EL VERDADERO MENSAJE DE JESUS (SEGUNDO)

Ricardo Valenzuela 

Santiago Apóstol 

Ante la nueva realidad que descubriera en los evangelios gnósticos con mensajes tan diferentes e inspiradores de Jesús, creo que uno de los más importantes fue el que expresara con una potente frase a sus elegidos: “Quien está cerca de mí, está lejos del fuego. Quien está lejos de mí está lejos del reino.” Porque con esas palabras iniciaba la gran denuncia del proceder histórico de una humanidad, que sería el ingrediente más importante de los siguientes mil años que se estaban iniciando. Pero, como siempre lo hacía, los mensajes para sus elegidos siempre eran encriptados para que los descifraran a base de profundas meditaciones. 

Pero, en mi opinión, con la reseña escrita por Santiago cuando Jesús hiciera ese pronunciamiento, estaba ciertamente describiendo la lucha que enfrentaría a los seres humanos para construir el futuro ante ellos. Y con sus mensajes encriptados, similares a sus famosas parábolas, describía a todos los participantes en la batalla entre el bien y el mal, que se combatiría a lo largo de los siglos. Demiurgo era el demonio con la fuerza diabólica de su ejército de los Arcontes, que con meditación los podríamos identificar como esas almas en pena negras, siempre tratando de destruir lo bueno. Y, sobre todo, la humanidad que describía como integrada por tres grupos muy diferentes. 

 Al referirse al fuego, preparaba el campo para los cimientos de su trascendental obra. El fuego era su identificación de la cárcel con la que, desde tiempos inmemoriales, se mantenía atrapada a la humanidad. El fuego de la ignorancia que nos convirtiera en piezas fáciles para la esclavitud y, ya desarmados, enviarnos a ese profundo sueño que nunca ha permitido nos demos cuenta de que habíamos estado dormidos, una eternidad. Pero, lo complementaba afirmando algo importante a sus elegidos; “ustedes ya están fuera del fuego,” surgía una realidad que, a cierto punto de mi vida, yo pensaba debía haber un secreto para la sabiduría. 

Porque ese mensaje a sus elegidos tocaba un punto sensible en mi vida de algo que yo siempre había presentido. Jesús les afirmaba a sus apóstoles que algunas gentes habían dado un paso muy importante en su especial ruta, al reconocer que habían estado en esa prisión, una acción siempre tan indispensable para reconocer, meditar, evaluar y, como el mismo Jesús lo aconsejaba, el que busca que siga buscando hasta que encuentre, y cuando encuentre reinará en el universo y se llenará de paz. Y debo insistir en la importancia de este particular mensaje encriptado.    

Porque, siendo de una gran fortaleza para sus elegidos, era también la manifestación de una gran mayoría residiendo en esa gran prisión y no se daban cuenta de que nunca habían sido libres, el gran problema que ha cargado la humanidad. Y, a sus elegidos, les puntualizaba el peligro de una tragedia potencial para ellos cuando, por situaciones especiales de sus vidas, pecando de soberbia al no haber conocido la esclavitud, no se dieran cuenta de ese fuego que también a ellos trataría de quemarlos. Y en esa prisión el fuego consume la vitalidad humana, neutraliza su potencial interior, ese reino interior que todos tenemos. Y, desgraciadamente, son muy pocos los que se da cuenta. 

Y pasaba a señalar tres clases de seres humanos. Los primeros son los que están totalmente entregados al sistema, ellos son los que lo mantienen. Esos obedientes con vidas aceptadas en medio de ese fango de la mediocridad, porque es lo único que han conocido. Los segundos son esos que, en medio de su oscuridad, a veces visualizan una pequeña luz que los hace sospechar, hay algo más, pero no actúan, pues, la falta de coraje los inmoviliza. Los terceros son esos rebeldes que no se conforman fácilmente, ellos no pertenecen al sistema porque nunca fueron sus residentes. No lo aceptan, porque, hay momentos en que recuerdan lo que los arcontes han tratado siempre de neutralizar, esa fuerza divina en nuestros interiores. Ellos son los potenciales guerreros que podrían derrotar a los arcontes, son la esperanza. 

Le preguntaban a Jesús ¿Qué es lo que podemos hacer? Jesús respondía así. Lo primero es reconocer que la cárcel existe y siempre ha estado llena con la mayor parte de la humanidad. Esa cárcel tiene cinco paredes que son las trampas con los Arcontes atrapan al hombre ordenado por Demiurgo. Y no se pueden derribar con la fuerza más potente que pudiera existir, solo con sabiduría para conocerla y después decidir la forma de combatir. 

La primera pared está erguida con la tiranía de los cinco sentidos. Cuando la gente depende solo de lo que comprobar con los sentidos, no les interesa y de esa basura los alimentan con programas. La segunda es el engaño del tiempo lineal, naces, creces, te reproduces y mueres. Son totalmente esclavizados por el pasado y un gran temor al futuro. La tercera es el engaño con una ilusión de separación. Eres pequeño y no puedes aspirar a la grandeza, eres inútil y siempre dependiente. La cuarta es servil ante la autoridad, porque eres ignorante, no tienes coeficiente intelectual, necesitas ayuda. La quinta es el engaño de la santa reencarnación, tienes que regresar porque quedaste incompleto y debes terminar la tarea. 

Y es cuando hay que preguntar ¿Por qué la iglesia siempre ha ocultado al verdadero Jesús y sus mensajes?  Obviamente que no fue porque eran falsos, sino porque eran verdaderos. Porque la iglesia odia al hombre libre, no es redituable. Su negocio es de ingeniería emocional, la administración de sentimientos y asesoría de la salvación. Un hombre libre, sin miedo, sin culpas, especialmente sin culpa al expresar su sexualidad y otros placeres que no perjudican a nadie, no solo no le sirve a la iglesia, puede convertirse en competencia, pues, él conoce la verdad.  

Jesús había vivido 18 años entre la secta sagrada de los Esenios en el desierto, y después en el Oriente, donde aprendería todos los secretos espirituales y sabiduría de monjes y sacerdotes de esos países donde sería conocido como Issa. El libro “Evangelio de Acuario” de Levi H. Dowling escrito en 1908, es la historia verdadera de la vida de Jesús, y los dieciocho años "perdidos" y silenciados en el Nuevo Testamento. El relato sigue al joven Jesús a través de India, Tíbet, Persia, Asiria, Grecia, Egipto. Los monjes tibetanos, donde viviría 8 años, lo describían como un ser de luz y una gran sabiduría. Con esa sabiduría nos daría la siguiente lección a través del evangelio de Santiago.  

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