LA HISTORIA DE BERMUDA ACUSA A AMERICA LATINA

Ricardo Valenzuela

 GONZALO N. SANTOS, SÍMBOLO DE LA CORRUPCIÓN » Latitud Megalópolis

“La moral es ese árbol frondoso que da moras”. 

Gonzalo N Santos (el alazán tostado) 

Bermuda ha sido una increíble historia que, por motivos ilógicos, el mundo siempre ha ignorado. Es la historia de un pequeño archipiélago de islas e islotes de contextura rocosa, deshabitada, con una fauna casi nula, que los primeros en ignorarla fueron sus descubridores españoles, pues, no detectaran algún tipo de utilidad. Estaba situada en medio de la nada, de recursos naturales tan escasos que ni agua dulce tenía, tampoco tierra para cultivo, lo que hacía imposible algún tipo de asentamiento humano. Así, los galeones españoles seguían sus rutas hacia sus nuevas colonias ignorándola. 

Sin embargo, con Inglaterra debutando en America en su ruta para poblar sus territorios en el nuevo mundo, aunque, sus buques también la ignoraban, en una ocasión uno de ellos transportando colonos a las Carolinas, enfrentaba un feroz huracán que lo obligara a buscar refugio en esa isla maldita que todos despreciaban. Con la nave averiada, tuvieron que permanecer en ese lugar dos meses y, al terminar la reparación del buque para así continuar su ruta, un grupo de temerarios, aun ante la advertencia del peligro, decidían permanecer en la isla maldita.

Con la madera sobrante del buque averiado y la que encontraran en un árbol especial del lugar, construyeron pequeñas naves con las que se dedicaran a la pesca que era muy abundante y buena alimentación. Para resolver el problema del agua para beber, diseñaron un sistema de almacenamiento de la lluvia que era muy frecuente. En pequeñas parcelas familiares empezaron a sembrar y cosechar alimentos como papa, algo de trigo, legumbres. 

Además, quienes permanecieron que, en el naufragado barco llevaban algunas vacas, obviamente las mantendrían con ellos, con eso tendrían leche, queso. Un par de años después, los sobrevivientes de un buque de esclavos que naufragara, algunos de esos esclavos, flotando en la madera de la nave arruinada, esas corrientes los llevaran a la isla y, con la bienvenida que recibieran de parte de los pobladores, llorando afirmaban que finalmente habían llegado a un paraíso de libertad. Esa seria la doctrina de ese asentamiento que ya Inglaterra lo incluía en sus posesiones.   

Durante los primeros años se dieron a la construcción de sus casas, almacenes, oficinas de sus autoridades, iglesia, con un sistema especial que les permitía captar cantidades mayores de agua y almacenarla en estructuras inventadas por ellos para incrementar su producción agrícola. De sus bosques, con ese árbol de madera especial, construían muebles que vendían a los buques en lo era el inicio de un comercio activo. Iniciarían la construcción de barcos de mejor calidad que vendían, pero al mismo tiempo siempre reponían los árboles en ese bosque que cuidarían con esmero. 

Al estallar la guerra de independencia en las colonias, el debutante congreso prohibía comerciar con Inglaterra y todas sus posesiones lo que amenazaba a esa isla despreciada. Pero, sus habitantes acudirían al nuevo congreso y, con buena disposición de parte de Benjamin Franklin, lograban no se incluyera Bermuda en ese embargo. Y, además, esos mismos elementos habían logrado que Inglaterra construyera el mejor puerto regional en Bermuda, lo que elevaría su capacidad comercial. Siendo región especial de Britania, aprendían del manejo político privado de sus corporaciones. 

Como resultado de su proximidad a la costa sureste de EU, Bermuda fue utilizada regularmente por los Estados Confederados durante la guerra civil, para evadir buques de la Armada de la Unión y llevar al Sur las mercancías necesarias desde otros paises. El antiguo Hotel Globe en San Jorge, sería un centro de intrigas para los agentes de la Confederación. Con su bandera de libertad y su lejanía de los centros de poder, Bermuda se convertía en un imán de buscadores de esa libertad a donde llegaban desde Sudáfrica, hasta del lejano oriente.   

A principios del siglo XX, cuando el transporte moderno y los sistemas de comunicación se desarrollaron, las Bermudas se hicieron un destino popular para turistas americanos, británicos, canadienses, y ricos y multimillonarios. Además, el arancel decretado por los EU en 1930 dañó el comercio agrícola de exportación —principalmente de verduras frescas con los Estados Unidos— estimulando con ello el desarrollo de la industria turística en el territorio de ultramar, que, tras el comercio internacional, se convertía en la segunda en importancia económica de la isla. 

Fue cuando Bermuda tomara ese rumbo que hoy la ubica como una de las regiones mas ricas, prosperas y libres del mundo. Se convirtió en la reaseguradora de todas las grandes compañías de seguros alrededor del mundo, en un centro financiero mundial, un paraíso fiscal atractivo para los mas sofisticados capitales, lo que lo ha llevado a establecer un ingreso per cápita de $150,000 dolares,  impulsado por los servicios financieros extraterritoriales para empresas —en particular, los seguros y reaseguros extraterritoriales— y por el turismo que representa aproximadamente el 38 % del producto interior bruto (PIB), y el 85 % de los visitantes procede de América del Norte. 

Es decir, aquella isla despreciada durante siglos por españoles, ingleses, portugueses, franceses, holandeses, sin recursos naturales, con un territorio de 54 kilómetros cuadrados cubierto de rocas y sin atractivo alguno, que espantaba tanto que, en cierto momento, se le diera la etiqueta de isla del diablo, con una ubicación sin atractivo geográfico, sin fronteras con los grandes poderes económicos globales, abusada durante los siglos 17, 18 y gran parte del siglo 19, con una población que no llega a los 100,000 habitantes, que tiene que importar el 80% de sus alimentos. No solo sobrevivió, se elevó a las alturas de una grandeza superior.   

En estos momentos se debería considerar como un verdadero milagro y un ejemplo a seguir por sus vecinos regionales. Esos que, como Venezuela, Colombia, Mexico, Cuba, Nicaragua, fueran bendecidos con recursos naturales envidiados por todo el mundo, en estos momentos presenten la mejor fotografía de los fracasos más grandes de los últimos tiempos, pues, ni con su inmoral negocio del narcotráfico han podido lograr ni las migajas del admirable progreso de Bermuda. Y, lo más patético, sus cínicos y desvergonzados verdugos pretenden continuar con sus destrozos, ante poblaciones que lo han permitido y hasta aplaudido.

 

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