JESUS DE NAZARET. EL REVOLUCIONARIO

Ricardo Valenzuela

El misterio de los años perdidos de Jesús y su viaje por la India 

Desde que un economista libertario y espiritual, me hiciera una descripción diferente del evento de Jesús expulsando a los mercaderes del templo, decidí saber más del Jesús que ya había conocido en los evangelios gnósticos encontrados. Me explicaba el evento, pidiéndome visualizar el peor ataque que podría sufrir Wall Street y cimbrara la economía mundial. Porque en aquella época, fue lo que Jesús provocara con un ataque al templo convertido en mercado de la sociedad, clérigos judíos y el Imperio Romano que, al tocarles lo más preciado, su dinero, decidían su ejecución 

Y al profundizar mi análisis de quién realmente había sido Jesús, porque me era imposible conciliar su sabiduría, sus acciones asertivas, con el hijo de un modesto carpintero que no había recibido educación superior. Allí surgiría mi primera sorpresa, pues, José, padre de Jesús, no era el humilde taciturno carpintero que describían los evangelios. Todo lo contrario, era lo que se describía como Tecton, una combinación de arquitecto, ingeniero constructor, diseñador de esquemas ideológicos. No era aquel hombre gris que no tuviera participación en la formación de Jesús y, además, era miembro de una organización secreta rebelde ante la opresión de judíos ricos y el Imperio Romano.

José había sido la influencia más importante de la formación de Jesús durante sus primeros doce años. Un gran amante de la libertad que estaba ausente ante la opresión por ambos bandos. La formación de su hijo había sido de una potencia que provocaba la emergencia de un niño prodigio, portador de una inteligencia superior y armado con los mismos valores del padre.  El niño que, en sus incursiones al templo judío, debatía con sus sabios, causando lo identificaran como un peligro futuro. Pero ese esquema familiar provocaría el asesinato de José que la iglesia siempre ha ocultado. 

Fue cuando la organización de la cual su padre era miembro, habiendo conocido el potencial de la grandeza de Jesús, ya lo preparaban como un futuro líder ante esas fuerzas represivas ya inquietas, pues ellos también conocían su calibre. Esos amigos, con la muerte de su padre, decidían protegerlo enviándolo a un lugar lejano, Alejandría. Ello sería el inicio de sus 18 años, supuestamente perdidos, que la iglesia siempre ocultaría. Durante esos años, Jesús bebería borbotones de sabiduría mundial. 

Es importante aclarar que la justa que iniciaría Jesús no era religiosa, era una revolución política, social, económica, cargada de esa moralidad natural que se encuentra utilizando la razón. Una justa que luciría como una combinación de William Wallace en la Escocia del siglo 13, y de Martin Luhter King en EU del siglo 20. Porque era esa noble lucha contra las tiranías reviviendo la rebelión que a su padre le había costado la vida, pero el objetivo continuaba, vivo y vigente, la liberación de los opresores judíos y romanos. Y la iniciaría a su regreso, no como el movimiento clandestino de su padre, sino de frente.  

A su regreso, Jesús establecía contacto con Juan Bautista, quien era su primo, hijo de Isabel, hermana de su madre María. Porque Juan había tomado la batuta del movimiento liberador de su padre que, con la llegada de Jesús, surgiría como explosivo evento ya con armas diferentes y de potencia desconocida. Mi propia gesta avanzaba y cada vez tenía más claro que la de Jesús no era religiosa, era más ambiciosa, era impulsada por una bella filosofía de consecuencias políticas, sociales, económicas, morales, de una dimensión celestial. Una filosofía práctica que no requería de instituciones era un esfuerzo individual en libertad.  

Pero, ahora me surgía la necesidad de entender sus acciones y me enteraba de algo importante. Esos 18 años había sido una ruta muy clara de sus protectores, con el objetivo que en esos lugares lo cincelaran como un gran estratega para el proyecto que debería de ejecutar, el proyecto de la humanidad, para lo cual requería ese tipo de conocimientos que han sido los que cambian la historia. Y, no los adquiriría en Roma o Jerusalén, debía adquirirlos en Alejandría, el faro mundial de sabiduría donde se mezclaban las mejores del mundo. Después de Egipto, la India, Persia, el Tíbet. Lo que finalmente me hiciera entender ese joven de una pequeña villa rural, increíblemente mutara hacia la figura de un maestro sabio portando armas desconocidas. 

Así, Jesús aprendería el desapego budista de los sabios de India, la cosmología espiritual de los sacerdotes persas, las milagrosas meditaciones de los monjes budistas del Tíbet, la estructura espiritual y la estrategia para la lucha política de los Esenios. Había también aprendido la potencia del silencio y de la respiración. A nunca imponer, sino escuchar y acompañar. Aprendería la razón crítica, la dialéctica, geometría, lógica, matemáticas y, sobre todo, a mantener su mente como una afilada espada. Se convertirá en experto de las ideas filosóficas libertadoras, acudiendo a Sócrates, Aristóteles, Marco Aurelio, Séneca, las del Estoicismo. 

Una mezcla que surgía con potencia de ideología global, que de inmediato provocara el pánico del viejo establecimiento. Era un camino claro para convertir a un ser humano en un verdadero genio educado en el oriente. Un maestro que finalmente surgiera con su propia filosofía que, siglos después, Jung la describiera como sabiduría cuántica espiritual. Ahora acudiría a su alma, no solo a una mente lógica. Un maestro que escuchaba antes de imponer. Se habría de enfrentar con lo viejo de ese dios vengador, controlando con culpa y temor. No llegaba como iluminado, sino como un gran estratega espiritual cuántico. 

Armas muy poderosas con las que, de nuevo en su tierra, tendría que enfrentar poderosos enemigos durante los siguientes tres años de grandes demostraciones de su grandeza, edificando una síntesis global que haría temblar a las dos tiranías, hasta que finalmente lo llevaran a la cruz. Sin embargo, esos tres años serían de un significado de tal potencia, que, a pesar de haber transcurrido 20 siglos, su verdad sigue viva. Una verdad que el mundo urgentemente necesita conocer, porque, a este punto, es lo único que nos puede salvar. 

Finalmente, me daba cuenta de que la iglesia de Constantino nunca permitiría un Jesús educado en el Oriente, sería algo que nunca se conjugaría con sus ambiciones. Algo que enfrentaría a través del Concilio de Nicea para crear a otro Jesús. Pero, las evidencias del verdadero aparecerían después de 1,700 años y reclaman su lugar  

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