Ricardo Valenzuela
Finalmente, he logrado hacer realidad el viejo sueño de escribir un libro que abriera las compuertas a la multitud de experiencias, ideas, sentimientos acumulados en una vida que, por ahí, alguien describiera de gran intensidad. Fue difícil mantener la ruta sin desvíos al transitar por un bosque donde a través de la historia se han combatido tantas batallas, entre tantos combatientes con diferentes uniformes, ideas, propósitos y, sobre todo, muchos escondiendo lo que siempre los ha llevado a las batallas sin legitimidad.
Antes de dar vida a este proyecto, tuve largas conversaciones con uno de los hombres más sabios, espirituales e íntegros que hubiere conocido. Un hombre sin más educación de la que le ha surtido una vida a punto de llegar a los 100 años. Le expuse mis intenciones del libro y, antes de preguntarme por el tema, me hacía una pregunta que me dejó pasmado. “¿Por qué quieres escribir este libro?” Y, aun cuando su pregunta fue corta, conociéndolo de toda la vida, claramente entendí su profundidad.
Y así iniciaba mi respuesta. Porque quiero exponer una multitud de cosas que la gente ignora y, por esa ignorancia, nos están llevando, como lo afirmaba el filósofo chino, hacia el matadero donde sacrificaban a los bueyes gordos para el emperador. Me responde el viejo Pedro Daniel: “Pues tu respuesta es demasiado general. Es como si Obregón, cuando andábamos en la revolución, nos hubiera dicho; vamos a matar estos pelones. No, necesitábamos saber por qué, para qué, y luego cómo los íbamos a matar, y nos daba las armas.”
De acuerdo, le reviro. Tienes razón y mi respuesta solo abonaría la ignorancia a la que me refiero. Pero mira, ahora yo te pregunto. Estás de acuerdo que en este mundo las cosas, en general, andan pa casa de la chingada. Me responde. “Me imagino que sí, pero cuando nos alzamos las cosas andaban igual, de la chingada y así anduvieron hasta que Obregón llegara a ser presidente. Y Obregón siempre ganaba todas las batallas, pero, antes de empezar la balacera, Obregón nos decía por qué íbamos a pelear, luego, para qué íbamos a pelear, y al final nos decía muy claro como los íbamos a derrotar. Él decía a esas órdenes el cómo hacer el quehacer.”
De acuerdo, le reviro otra vez. Como este mundo anda pa casa de la chingada, con el libro quiero informar por qué debemos luchar, exponer claramente el caos en que vivimos y quienes lo están provocando, desde políticos, sus socios en el saqueo con los empresarios estatistas, la gran apatía de la gente que no defiende lo que están perdiendo, los partidos políticos para que la gente crea que su voto cuenta, la putrefacta estructura legal para manejar conceptos como el de propiedad privada a su conveniencia. La diabólica responsabilidad de la educación pública, la iglesia, el sistema judicial, todos promoviendo una sociedad ignorante, engañada y le han asesinado el espíritu de lucha. Y viejito, podemos hacer una lista interminable de culposos en este velorio.
El viejo piensa unos segundos y responde. “Ta gueno, como decía tu tata, tú siempre has sido muy templado. Ahora, ya sabemos que estamos jodidos, ¿por qué?” Le respondo al viejo Pedro. Acuérdate cuando hace muchos años nos dimos cuenta de que el ganado se estaba engusanando, entonces empezamos a cargar kresso en las campeadas para las curaciones y avisar a los gringos para que fumigaran y matar a la mosca que lo provocaba. Y, Pedro, esta no es tarea tan fácil como curar las gusaneras, pero si no actuamos nos va a llevar la chingada, si no hubiéramos actuado contra el gusano se hubiera acabado la cría.
En este caso el “por qué” fueron las gusaneras que estaban matando al ganado. El “para qué”, era el que si no hacíamos algo se acababa el rancho, se acababa el trabajo de vaqueros, de encargados de las norias, choferes, mecánicos. Y, lo más importante, se destruiría las familias cuando los hombres perdieran el trabajo. Y, de igual importancia, se terminaría el abastecimiento de carne de calidad y a buen precio. Se hubieran jodido los que producían para los ganaderos como pastura, combustible, provisiones para las familias, etc.
“Ah chingado”, dice el viejo Pedro, “con razón tu tata andaba siempre tan ocupado. Pero, mira mijito”, dice ahora el viejo, “aquí viene lo más difícil, el cómo se puede hacer. Porque el gobierno siempre anda de intruso en todo lo que la gente quiere hacer, y no se mete para ayudar, nomás pa joder y tener donde manotear. Porque, pa mi los gobiernos son como esos, no me acuerdo como les decía tu tata”, yo se lo respondo, extorsionadoras, “eso mero mijito”, dice el viejo. “Andan siempre ordeñando vacas ajenas y nomás le dejan poquita lecha pa que el becerro no se muera de hambre.”
Así es viejo, le reviro. Y el porqué y el cómo se tienen que juntar. Conociendo la enfermedad se puede encontrar la curación y, tienes toda la razón, el gobierno no quiere que se cure nada porque se les acaba la chichi. El viejo piensa unos segundos y revira con una pregunta. “Pero ¿los gobiernos serán tan pendejos y tan hijos de la chingada para no dejar que se arreglen las cosas?” Y el mismo se responde. “Parece que sí, pues ellos siempre comen en las canoas llenas de pastura buena, y aunque la gente se esté muriendo de hambre, ellos siguen gordos y pelechando. Y yo creo que nunca van a compartir porque son seres lamidos y muy inmorales.”
Le respondo. Así es viejito, ¿ahora entiendes por qué, para qué, y el cómo, es lo que quiero mostrar en el libro? Revira. “Pos si mijito, aunque no parece haber recetas. Aunque puedes dejar claro que hay atascaderos y hay que sacarles la vuelta. También que cada gusanera es diferente pero lo importante es encontrar el remedio para todas. Nomas una cosa mijito, los viejos ya peleamos y no logramos nada, el pais está más jodido que antes y los gringos pa allá van. Pero, como decía tu tata, siempre habrá hombres superiores que son los que todo el tiempo encuentran las buenas veredas. Obregón las vio y lo mataron. Luego las vio aquel muchacho de Magdalena, Colosio, y también lo mataron.”
“Hombres superiores como tu tata y tu tío Gilberto que se tuvieron que esconder para que no los fusilaran. Un día tu tata nos habló al Churi y a mi pa que fuéramos a la Hacienda. Nos dijo que pronto llegarían unos Sres. Proto con órdenes del presidente Carranza de fusilarlo por ser Obregonista, y no le quedó mas que encaramarse en la sierra, pero él, como tu tío Gilberto, nunca renegaron de Obregón porque eran hombres superiores. Tu libro a lo mejor los puede encontrar y animar. Lástima que yo no sé leer si no te pedía uno ya cuando lo tengas”. No viejito, tú no necesitas aprender nada, tú fuiste mi maestro y la inspiración desde que tengo uso de razón. “Pos mijito, a darle brazadas a la reata pa sacar a los bandidos de los palacios malditos de la política, aunque sea como sacábamos los jabalines de las cuevas, con humo de leña verde. Tu libro les dirá como. Y si antes me muero, ay te encargo a mi vieja la Loreto.”
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