enjuiciamientos privados de cada miembro que haya sido excluido, la comunidad opera como árbitro, y mediante la aplicación de normas imparciales y acciones de personas autorizadas por la comunidad para ejecutarlas, se resuelvan las diferencias que surgieran entre los miembros. Diferencias que afecten cualquier área del derecho y castigo de esas ofensas cometidas contra individuos o contra la sociedad, como claramente dictaría la ley. Y gracias a este mecanismo era fácil discernir quiénes formaban parte de la sociedad política y quiénes no. Algo de importancia primordial. 

Aquellos que estaban unidos en un solo cuerpo social, tendrían una ley común establecida y la judicatura en donde podrían apelar. Ley con autoridad para decidir controversias entre ellos y castigar culpables; unos con otros estarían unidos en una sociedad civil, sin perder su individualidad, pero los que no tenían ese atractivo de comunidad en todo el mundo, eran quienes todavía vivían en estado natural, esos seres que viven donde no hay otros; ellos mismos son jueces y ejecutores; el estado original de naturaleza que no ha evolucionado. (partidos políticos) 

Así es como nace la comunidad con el poder para establecer los castigos que se deberían aplicar a las transgresiones cometidas entre los miembros de esa sociedad (poder de establecer leyes), pero también para castigar injuria sufrida por cualquier miembro de parte de un poder ajeno (poder de guerra y paz), siempre para la preservación de los derechos de miembros de la sociedad. Pero, aunque cada hombre al entrar en sociedad renunciaba a su poder para castigar ofensas en contra de él y la ley de naturaleza ejecutando su juicio privado, aun con el juicio de ofensas que entregaba al legislativo, era castigo para su satisfacción y era su justicia.

Así, en todos los casos, él podría apelar a la magistratura; él daba un derecho a la comunidad para emplear la fuerza y lograr la ejecución de una sentencia judicial, que en realidad era la suya, aunque ejecutada por la autoridad que lo representara. Y aquí vemos el origen de los poderes legislativos y judiciales de la sociedad civil. El juzgar con leyes establecidas la gravedad de ofensas para castigar cuando sean cometidas dentro de la comunidad, y también juicios ocasionales fundados en circunstancias presentes del acto, de injurias de países foráneos para ser vindicadas y libertad de usar la fuerza. 

Eran los cimientos para la construcción de un gobierno novedoso y diferente. Luego se complementaría con lo que definía Paine: “La sociedad nace de afectos y es positiva. Pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es más que un mal necesario; y en su peor estado, un verdugo cruel e intolerable”. 

Tal vez a eso se refería Franklin cuando, caminando por la ciudad, la gente le preguntaba. Dr. Franklin, ¿qué clase de gobierno nos están dejando? Franklin, con gran asertividad, respondería: “Una república, a ver cuánto les dura”.

   

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