Ricardo Valenzuela
Durante la revolución mexicana, en los estados del norte surgirían hombres muy es-peciales que hubieran heredado el valor, cierta arrogancia, y toda la temeridad de sus ancestros que, durante siglos, habían tenido que combatir a los indios más fero-ces del continente, los apaches, tribus que, inclusive, hasta finales del primer cuarto del siglo 20, desde sus guaridas en la sierra madre, habían permanecido en guerra contra los nakayes como ellos habían bautizado a los españoles y mexicanos blan-cos.
En Sonora, no serían las únicas tribus combatiendo con la misma ferocidad has-ta el inicio del siglo 20 a los que ellos bautizaran como yoris (españoles), los yaquis.
Y, el nido más importante de ese tipo de hombres sería Sonora, de donde emergían para darle cara a la revolución con sus triunfos militares que los harían legendarios y, después, con su participación en la política en donde sus acciones seria igualmen-te legendarias. A ese grupo se le conocería como la Hegemonía Sonorense y, quien fuera su líder, Álvaro Obregón, escribiría grandes páginas en ambos teatros, la gue-rra y la política. El único general invicto de la revolución admirado por todo el mundo por sus brillantes tácticas de guerra que lo definían como un genio militar.
Con el asesinato del presidente Madero y la presidencia, por decisión del embajador de EU Lane Wilson, recayera en Victoriano Huerta, el grupo se levantaba en armas en apoyo de Carranza para expulsar a Huer-ta y llevarlo a la presidencia.
En esos momentos era muy clara la intervención de los EU que, a través de su emba-jador Lane Wilson, tenían que sancionar cualquier decisión que se tomara y se le consideraba el verdadero poder en México. Así, con la fuerza de la flota americana ya anclada en Veracruz, la decisión de Wilson y los triunfos militares de Obregón, llega-ba a la presidencia el falso constitucionalista Venustiano Carranza quien, de inme-diato, nombra al Gral Obregón Ministro de Guerra.
Pero, ante tan descaradas accio-nes, emergía ya la seguridad en que las elites globales operaban a través del go-bierno de EU, en la figura de Sherburner Hopkins quien, representado a Charles Flint y Henry Pierce, suministraba ayuda de $1 millón de aquellos dólares.
Ambos hombres era sabido formaban parte de la lista de empleados de John D Ro-ckefeller, quien ya iniciaba las acciones para fundar su Council of Foreing Relations que, a futuro, en manos de su hijo David se convertiría en el brazo promotor de las elites globales para avanzar el marxismo por todo el mundo. De inmediato se sentía su influencia en todas las decisiones del presidente Carranza y emergía un movi-miento similar al de la Revolución Francesa de 1789, la española de 1835, la soviéti-ca de 1917, y de nuevo en España en 1936, algo que preocupaba profundamente a los sonorenses.
Al desconocer a Carranza los generales Villa y Zapata, emergería la figura de Obre-gón con un brillo especial y se iniciaba el cincelado de la Hegemonía Sonorense para controlar los destinos del país por los siguientes más de 20 años. Obregón derrotaba a Villa en todas las batallas en que se enfrentaran, y Zapata habiendo sido reducido a nivel de guerrillero y luego asesinado. La Hegemonía preparaba el camino libre ha-cia el poder y la consolidacion de la verdadera revolución….y su poder.
Pero, Carranza no seguía al pie de la letra las instrucciones recibidas junto al apoyo de las elites globales representadas por el gobierno de EU, especialmente la de apresurar el camino hacia el ejido y la persecución de la iglesia católica, lo cual pro-vocaba disgusto en esas alturas. A punto de finalizar el periodo de Carranza, Obre-gón lanza su candidatura presidencial desde Sonora que apoyaban todos los clubes liberales del Estado.
Ante esa situación, Carranza, que ya había seleccionado su can-didato quien, curiosamente, era también sonorense, Ignacio Bonillas, monta en furia y envía al Gral Diéguez a Sonora para manifestar al gobernador de la Huerta que, si el gobierno y el pueblo de Sonora no secundaban su política, regresaría al mando de unos 20,000 hombres para “alinearlos”.
Pero, Obregón confirmaba y oficializaba su candidatura y, Gilberto Valenzuela, como presidente del Congreso, con la venia del gobernador, de su autoría dirigió un men-saje a Carranza en el cual le hacia ver que no había motivo ni justificación para en-viar el ejercito en contra de una entidad que se encontraba en paz y dentro de un régimen legalmente constituido, y ello podría acarrear graves circunstancias para el país. Se discutió el documento entre todos los generales sonorenses afirmando que, agotados todos los medios pacíficos sin respuesta, el Congreso del Estado facultaba al ejecutivo para la defensa de la soberanía de Sonora.
Por instrucciones de Obregón, Calles se dirigió a la ciudad de Agua Prieta en donde, autoría de Valenzuela, publicaba el Plan de Agua Prieta. Todos los jefes y oficiales del Ejercito Liberal del Noroeste firmaban el documento. El Plan fue secundado por la mayoría del pueblo y del ejército para luego ser reconocido por el Congreso de la Unión. Carranza, ya sin el apoyo de la Casa Blanca, abandonaba la presidencia y en su huida hacia Veracruz seria asesinado.
Obregón, después de una presidencia pro-visional de Adolfo de la Huerta, asumía la primera magistratura para lidiar con los planes exigidos por las elites, en particular en lo agrario, religioso y, en general, en lo económico que exigían el inicio del socialismo.
Obregón, un hombre de una inteligencia superior, famoso por su memoria fotográfi-ca y su gran sentido del humor, ahora se enfrentaba a la amenaza más grande que, de forma tiránica, había decidido moldear a México de acuerdo a sus intenciones pa-ra oprimirlo, subyugarlo y saquearlo, al inicio de la Hegemonía Sonorense que, sin éxito, se enfrentaba al poder infinito de las elites globales.
El sería el primero en cla-ramente identificar el plan macabro de las elites y, como buen estratega, formulaba un plan en el cual Calles tendría un papel neurálgico que, finalmente le costara la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario