ISABEL DIAZ AYUSO, BIENVENIDA AL VALLE DE TACUPETO

Ricardo Valenzuela

 Entrada del Valle de Tacupeto in Sonora - Ask AI | mindtrip

El vergonzoso problema que se acaba de suscitar en Mexico con la visita de Isabel Diaz Ayuso, la española presidenta de la Comunidad de Madrid es algo que vale la pena analizar y, tal vez, en las profundidades de mentes enfermas y subdesarrolladas podamos encontrar un poco de luz que ilumine la oscuridad que cubrió a Mexico con este evento. Ayuso sufrió una situación de peligro extremo durante su estancia, afirmando que su equipo fue abandonado a su suerte por el Ministerio de Exteriores en un país que describió como tomado por la violencia del narcotráfico. 

El conflicto tercermundista estalló a raíz de un homenaje a Hernán Cortés en el que participó ella. Este acto provocó que el Gobierno mexicano iniciara un boicot contra su agenda, que incluyó protestas organizadas y la cancelación forzada de eventos. El punto crítico se alcanzó en Xcaret, donde Ayuso asegura que Sheinbaum amenazó directamente con cerrar el complejo si ella asistía, lo que la obligó a desaparecer y cancelar el resto del viaje para proteger a su delegación.

Y debo reafirmar el calificativo vergonzoso, porque así me sentí al estar observando el escenario de un evento donde, el gobierno de Aguascalientes distinguía a la joven política con la medalla al mérito y, de repente, sin que nadie la detuviera, apareció una de las guerreras cavernícolas del ejército de presidenta Sheinbaum para sabotearlo. Y, lo más increíble fue que, después de su irrupción troglodita, le permitieran dirigir un mensaje tercermundista cuyo contenido, solo le faltó incluir la exigencia patriótica del Peje para que España pidiera disculpas por “haber invadido al Mexico” de la era colonial. Cuando España todavía no existía. 

Algo que me hizo pensar en el proceso que se está llevando a cabo en EU, diferente, pero con objetivo similar, la destrucción del concepto de ciudadanía que siempre había establecido claro la relación del individuo con el estado. Pues la ciudadanía había sido una forma privilegiada de su nacionalidad, con el propósito de unir a la gente alrededor de valores comunes, individualismo con su libertad, un gobierno supeditado a la gente, su sistema de creencias, principios etcétera, su cultura dominante. Y el gran problema se presentaría cuando la clase reinante dejara de compartir lo que era intocable para el ciudadano. 

Y con ello se ampliaban las diferencias entre el verdadero sentido patriota de la sociedad y la promovida desnacionalización y despersonalización de las elites que, al mismo tiempo, apuntalaban con tóxicos elementos como como clases sociales, denominación racial, regional y distinciones étnicas. Así se iniciaba el divorcio de lo gubernamental y lo privado y la muerte de sus mercados libres. Eso provocaba una “democracia” con nuevos ingredientes que no sería representativa, pues ahora las leyes estarían en manos de quienes no representaban a la gente. Se había iniciado la muerte de la ciudadanía.   

Pero, la democracia mexicana ha sido un caso especial. Un país con regiones tan diferentes, una sociedad siempre quejosa porque así se había programado y nunca asumiera la responsabilidad de sus destinos personales. En las regiones del sur todavía odiando a los gachupines, regiones del norte, con predominante sangre española, no se atreven a expresar su orgullo pues, con actitudes como las del Peje, puede ser peligroso. Pero siendo un país donde el 90% de la población son indígenas y mestizos, ha sido un mercado atractivo para demagogos pues con ellos han formado sus talibanes del voto y de la destrucción. 

Y esos demagogos, para mantener el poder, nos han fabricado enemigos imaginarios y así odiamos a los gringos porque nos robaron la mitad del país, odiamos a los gachupines porque mataron a Cuahutemoc, porque nos destruyeron las bellas costumbres como el canibalismo. Y hemos resentido a los que se atreven a contar la verdadera historia como Octavio Paz. A un Claudio Veliz y su comparación de los dos mundos que también definiría Vargas Llosa que, con nítida claridad, señalaba que reformas económicas, judiciales, educacionales tan urgentes, no serán posibles si seguimos en la misma ruta. 

Pero los verdugos de Mexico consideraban su gran triunfo era la democracia. Esa democracia que Jefferson describía como dos corderos y un lobo decidiendo el menú de la cena. Pero, sería Adams el más incisivo afirmando: “La democracia es el peor de los sistemas políticos, se ha aplicado en tiempos pasados, y siempre ha tenido corta vida y ha muerto violentamente.” Y si Adams pudiera regresar, al ver el gobierno del Mexico propiedad del Peje, con gran autoridad podría afirmar, “se los dije.” Tal vez apareciera Tocqueville para aclarar, no fue la democracia, fue un gobierno que perdiera su moralidad. 

Esa democracia de los bandoleros que agredieran a Isabel Diaz Ayuso por los crímenes que nacen en mentes enfermas. Ese odio que los hace olvidar que sus abusones gachupines descubrieron este continente, nos rescataron de la edad de piedra, nos dieron las primeras universidades, la religión, ciudades con hermosas arquitecturas como la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, el Palacio Nacional en Ciudad de México. El Altar de los Reyes de la Catedral Metropolitana, la Capilla del Rosario en la Iglesia de Santo Domingo en Puebla, la Iglesia de San Francisco Javier en Tepotzotlán y el Templo de Santo Domingo de Guzmán en Oaxaca. Ciudades hermosas como Zacatecas, Guanajuato. 

Los españoles no solo fueron soldados, desarrollaron civilizaciones que amaron las ciencias y las artes e hicieron importantes contribuciones al conocimiento que sentaría las bases de Mexico. Y fueran los monjes españoles que se atrevieron y avanzaran al norte poblado por feroces tribus para evangelizarlas y fundar ciudades. Francisco Vázquez de Coronado fue quien en 1540 Acampó en la confluencia de los dos arroyos principales donde se fundaría la ciudad de Álamos, que por la riqueza de sus minas de plata se convertiría en imán para los españoles. 

Un par de años después se internaba en la sierra madre el Capitan Lucas de Valenzuela, hasta llegar al Valle de Tacupeto donde se asentaría y sería cuna de mi familia. Lugar hoy descrito por un visitante como “la gran mayoría de tez blanca y ojos claros, hasta que pude entender que este fenómeno demográfico se relacionaba con la presencia de un gran número de españoles que ahí acudió a explotar las minas del que fue el rico Real de los Dulces Nombres de Tacupeto.” 

Y, este Mexico, Isabel Diaz Ayuso, es el que te pide disculpas.

 

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