CAMPO ELECTROMAGNETICO DE JESUS

Ricardo Valenzuela

The Mystery of Jacobo Grinberg: His Disappearance, His Influence, and the  Power of the Mind. 

A finales de los años 80, cuando recién llegaba a mi cita con mis 40s, pero con un impresionante currículo—blanco y rojo—que me llevara a ser presidente de un banco a mis 30 años, pero, como seguido sucede cuando se encuentran juventud y grandes éxitos, salía de un programa de rehabilitación para mi adicción al alcohol y a la dolce vita global, con una clara idea en mente. Debía de explorar el potencial infinito del cerebro humano con sus 100 billones de neuronas, de las cuales, inexplicablemente, usábamos menos de un 10%. Y, con mi personalidad compulsiva, buscaría por todos lados. 

En un viaje que hice a la ciudad de México, un buen amigo que mostraba la misma inquietud me llevaría a conocer uno de esos raros e incomprendidos científicos llamado, Jacobo Grinberg, quien ya se empezaba a formar esa reputación. El conocerlo, creo podría calificar como una de las más grandes experiencias de mi vida, pues, este hombre me abría las puertas a una región en la cual, mi insipiente conocimiento del tema me decía que no había atravesado ni la primera capa de un todo que claramente tenía una dimensión de proporciones increíbles.

Sin embargo, otro de mis grandes defectos de personalidad, el llamado síndrome de falta de atención, me provocaba que, al no ver resultados instantáneos, archivara mi relación con ese hombre verdaderamente sabio, al igual que la intensidad de mi búsqueda. Pero, cuando en años recientes decidiera profundizar en la figura de quien había cimbrado la humanidad, Jesús de Nazaret, el mismo que me hubiere presentado con Jacobo, me hacía llegar un gran paquete de información de los descubrimientos de Jacobo que, aparentemente, como ha sucedido con esos genios que llegan a penetrar campos prohibidos, repentinamente desaparecía sin dejar huella y jamás se volviera a saber de él. 

Ese paquete, ya en poder de alguien que, por motivos sin explicación, había abandonado esa ruta, permanecía empolvado en un rincón de mi desorganizada cueva, hasta que, al enterarme de su misteriosa desaparición, decidí abrirlo y lo que he encontrado me mantuviera días casi sin dormir. Al llegar al punto en el que Jacobo exponía su idea principal, identificando el poder de lo que llamaba atención cuántica, diferente al poder de la concentración que yo siempre citaba, sentí despertarme de un sueño. Una atención que provoca un comportamiento del cerebro, con lo que se logra la operación coordinada de sus dos hemisferios, el secreto, para provocar lo que llamamos milagros, que son manifestaciones más profundas de la verdadera realidad. 

Jacobo desenfundaba algo que me penetraba a lo más profundo de mi ser. Afirmaba que cualquiera que intente y espere lograr niveles de conciencia superiores a base de meditación, visualizaciones, afirmaciones positivas, si no se acompañan con esa clase de atención cuántica, es simplemente perder el tiempo. Sus palabras me golpeaban con potencia, sobre todo, al darme cuenta eran acompañadas con toda la razón. Lo que describía Jacobo era algo que yo había intuido, pero nunca descifrado. El infinito poder del cuerpo humano para acceder a esa energía, a esas vibraciones universales, a las de su cerebro y corazón cuánticos para provocar lo que siempre hemos identificado de milagros. 

Porque, ambos, cerebro y corazón, son portadores de células capaces de producir energía y, en un paso más adelantado, hacer equipo con la glándula pineal, la que Descartes llamaba el trono de Dios, y Einstein calificaba como la conexión celestial, para así lograr esos elevados estados de conciencia. Pero, para lograr que ese equipo opere coordinado, solo se puede llevar a cabo estableciendo ese nivel de conciencia mediante lo que llama atención cuántica. Todo lo que se intente sin esa atención cuántica, tecnológica, espiritual y todos cimbren en la misma frecuencia, será perder el tiempo.. 

Fue cuando pude entender los verdaderos mensajes de Jesús y, sobre todo, darme cuenta de que ese estado celestial de conciencia era el verdadero reino del que él hablaba. Ese reino que Jesús nos decía estaba en nuestro interior. Ese reino que hace posible lo que pareciera imposible, que se puede lograr aprendiendo a usar las herramientas que Jesús les dio solo a los elegidos. Ese nivel de conciencia puede modificar la materia y la realidad. Jacobo lo había comprobado con Pachita, una milagrosa curandera que él descubriera, tenía esa habilidad para acceder un campo electromagnético para sus milagrosas curas. Pero, en aquellos momentos, ya penetraba regiones prohibidas 

Ese campo electromagnético al que todos podemos acudir, un campo donde se encuentra toda la información, pero solo para quienes logren esa atención cuántica. Ese campo que, al aplicar la atención consciente y cuántica, tiene el poder de modificar la realidad. El poder de la atención cuántica forja una poderosa fábrica de realidades. Sin embargo, el 99% de la gente porta esa defectuosa atención similar a una manada de caballos salvajes desbocados sin dirección, y es cuando surge el quiero, pero no puedo. Y no pueden porque no lo sienten y nos perdemos. Y, algo muy importante, los demonios, arcontes, también suelen usarla. 

Hay una realidad que ya existe, un almacén celestial esperando nuestros pedidos, pero, para acceder a ella, solo lo podemos hacer activando la atención cuántica para hacer nuestros pedidos siempre con gran conciencia, con esa atención igualmente cuántica, sintiendo lo que queremos como si ya lo tuviéramos. Esa realidad es el taller celestial, la atención es la aguja para zurcir, y el resultado será lo que queremos. Pero, si nuestra inconsciente atención es negativa, así serán sus resultados. Y no hablamos de efectos milagrosos de fe, esto es, pura física cuántica similar a la que manejaba Einstein. 

Y es cuando a este punto debemos preguntar ¿Cuál es mi realidad? ¿Quién realmente soy? Porque no eres tu cuerpo, tampoco tu cerebro, no eres tu corazón. Nosotros somos esa conciencia infinita y celestial. Me tomó tiempo percibirlo, pero ahora si entiendo el mensaje de Jesús: 

“Si aquellos os dijeren: El Reino está en el cielo, las aves del cielo os tomarán la delantera. Más el Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros. Cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y se darán cuenta de que sois hijos del Padre Viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, estáis sumidos en la pobreza y sois la pobreza misma.”        

1 comentario:

  1. Te felicito querido Chero por tu artículo, que además de una perfecta redacción sencilla, su contenido es una realidad. Soy un convencido de los efectos del campo cuántico. Creo que la inspiración se encarga de transportar al campo cuántico a compositores, pintores, arquitectos Etc. quienes para apreciar lo que hicieron, tienen que escapar de ese trance y volver a su vida ordinaria. Un abrazo. E. Ramiro Valenzuela L.

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