Ricardo Valenzuela
Para tratar de entender el manicomio que está viviendo México donde, para su desgracia, ya se acepta como su nueva normalidad pues ya todo es incoloro, insípido, tibio, pero verdaderamente venenoso, hay que excavar profundo. Tan profundo para entender lo inentendible, no justificar lo injustificable y, al auscultar un poco, vemos una sociedad de individuos ausentes de lógica, de la razón, que manifiestan sus conductas con ese cinismo y asertividad, porque sus estilos son ya la representación de sus virtudes que antes eran crímenes reprobables y, lo más grave, esos actos asertivos cada día aumentan señalando una clara decadencia.
Y, en este proceso, vemos claro que, en el valle de los ciegos donde el tuerto es el rey, ha sido el engaño más grande fabricado exprofeso, porque ahora los ciegos son la nueva moda, los aceptados, los admirados y recompensados por otros de ceguera especial, encargados de fabricar esas imágenes criminales en su mente como guía para los primeros. Y, a través de la historia, los filósofos más odiados fueron los que tenían ojos sanos y, con esa visión especial, se atrevieran a denunciar las barbaridades de la administración de ciegos que estaban en todas partes, desde la plebe, hasta en las iglesias.
Uno de ellos fue Arthur Schopenhauer, el famoso filósofo maldito que la humanidad tardaría 200 años para reconocer su sabiduria a través de la física cuántica, las matemáticas de Einstein, la psicología espiritual de Karl Jung. El arremetía contra los ciegos conformistas del sufrimiento terrenal esperando el premio del paraíso celestial. Él, siendo hijo de un millonario, denunciaba que las condiciones de sufrimiento de tanta gente eran consecuencia de esa ceguera de los pecadores terrenales, provocada por hombres abusivos como su padre que los explotaban.
Al inicio podría haberse confundido como admirador de Marx, pero, después de llevar sus ideas a cierto punto, por consejo de von Goethe, el famoso autor de Fausto, la historia de un hombre que vende su alma al diablos, se daría a la profunda lectura de Kant y Platon para cimentar más sus ideas que, poco después, inspirarían a Nietzsche. Y así le daría vida a su famoso ubermensch, ese superhombre blandiendo individualidad, amante de la soledad y constructor de esos sueños grandes. Aunque, al estilo de rudo Schopenhauer, tendría un fuerte desacuerdo con Goethe, este siempre describía a su amigo como un genio rudo y mal educado que a futuro llegaría a ser odiado por muchos.
Por esas denuncias se le etiquetaría como el filosofo del pesimismo. Pero, en realidad su filosofía era una explosiva rebelión en contra de la mediocridad promovida, establecida y aceptada por esos ciegos de la realidad. Y ya con una mente más alineada con lo que sería el superhombre de Nietzsche, continuaba denunciando la explotación de los ciegos fabricados que aceptaban sus sufrimientos perdiendo su dignidad. Schopenhauer denunciaba la explotación, pero, igualmente denunciaba a los explotados que transitarían sus vidas como parte del rebaño siguiendo un cencerro.
Para señalar con mas profundidad la tragedia de la humanidad que él sí veía, escribía su magna obra. “El mundo como voluntad y representación”, desde el punto de vista literario la obra maestra de la lengua alemana de todos los tiempos. En ella, Schopenhauer presentaría un sistema filosófico que comprendía una sola metafísica, el fundamento único de la realidad. Esa característica principal de todas las cosas, incluidos los seres humanos, sería la voluntad la cual es ciega, irracional, absurda y fuente de sufrimientos. Su filosofía culminaría con el ideal budista del nirvana, serenidad absoluta que aniquila la ciega voluntad.
El comparaba la vida como un póker donde todos jugamos y el destino que baraja las cartas habla, pero nosotros las jugamos con la información que habremos acumulado. No solo lo que hemos recibido al nacer, tampoco todo lo que nos sucede durante la vida, depende de nosotros, como tampoco cuando se reparten las cartas de una baraja antes de jugar o esas que recogemos de la pila de las trampas. Pero sí influye en forma importante la clase de representación que le demos a las diferentes jugadas de la baraja en la vida. Y, sobre todo, quien es el encargado de repartirlas.
Pero la voluntad del mexicano nunca ha sido libre. Porque nos incrustaron un carácter invariable y nuestra conducta así se desenvuelve necesariamente, guiada por motivos especiales. Pero, cuando hay alguien creando esos motivos, mas se esclaviza la voluntad que desciende a los niveles incomprensibles como los que estamos atestiguando en Mexico en estos momentos. México ha llegado a estar formado por una sociedad muy enferma y sin voluntad de poder.
El otro era Nietzsche quien pensaba que había dos clases de hombres: los señores y los siervos, que ambos han dado sentido diferente a la moral. Para los señores, el binomio “bien-mal” equivale a “noble-plebeyo”. Desprecian y consideran malo todo aquello que es fruto de la cobardía, del temor, de la compasión no merecida, todo lo que es débil y disminuye el impulso vital y la voluntad de poder. En cambio, aprecian como bueno, todo lo superior y altivo, fuerte y dominador. La moral de los señores se basa en su seguridad personal, el orgullo propio y confianza en sus capacidades.
Por el contrario, la moral de los siervos nace entre los oprimidos y débiles, y se inicia condenando los valores y las cualidades de los fuertes y poderosos. Una vez denigrado el poderío, el dominio, la gloria de los señores, es cuando el esclavo procede a decretar como “buenas” las cualidades de los débiles: la compasión inmerecida, servicio, la paciencia, la humildad. Los siervos inventarían una moral que hiciera más llevadera su condición de esclavos. Esos son los más ciegos de todos los participantes porque nunca han querido ver.
Como tienen que obedecer a los señores, los siervos aceptan que la obediencia sea buena y que el orgullo sea malo. Como los esclavos son débiles promueven valores como la mansedumbre y la misericordia; por el contrario, critican la ambición y la fuerza. Y esta es la peor forma de destruir la fortaleza de una sociedad que pierde sus facultades de evaluar y solo actúa por los impulsos fabricados. El manicomio de México que lo va a destruir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario