Ricardo Valenzuela
Cuando rescaté el paquete de información conteniendo las ideas de Jacobo que había permanecido empolvado por tanto tiempo, no tenía la menor sospecha de lo que me esperaba, pues, lejos de la superficial impresión que yo me había formado al conocerlo aquellos años lejanos, solo un científico investigando el cerebro humano, yo había mostrado mi miopía. Al avanzar en su revisión, claramente aparecía no solo ese científico radiando genialidad, sino también un místico de una nueva espiritualidad similar a la increíble habilidad de Joe Chamaco, aquel profesional del billar jugando en varias bandas con una maestría casi celestial.
Me daba cuenta de que, mi viejo sueño de conocer mejor el gran potencial del cerebro, en realidad era respuesta a lo que Jacobo llamaría como ese proceso de un despertar, no para iniciar una nueva construcción, sino para remover el polvo de lo que había estado cubriendo la realidad de quien verdaderamente soy. No un explorador en busca de lo desconocido, sino para recordar lo que ya sabía, pero, que ya tenía y había olvidado. Algo que, de inmediato, ligara con el verdadero mensaje de Jesús, porque él no había venido a construir una religión, sino a despertarnos para encontrar la chispa divina ya incrustada en nuestro interior.
Así, al llegar a sus afirmaciones de la orquesta del universo que representaba un campo sintético al cual nos deberíamos sumar, pero, solo habiendo logrado la misma vibración de ese universo, sentí ese potente campanazo de la realidad. Y, lo complementaba afirmando tenemos un doble. Uno que opera extraviado sin alguna coherencia y el otro siempre esperando, lo que él descubriera midiendo las ondas del cerebro que mostraba esa esfera para lograr una mágica coordinación entre cuerpo, mente, y ese campo sintético, pero, solo logrado aplicando una especial coherencia lograda con lo que llamaba atención cuántica y sintética.
Y con esa poderosa arma, identificar el cuerpo con esa chispa divina olvidada. La coordinación de cuerpo, mente y un campo sintético, pero, en una coordinación perfecta, todo con esa coherencia especial. Y solo se logra con el cuerpo preparado para la tarea, continuar con la emoción reinante, y el abordaje del pensamiento para reconocer el proceso y, de esa forma, iniciar su operación en equipo logrando esa resonancia provocando que su frecuencia vibre logrando el resultado que, inclusive, puede incentivar la frecuencia de otros que se confunde con telepatía o brujería. Un campo sintético que responde al reconocer la verdadera realidad abandonada. Y de esa forma pasar de ser el observador al ejecutor de lo observado para lograr lo que siempre hemos querido y nunca hemos logrado por falta de esa coherencia.
Finalmente, entendía a Emerson cuando afirmara que “los seres humanos somos dioses derrumbados.” A Thoreau cuando afirmaba, “la mayoría de los seres humanos caminan por la vida sufriendo una silenciosa desesperación.” Pero, Jacobo afirmaba, tenemos la capacidad de asumir estados alterados de conciencia para penetrar esas regiones celestiales como parte de esa conciencia universal, cuando el cerebro genera un patrón de ondas y un campo electromagnético conectados. Una capacidad que todos tenemos y nuestro doble siempre esté listo esperando, se ejecuten las acciones para avanzar.
Es cuando puede haber un intercambio corazón con corazón de dos almas que se comunican a través de ese campo sintético para cambiar la realidad, y así nacen las posibilidades. No es algo milagroso ni brujería, es pura física cuántica de nuestra chispa divina olvidada. Ese campo sintético es la inteligencia del universo a la que nos podemos conectar, pero, solo si aplicamos esa atención cuántica con la potencia de la seguridad de que quiero sentir lo que realmente soy. ¿Qué parte de mí se resiste al cambio? Y así puedo abordar el campo sintético y sincronizarme con él.
Y ahora preguntar ¿Por qué la diferencia entre triunfadores y tantos que fracasan? Y la diferencia no es inteligencia, trabajo incansable, falta de planeación. La gran diferencia es la capacidad y la actitud para enfrentar la incertidumbre, dejando esas inútiles preocupaciones y permitir que tus pedidos se surtan de forma natural en ese campo sintético que siempre lo hace, si cumples con sus requisitos y lo dejas operar. No insistir actuando con miedo. Dejar que la corriente celestial te conduzca.
Porque somos un océano antes que una ola. Hay un gran almacén universal en donde se ha registrado todo lo que ha sucedido en tu campo sintético, cuántico y espiritual, puedes acudir a esa información para entenderlo y reconocer. Luego soltar la rienda parque tu doble, que ya tiene la carga del pasado, inicie su operación coordinando a todos los participantes. Ese campo que, en los mensajes encriptados de Jesús tiene todo lo necesario. Y debo repetir, no son milagros, es física cuántica donde existe la telepatía, la sabiduría del universo. Si penetramos ese campo, podemos conjugar relación sintética de pensamiento con esa intención celestial y se provoca el cambio.
A este punto de la ruta, la información de Jacobo cobraba gran similitud a los mensajes de Jesús mostrando su espiritualidad, inclusive, en la dirección que debemos seguir en ese proceso de nuestro despertar, para dejar ya de circular en piloto automático sin darnos cuenta. Y, sobre todo, totalmente ignorantes de que alguien, con intenciones perversas, fue el autor de esta condena de la humanidad de la que Jesús vino a liberarnos, pero, asignando esa responsabilidad al individuo, no a una iglesia, ni al gobierno.
Solo dos afirmaciones de Jesús para situarnos.
“Quizás la gente piense que he venido para lanzar paz sobre la tierra, pero no saben que he venido para lanzar conflictos sobre esta tierra, superiores al fuego, espada y guerra.” Hablaba de los conflictos provocados al imperio que lo crucificaría, al darse cuenta del despertar de tanta gente que Jesús provocara. Los mismos poderes que enfrentara Jacobo 2,000 años después.
“Quien se enriquezca, debe de reinar. Y quien tiene el poder, debe renunciar.” Jesús, contrario de lo que la iglesia siempre ha denunciado que condenaba la riqueza, más bien lo reconocía al asignarle ese poder para reinar. Él estaba en contra de ese poder tiránico y diabólico que siempre ha esclavizado al mundo y, que increíblemente, ambos, riqueza y poder, terminaran residiendo en esa iglesia de la que, falsamente, le asignaban su autoría.
Y apenas descubría la primera capa de las maravillas de Jacobo.
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