SOCIALISMO. ARMA DE GLOBALISTAS

Ricardo Valenzuela

Física Cuántica Valida Las Enseñanzas de Jesús: El Poder del Observador 

Para situarnos en primera fila de la batalla global que se está llevando a cabo en su etapa de consolidación, es importante entender cuál ha sido la motivación de las poderosas fuerzas de la oligarquía global para combatirla. Pero, más importante, la motivación de los que las enfrentan y definimos con estas dos palabras que, desgraciadamente, surtidas de forma especial con maldad, han tomado una connotación diabólica; el capitalismo en sociedades libres que, desde su nacimiento, se iniciara ese odio pasional con el que lo han siempre combatido. 

Pero, en realidad ¿Qué es el capitalismo? Porque capitalismo solo hay uno, el verdadero cuando iniciara ese movimiento que había logrado conjugar sus ideas con la naturaleza humana de la libertad, pero que, en estos momentos, está ya muy cercano al punto de fenecer. Un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, entre los cuales, el sagrado derecho de propiedad, en donde toda propiedad debería ser privada. Un sistema social como conjunto de principios morales, políticos y económicos, contenidos en una estructura de leyes con las que se establecen los términos de relaciones y asociación entre seres humanos en una zona geográfica bien definida. Ello requería excluir el inicio de la fuerza en el confín de todas las relaciones humanas y, la divina protección de esos derechos, debería ser la única función del gobierno.

Y es importante señalar que, desde el inicio de la humanidad, siempre han existido dos filosofías políticas que constantemente se han enfrentado: libertad y poder. Una en donde toda la gente debería ser libre para desarrollar sus vidas como ellos decidan, siempre y cuando respeten los mismos derechos de otros. Otra, formada por gentes haciendo uso de la fuerza, para obligar a otros actuar de forma que ellos nunca hubieran elegido. Y, por supuesto, la filosofía del poder siempre ha sido más atractiva para los que están y mantienen ese poder. Y se ha conocido con diferentes nombres como comunismo, fascismo, globalismo. 

La filosofía de la libertad, a través de la historia, también ha sido conocida por diferentes nombres, pero sus defensores siempre han tenido un claro hilo conductor de respeto por el individuo, confianza en las habilidades de gente ordinaria para la toma de decisiones inteligentes acerca de sus propias vidas, y, de forma especial, una gran hostilidad por esos que usan la violencia para lograr lo que ellos quieren. El primer abanderado de la libertad en la historia fue el filósofo chino Lao-tzu, que fuera el autor del famoso Tao Te Ching, y conocido por su afirmación; “Sin leyes de compulsión, los hombres vivirían en armonía”.    

Uno de los ingredientes del capitalismo que ha sido atacado, manoseado y casi destruido, es el individualismo, la unidad básica del análisis social. Los individuos fueron la raíz de la creatividad, actividad y la fundación de la sociedad. Solo los individuos pueden pensar, amar, activar proyectos. Grupos nunca tienen planes ni intenciones. Solo los individuos deben tener la capacidad de elegir, de anticiparse a los resultados de diferentes cursos de acción y asumir las consecuencias. Tomas Aquinas escribiría: “el concepto de mente o voluntad colectiva significaría que el individuo no sería dueño de sus actos ni de elogio o reproche. El individuo es responsable de sus acciones; lo que le da derechos y lo obliga a respetar los de otros”. 

En sociedades libres, la única función del gobierno debería ser el de la protección de los derechos individuales, pero es solo la condición mínima en la persecución de sociedades felices. Como Locke afirmaba; “establecemos el gobierno para tener seguridad en nuestras vidas, libertades y propiedades, en nuestra ruta por la vida para sobrevivir y progresar”. Pero no podríamos hacerlo sin interactuar con otros. Necesitamos asociarnos para mejor lograr lo que deseamos—el producir en paz bienes y productos, intercambiarlos, desarrollar nuevas tecnologías, es cuando debe surgir la sociedad civil de forma espontánea, nunca planeada por alguna burocracia. Una asociación natural y voluntaria que, como afirmaba Lao-tzu, nazca sin compulsión y en armonía. 

Solamente en sociedades libres y frondosas surge el verdadero concepto del mercado en libertad, porque los seres humanos logran mucho más en esa cooperación que beneficia a las partes, que individualmente y, si no lo reconocemos, nos aislamos. Pero, si al comerciar nos obligan a ver a otros participantes como enemigos. Nuestras necesidades de satisfacer demandas nos habrían llevado a un conflicto implacable con los vecinos. Sin la posibilidad de beneficio mutuo en libertad, no pueden emerger simpatía, amistad ni el orden del mercado. Y los que afirman que humanos fuimos hechos para cooperación, no competencia, no entienden que el mercado es cooperación. 

Pero, el gran éxito de las sociedades libres con su “verdadero capitalismo,” sería lo que lo que lo condenara. Porque, esa filosofía de la fuerza que, durante siglos, habían observado con gran interés el mejor ejemplo en la construcción de un mundo de sumisos esclavos voluntarios produciendo para sus amos y, sobre todo, agradeciendo siempre la oportunidad de cargar sus cadenas, era algo en lo que deberían debutar retando a ese gran monopolio. Porque, además, ya surgía otro tipo de competencia, aquel país rebelde de America que, con un sorprendente éxito, ya molestaba al padre de los monopolios, una Iglesia Católica que era la organización más rica y poderosa del mundo. 

Y el manual de instrucciones lo surtiría aquel Concilio de Nicea que, como punto de partida, había que cambiar toda la escala de valores de la sociedad. Pues, en el segundo punto ya habían eliminado la competencia de los cristianos que se oponían a la jaula espiritual que le construían al mundo. Ahora pobreza era virtud, sumisión era obediencia a Dios, la nueva biblia era el único camino hacia el premio futuro, el sufrimiento era el gran purificador, el éxito era pecaminoso, orgullo era arrogancia, educación gran peligro. Y todo se podría remediar y perdonar con sus indulgencias. 

Pero, ese poder de la iglesia, después de haber caído en las trampas que le tendieran, tuvieron que transferirlo a esas nuevas fuerzas del globalismo. Pero, ante esa gran mesa servida con tantos manjares, los nuevos comensales se atragantaron y ahora deben de tomar decisiones desesperadas en medio de ese coliseo de la destrucción mundial. Porque los proveedores de sus viandas ya no pueden surtirlos y, comensales contabilizados en 8 billones, puede surgir ahora una hambruna espiritual y moral.  Y su verdadera amenaza, son los evangelios gnosdicos encontrados despues de 1,700 años   

 

 

 

 

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