Ricardo Valenzuela

Desde que me enterara de la existencia de los evangelios gnósticos que habían desaparecido durante 1,700 años, cuando unos pastores los encontraran en una cueva en lo profundo del desierto de Egipto en un lugar llamado Nag Hammadi. Me provocaría primero, curiosidad y decidía llevar a cabo una pequeña investigación. Jamás imaginé el efecto que el proceso provocaría en mi vida. Pero, al tener la oportunidad de leer dichos evangelios prohibidos por la iglesia durante 17 siglos, sentí se me abría una puerta hacia algo desconocido y, al mismo tiempo, sentí era algo que siempre había esperado.
Y, al avanzar con mi esfuerzo, surgían otros eventos que me proporcionaban la motivación para seguir adelante y, entre esos eventos, el más importante sería la narración del gran Carl Jung de su impresionante viaje a Etiopia. Y lo hacía por lo que le hubiera comentado un oficial del consulado de Alemania en ese país. Le informaba que la iglesia cristiana de Etiopia tenía en su poder unos evangelios que contradecían a los tradicionales aprobados en el Concilio de Nicea el año 325, en donde, el emperador Constantino creaba su dócil iglesia. Y, en ese mismo evento, se condenaba a la mitad de los obispos que no aceptaran las órdenes del Emperador.
Lo que encontraría Jung era algo tan poderoso, que no se atrevió a darlo a conocer y se llevaría el secreto a su tumba, y solo meses después de su viaje fallecería. En el proceso que he vivido los últimos dos años, aun ante tantas críticas, ha recibido un impulso inesperado y sorprendente, un impulso provocado por el actor Mel Gibson quien había invadido este campo, como el gran católico confundido que era y, en medio de sus conductas pecadoras, había decidido filmar una película acerca del sacrificio de Jesús, pero, totalmente diferente. La Pasión de Cristo. Diferente porque él también había ya conocido los evangelios gnósticos, y decidía su cinta estaría basada en esos evangelios.Su proyecto sería rechazado por toda la elite de Hollywood y le cerraban todas las puertas, especialmente la de su financiamiento. Así Gibson decidía financiar su ambicioso proyecto con su propio capital. La cinta recaudó más de 700 millones de dólares a nivel global, posicionándola como un fenómeno cultural y una de las películas más rentables de la historia. El impacto de La Pasión de Cristo no solo benefició a Mel Gibson económicamente, también cambió profundamente la percepción sobre la verdadera historia de tan importante evento, creando un gran apetito por más información sobre esa historia tan diferente.
Pero Gibson, conocido por la pasión que cubre sus actividades de su vida, no se quedaría quieto y, con la agresividad que también lo ha caracterizado, decidió ir a Etiopia para conocer esos evangelios que ya sabía se conjugaban con los llamados evangelios gnósticos extraviados durante 1,700 años, y se sumergía en las profundidades de estas revelaciones. Lo que encontró en Etiopia fue, como él lo describiría, el tesoro más grande de su vida al verse ante una verdad tan alucinante. Y, cuando tuvo la oportunidad de leerlos, de inmediato lo invadía lo que describiría como una euforia celestial para, casi gritando, afirmar, nos han engañado durante casi 2,000 años, qué crueldad.
Se enteraría de que la iglesia de Etiopia era la más antigua de todas, inclusive, más antigua que la iglesia que radica en el Vaticano. Porque su lejanía y su geografía tan difícil la había protegido de la destrucción de Nicea. De inmediato pediría permiso para llevar a cabo las pruebas de carbono 14 que lo llevarían a ubicar su origen hasta el siglo 3, anteriores a los tradicionales y estos plasmados en una lengua más antigua que el latín. En Etiopia Gibson tendría en sus manos el tan temido libro de Enoc que, por su contenido, se había convertido en el más peligroso para el grupo de poder.
Conocería también el Pistis Sofia que fuera anterior a los evangelios. Pistis Sophia un documento gnóstico que contiene enseñanzas adicionales de Jesucristo dadas después de su resurrección. Pistis Sophia, que significa "Sabiduría de la Fe", no es su verdadero título y no forma parte de esos evangelios. La Pistis Sophia fue escrita mucho después de la muerte de los apóstoles, entre finales del segundo y el cuarto siglo. Gibson, casi oculto, estudiaría profundamente todos esos documentos celestiales y así conocería a la verdadera María Magdalena, no la prostituta declarada por el papa Anastasio, sino la discípula consentida de Jesús.
Con todas esas armas (evangelios de Tomás, Judas, Santiago, de María Magdalena, Pistis Sofia) Gibson acaba de anunciar su nuevo proyecto, una cinta que ha llamado, Resurrección. El anuncio que provocaría el llanto de Joe Rogan, el más exitoso comunicador independiente, que lo entrevistaba, también ha provocado el pánico de muchos actores y que Gibson sea etiquetado como el enemigo más peligroso de la historia reciente, no solo de la iglesia, sino de toda la estructura de la cual forma parte que reside en grandes oficinas corporativas.
El peligro que representa el mensaje de Jesús, es indicarnos cómo podemos lograr la salvación a través del conocimiento, pero, solo para los que encuentren su reino interior (chispa divina en los seres humanos) no por gestión de otros seres humanos. El mensaje nos dice que Jesús no vino a formar una religión ni una iglesia, no pedía templos, vino a despertarnos del eterno soponcio de ignorancia. Con ello atacaba la falsa necesidad de intermediarios (sacerdotes, templos) pues no éramos animales buscando pastores. Y, sobre todo, los precios que se debían pagar (indulgencias, diezmos, primicias) por los pecados listados por sus mandamientos para cargarnos de culpa, y de esa forma hacernos sumisos y dependientes de la autoridad política y de la iglesia. Los socios.
Todo esto es algo que, desde la era de Martín Lutero o de Enrique VIII, no hubiere surgido otro ataque tan poderoso para la iglesia como el que prepara Mel Gibson quien, como ha sido clásico, sufre los ataques ya cargados con esa peligrosa histeria. Pero, Gibson, se ha convertido en experto de la historia de Etiopia que es fascinante. Tanto, que hay guías hacia evidencias de que el Arca de la Alianza allí ha estado durante siglos, un regalo del Rey Salomón al hijo que engendrara con la reina de Saba. Gibson ya la busca.
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