JESUS Y TRUMP CON LOS MISMOS ENEMIGOS

Ricardo Valenzuela

Donald Trump's Road to Damascus - Common Reader 

Creo que la humanidad entera está frente algo que, como los grandes eventos del pasado, estará sentando las bases para una nueva era totalmente diferente a las que, invariablemente, han sucedido a través de la historia que siempre han sido dictadas por quienes, sedientos de ese poder, han logrado diferentes niveles de control global. Sin embargo, al alcanzar cada una de esas etapas, tradicionalmente ha surgido algo que les impida la consecución de su ancestral objetivo diabólico, esclavitud total de la humanidad, reculan, pero no desaparecen. 

Y esas fuerzas nunca han cesado en su lucha utilizando las diferentes herramientas disponibles de cada era las que, con los avances científicos y tecnológicos, sus armas también han evolucionado alcanzando capacidades insultantes. Ese proceso, durante los últimos 80 años, finales de la Segunda Guerra Mundial, había avanzado sin que alguien les presentara una verdadera resistencia, por lo que sus logros llegaran a un punto intolerable ya con auspicios de un verdadero apocalipsis. 

Fue cuando aparecía un elemento, no solo disturbador de su fiesta, sino con capacidad destructiva y se prendían todas las alarmas tanto tiempo calladas. Y, lo más amenazante, no lo habían podido detener activando todas sus diabólicas estrategias que culminaran con intentos de asesinato. Como fuera de esperar, a los enterados no les extrañó que, antes del año, surgía el enfrentamiento como se venía cocinando, con tintes globales porque la ambición canalla siempre ha sido global. Y, ante esos avances liberadores, surge la seria posibilidad de grandes castigos para tantos pecados impunes, y tiemblan las murallas.

Entonces ¿estamos ante el apocalipsis? Para ubicarme ante lo que provoca confusión y, sobre todo, ante la figura de Donald Trump, yo no recurro a las falsedades de la media vendida de EU. Y me rio con la reacción de un amigo que me dice consulta a medios superiores como The Economist y al Financial Times, y le respondo informándole ambos son propiedad de los Rothschild. 

Y cuando esta situación ya ha escalado nivel superior de confusión, yo recurro a la historia de Spinoza narrada e interpretada por el gran médico de almas Carl Jung, de una de las primeras cimbradas que sufrió el mundo. La aparición de Jesús de Nazaret, quien Spinoza afirmaba no era Dios, sino un ser humano que realmente entendió a Dios. Un gran filósofo humanista que afirmaba en nuestro interior tenemos una chispa de Dios, y él había encontrado esa unión personal con Dios. De esto parte mi entendimiento de lo que sucede en estos momentos entre dos fuerzas. 

Después de la muerte de Jesús, nacía una iglesia luchando durante siglos para convencernos de que somos seres imperfectos, débiles, pecadores y solos no podemos llegar a ninguna parte, somos bestias sin conciencia real y sin herramientas para avanzar. Mientras que Jesús predicaba todo lo contrario y, sobre todo, con su ejemplo nos demostró que todos tenemos ese poder interior para trascender y lograr la dimensión que él había logrado. Es decir, la iglesia promoviendo el colectivismo, el rebaño que necesita una caponera, y Jesús predicando el individualismo, pues, todos tenemos la chispa interior y lograr lo que él logró. 

Afirmaba Jung, Jesús fue un gran pensador que inventara una nueva rama de la filosofía que él encarnaba, practicaba y ejecutaba todo lo que predicaba, porque sabía la naturaleza humana tenía ese potencial divino, pero nadie lo desarrollaba como él lo había buscado para alcanzar la perfección. No somos pecadores caídos que necesitamos nos rescaten, somos dioses derrumbados, ignorantes de nuestro poder, con la maquinaria oxidada, todo con potencial divino esperando ser activados. Y si buscamos siempre encontramos, pero solo nosotros debemos buscar. Ese grado de entendimiento que, al encontrarlo, podremos navegar solos y viento en popa sin jaculatorias. 

La diferencia con Jesús, es que él buscó, encontró, entendió y actuó, mientras que nosotros hemos permanecido dormidos, ciegos, seres debilitados e inseguros esperando algo de alguien y rezamos como pericos. Y ese cuadro es especial para los aspirantes a verdugos de la humanidad. Ese fue el gran nihilismo que describiera Nietzsche ha tomado control de los esquemas mentales. La debilidad de la bestia del rebaño ha creado la moral de la decadencia, del quién sabe, de la entrega y necesitan un pastor. La iglesia los fabrica, pues, es una dependencia de los verdugos. Y el único peligro es que despertemos ante la llamada de Jesús. 

Alguien que ha entendido el poder de Jesús no era divino, sino su descubrimiento y uso de lo que tenemos en el interior. Esa fuerza celestial que nunca hemos usado, ese poder que Jesús encontró y lo usó. Con sus conductas y ejemplo hizo atractiva la virtud, no solo aconsejando o predicando, sino que afirmando hagan lo que yo hago y lograran lo mismo. Y esa perfección que lograra Jesús fue la gran amenaza para imperio y la iglesia hace 2,000 años. Porque su presencia exponía la imperfección del mundo, la ignorancia, inmoralidad, la mediocridad y la falsa escala de valores. Y todo lo que sobresale provoca envidia, odio y temor. 

Y ante ciertas situaciones el mundo ofrece dos alternativas. Desarrollarnos o conformarnos. La iglesia y los herederos del imperio se han dedicado a la segunda manteniendo lo que nos ha condenado. Jesús predicaba y actuaba señalando la primera donde tenemos el mapa, dándonos las instrucciones para iniciar el viaje a ese destino diferente al que nos han tratado de llevar. Las reacciones que provocó Jesús que cimbrarían el imperio, son las mismas que Trump está causando en estos momentos—y momento mulas sin freno, no estoy elevando Trump a divinidad, estoy comparando los temblores y con ellos el odio que ambos han causado. 

Las causadas por Trump, son las de los rebaños de su mundo de frivolidad, de superficialidad, su programación que les impide encontrar el mapa y continúen en sus luchas de engaños, mentiras, de una guerra contra la lógica y la razón. Pero son utilizados y dirigidos por los escombros del imperio y de la iglesia que ellos siguen utilizando. Ellos tienen pavor de que a sus rebaños se les presente un Jesus más cercano, humano—divino, el psiquiatra espiritual, el filósofo de la espiritualidad práctica, no algo obligado con fe ciega. Y cuando aparece quien inspire sin ser pastor, con él lo pueden encontrar, y la maldad del mundo sufriría la derrota final.       

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