Ricardo Valenzuela
Decía uno de mis profesores que hay pocos desvíos que no cure la sabiduría, y en aquellos años universitarios yo solo me reía, porque Mexico había sufrido una de las peores amenazas que lo ha postrado en donde lo tenemos, el desvío de la inmoralidad tan bien descrita por el alazán tostado; “moral es el árbol que da moras,” o “el que no tranza no avanza.” Pero, me tomaría tiempo darme cuenta de que, el país que fuera de mi gran admiración, los EUA, había caído en las manos más inmorales de su historia, lo que, silenciosamente, lo ha llevado a la encrucijada que en estos momentos lo asoma al precipicio.
Y para entender esto que ha sido una de las más grandes decepciones en mi vida, debería llegar a entender el verdadero significado de esa inmoralidad. Debería entender el origen de las valoraciones morales con las que el mundo se ha estado destruyendo y, para ello, después de navegar perdido, solamente acudiendo a la filosofía real, empezaba a surgir esa luz al estilo de la caverna de Platón donde moraban los ciegos. Y siguiendo esas pistas pude conocer a los filósofos más odiados de la historia. Spinoza, Nietzsche, Schopenhauer y, en especial, Ayn Rand. Pero, lo que surgía inicialmente, era algo verdaderamente alarmante, especialmente, cuando llevé a cabo una autopsia de la moral del cristianismo de Nicea.