Ricardo Valenzuela
A finales de los años 70, residiendo en Guadalajara donde se habia establecido la comandancia del nuevo banco que surgiera de la fusión de Banco Ganadero con otras cuatro instituciones financieras, y así darle vida a Banpacifico del cual yo había sido nombrado director general. Durante los primeros meses se me presentaba una rara situación. Habíamos abierto una nueva sucursal en la cual el gerente era parte de la herencia del Banco de Sinaloa uno de los fusionados autorizados por Hacienda.
El gerente de la nueva sucursal había vivido en Culiacán donde había trabajado en ese Banco de Sinaloa. Y nuestra oficina de repente empezaba a recibir depósitos en dolares de cantidades anormales que de inmediato llamaban mi atención. Aunque había un subdirector regional, decidí tomar acción sobre algo que no era el clásico comportamiento de una oficina nueva. Llamo directamente al gerente para que me explicara el origen de esos depósitos. Con voz nerviosa me dice; “es un amigo que me quiere ayudar”. ¿Quién chingados es tu amigo? Pregunto. Me responde, “es un gomero de Culiacán”.
Procede a calmar mi preocupación diciéndome que no habría ningún problema, pues este hombre solo quería hacer depósitos y buen servicio, nada más. Ya tranquilo cometería un grave error cuando, ya aclarado el asunto, le digo al gerente, a quien había conocido desde que yo visitaba Sinaloa por negocios, fíjate Tomas, yo nunca he visto físicamente un narco y tengo curiosidad, punto, nada más. Me revira, “si quieres te lo presento, estoy seguro de que te caería bien es un tipo muy especial”. No, le digo, olvídalo y, según yo, asunto terminado.
Dias después me dirigía hacia un lujoso restaurant en el barrio más exclusivo de Guadalajara, para cumplir con una invitación recibida de parte del misterioso cliente del banco. Al llegar al lugar, de inmediato me dirigen a un privado especial en donde ya estaba ese anfitrión acompañado del gerente introductor. Al penetrar el privado, se levanta de su asiento un hombre joven que parecía ejecutivo de Wall Street no un gomero de Sinaloa. Era mas alto que mi 1.87 de estatura, de apariencia muy distinguida, portando un elegante traje, sin joyas ni relojes caros, me tiende la mano diciéndome, “mucho gusto, soy Miguel Felix Gallardo”.
Durante la comida me di cuenta no era la clásica figura del narco sinaloense, era un hombre de tez blanca, de finos modales señalando, un hombre que supuraba inteligencia, lo mismo que una cierta formación profesional de quienes transitaran universidades. Un hombre manejando una serie de informes, no de sucesos superficiales, sino los que manejan los altos ejecutivos tan necesarios para navegar economías que cada vez presentaban retos diferentes y, creo que, fue de él, la primera vez que escuchara, “información es poder”. En las horas que durara la reunión yo me preguntaba ¿de donde salió este hombre tan impresionante?
Al despedirnos me dice; “Ricardo, me caíste muy bien, yo esperaba conocer la vieja versión del banquero, pero eres joven, eres también norteño como yo, te gusta el campo, los caballos, el ganado como a mí. Tienes en mi persona un amigo sinaloense que se conjuga muy bien con el sonorense, alguien dispuesto a colaborar con el grupo de ustedes que, como yo, acaban de llegar a Guadalajara, no solo para hacer negocios redituables, sino también participar en el desarrollo económico regional, como lo han expresado y ejecutado en Sonora a través del Banco Ganadero que le creara esa reputación”.
De regreso a mi oficina repasaba en lo sucedido las últimas horas y, habiendo recabado cierta información antes de la comida, sin tener todavía la visión de lo que se convertiría esta actividad que, en esos momentos, era contrabando de mariguana, pensaba. Este hombre tiene todas las herramientas para, de una actividad ilegal, pero de una rentabilidad tan generosa, construir una corporación al estilo de la West India Corporation que, con la visión de los oligarcas y el opio vendido a China, sería la más grande y poderosa del mundo rivalizando con gobiernos. Con su propio ejército, su propio banco, Hong-Kong and Shanghai Banking Corporation HSBC.
Pero, esa pequeña actividad de los gomeros de Sinaloa, con la emergencia de la cocaína en Suramérica en manos de un barbaján como Pablo Escobar, cuando le cerraran las rutas marítimas que utilizaba, Felix Gallardo, el visionario, le ofrecería al barbaján de Colombia algo muy valioso, su experiencia única de años introduciendo mariguana a través de toda la frontera entre Mexico y EU. Así nacia una nueva sociedad entre productores en Colombia, y el único que la podría hacer llegar al mercado, Mexico.
Y, con la desaparición de Pablo Escobar, el visionario Felix Gallardo, tomaba la otra parte de esa fórmula, la producción, que, durante los siguientes años, se convirtiera en un mercado de varios trillones de dolares que escurrirían por todos los gobiernos y mercados del mundo. Y, como me lo pronosticara el padrino cuando, al renunciar a la dirección general del banco, fue a mi casa a notificarme su sorpresa, y también ratificarme su admiración por mi persona pues, como él siempre lo habia comentado, nunca le acepté ningún regalo calificándome de ingenuo. En esa penúltima conversación, con su gran visión me pronosticaba que la actividad había crecido tanto que, eliminando el riesgo que ellos asumían, los gobiernos se adueñarían de ella para tapar los hoyos de su inmoralidad y sus saqueos, y enviar a los originales a prisiones o a campo santos presumiendo de su falsa moralidad.
Sin duda, este hombre tuvo boca de profeta, sobre todo, con lo que me afirmara ya saliendo de mi casa como despedida final. “Mira Ricardo, hasta en estas actividades se tienen que cumplir con ciertas reglas de honor y de la moral natural, pero, los gobiernos tienen su propia moral, con ella surgirán como los nuevos ricos sintiendo ese brutal flujo de dinero será eterno, van a llevar a los gobiernos a situaciones que ya nunca tendrán solución, pero ellos no sufrirán, solo la gente”.
Y a él fue quien yo escuchara por primera parafrasear etiquetado a Simón Bolivar. “Mexico caerá en manos de una turba envenenada, después bajo el dominio de oscuros tiranuelos de todas tayas, y ya diezmado por toda clase de crímenes y agotado por tantos crueles excesos de sus verdugos, estará listo para la entrega final de su libertad. Si alguna parte del mundo tuviera que regresar a un caos primordial, tal será la última encarnación de México”. Amen.
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