VIAJE AL INTERIOR DE UN INFIERNO. MORENA

Ricardo Valenzuela

Andy' López Beltrán deja Morena para buscar una diputación por Tabasco | EL  PAÍS México 

Cuando en 1982, López Portillo, llorando, notificaba al congreso su decisión de expropiar el sistema bancario mexicano, y pasaba a culpar a los banqueros del viacrucis que él había causado, yo estaba seguro de que el sector político del país nunca podría caer más bajo. El país estaba desgarrado y no había actividad que no hubiera sufrido los destrozos de este hombre que lo asomaba al precipicio. Esa experiencia que, de forma especial, yo la sufriría, puesto que, siendo director general de Banpacifico, apenas asomándome a mi tercera década, me clavaban un puñal al expropiarme mi carrera. 

Pero, la que ha estado viviendo el país en manos de estos criminales con su diabólico estandarte, Morena, ha sido un cincelado de tal forma que, aquel 1982, muy pronto será desplazado como la peor tragedia económica de nuestra historia. Jamás cruzó por mi mente que un grupo de facinerosos tan destructivos pudiera tomar control del país para saquearlo. Jamás había yo atestiguado un grupo de zombis portando ideas tan ilógicas, inmorales, y las defienden solo esbozando esa clásica agresión de los pandilleros que no tienen argumentos.

Pero ayer, al leer la carta que el hijo de AMLO le dirigía al presidente Trump, ya con el estómago revuelto, llegaba a ese punto del cinismo clásico de ellos al afirmar que todas sus conductas eran de la más alta ética, integridad y moralidad. De inmediato, yo me propuse escarbar en mis viejas notas para encontrar las raíces de la pesadilla que, sin lugar a duda, es la que portan esos cerebros deformados. Porque, lo verdaderamente grave, es que lo expresan, realmente lo creen. ¿De dónde han extraído esa vergonzosa coraza? ¿En dónde encontraron ese principio destructor renegando de la historia, lo bueno? 

¿De dónde emana la confusión perversa de su genealogía de la moral y su nueva clasificación de lo bueno y lo malo? Lo primero que se me ocurrió fue que tal vez buscaron y situaron el concepto de “bueno” en los sitios equivocados, porque el juicio original de “bueno” no surgía entre quienes recibirían bondades de caridad. Pues la realidad había sido que los etiquetados como buenos—aristócratas, los poderosos—fueron los que se adjudicarían lo bueno por sus acciones con las que, supuestamente, eran una contraposición a lo bajo, lo mezquino, al plebeyo. Y partiendo de ello, se arrogaron el derecho de crear valores en su propio beneficio y acuñarlos con etiquetas especiales. 

Habían creado una efervescencia volcánica de valores supremos para formar y delimitar una jerarquía interna. Fue entonces que se pudo apreciar el contraste con la tibieza que presupone una combinación de sagacidad mundana y el cálculo de conveniencia práctica de forma crónica. El pathos de la nobleza y distancia. El espíritu del cuerpo crónico y despótico, y una raza superior dominante frente a una inferior, dando origen a la antítesis entre bueno y malo. El derecho de los señores a bautizar las cosas con su lenguaje era su expresión de poder. Ellos decían: "Esto es esto y aquello es aquello, sellando cada objeto y cada acontecimiento y, al mismo tiempo, se adueñarían de todo lo disponible. 

Con este origen, la palabra bueno no tenía relación con actos altruistas. Pero sería todo lo contrario cuando decaían los valores aristocráticos y la antítesis entre egoísta y altruista tomaba peso en la conciencia humana. Pero aun así predominaría el prejuicio que, actuando con intensidad de obsesión, sostenía que moral, altruista, y desinterés, eran equivalentes. Pero era claro que la utilidad de la conducta altruista era egoísta, pero se olvidaba. 

Y en la ecuación surgía un nuevo factor como la casta elevada, la fuerza sacerdotal que había logrado, con superioridad moral, la superioridad política, y ellos identificaban hombres puros e impuros y las confusiones crecían. Esa valoración sacerdotal podría derivar del modo aristocrático, y desarrollarse hasta convertirse en esa antítesis, una fuerza motivada por odios, venganzas, ambiciones desmedidas e inmorales. Y con esa gran sutileza de la venganza sacerdotal, emergían invencibles porque tenían el poder de transvaloración de las reglas a su favor. Y lo que vemos en Morena es esa política de venganza y rapiña que se formaría muy lentamente, hasta explotar como lo ha estado haciendo. 

Asumieron la moral de los esclavos robando como aristócratas, y para sobrevivir, necesitaban un enemigo externo y operar en absoluto, sin límites ni reglas, pues ellos actúan a base de reacciones animales. Y contra sus enemigos operan como lo que son, criminales, vulgares, sin escrúpulos, con sed de venganza, odio de lo que fueron y, al actuar de esa manera, en el fondo se sienten aristócratas vengativos. Y el llegar a sus nuevos niveles de un poder desconocido, fue el logro del objetivo supremo, y se disfrazan de redentores y de nuevo pregunto. ¿Podría así la mente humana, con diabólicas herramientas, seducir, embriagar y contaminar hasta el símbolo de la cruz como lo hacía Chávez muy seguido?     

Yo he llegado a pensar que el Peje es el anticristo y no hay que ignorarlo. Es un ser cuyo peligro crece al ritmo del poder que con gran determinación arrebata. Él tiene esos ideales ascéticos. Una especie de instinto diabólico para identificar condiciones y implantar sus ideas en los fracasados siempre quejándose, un intento para lucir como el salvador para este mundo inconsciente, una forma sagrada de su desenfreno ante todo lo pretendido, su principal arma contra el dolor y el hastío, en los que ejercen como sacerdotes (narcotraficantes) tiene su mejor instrumento de poder y la autoridad para ejercerlo, en los que operan como santos, un pretexto para la hibernación, su locura por la gloria, su aurea de santidad, su locura. 

Y este nebuloso destino que se cierne sobre México es, en mi opinión, la tragedia que presenta a sus hijos más fuertes, que muy pocos alcanzan la primavera de sus vidas. Y, por lo general, cuando aún son jóvenes, se inmovilizan, entristecidos, hastiados, con la mente nebulosa, porque ya han apurado hasta el fondo, con pasión y con fuerza, la copa de la desilusión, la copa del conocimiento, esos que no alcanzaran su nivel ubermensch, porque fueron los más desengañados. Esta debe ser la prueba de su poder, que ha estado inerme; sobreponerse a la enfermedad, lograr su salud y de nuevo salir a la lucha. 

Porque este es el peligro actual: todo lo que amamos en la juventud, nos ha traicionado. Nuestro último amor: el amor que nos debería llevar a reconocerla. Nuestro amor por la verdad, y ella no nos traicionará.           

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