VOLUNTAD DE PODER TRUMP VS KEYNES, HOOVER

Ricardo Valenzuela

Profile of the Day: General George Patton 

Al explotar la gran depresión en 1929, sus efectos más visibles y dramáticos los mostraba Wall Street donde se perdían grandes fortunas y de inmediato se extendia por el mundo. Es importante conocer esta etapa de la historia porque, este evento, fue el que diera manos libres para que los gobiernos se adueñaran de un papel que nuca les ha correspondido. Así, en lugar de permanecer solo el guardián de los derechos del individuo, se convirtió en ese monstro de mil cabezas mucho peor que las monarquías que se estaban destruyendo en Europa. Y en esta trayectoria, es de igual importancia conocer bien a un hombre, FD Roosevelt. 

La Gran Depresión arribaba a EU ya con una economía donde era claro la mano del gobierno, algo que fuera cortesía del presidente Hoover quien, preocupado por la amenaza de una deflación, establecía programas intrusivos y no permitiría que la economía por si misma iniciara la liquidación. La expansión del crédito se habia terminado y se iniciaba una contracción que se esperaba controlara la fiebre del enfermo, y solo así la economía podría iniciar su recuperación. Pero, las medidas de Hoover en vez de controlar la fiebre la incrementaba. En su lucha para no permitir los precios y salarios bajaran y se ajustaran al nivel de la reducción de la masa monetaria, solo prologaba la agonía.

Aun antes que el mercado explotara y naufragara, las acciones de Hoover iniciando con el Acto de Agricultura, un verdugo con la misma fisonomía del viejo acto McNary-Haugan, que Coolidge repetidas veces lo vetara, pero, aunque no atentó vincular precios de productos agrícolas a cierto nivel o subsidiar ventas en el mercado mundial. Pero si le diera vida a un nuevo mostrito, Federal Farm Board (Conasupo gringa) para fomentar la compra y comercialización cooperativa de productos agrícolas y mantener precios a niveles benéficos para productores. Todo con prestamos del gobierno y sería un rotundo fracaso. 

Y aquí surgia algo que vale la pena señalar y analizar. La Gran Depresión le daba vida a un fenómeno de gran popularidad en los siguientes años, la industria de los rescates. Esa fórmula mágica del que “se baja el cero y no toca”. Esa magia que en Mexico, inaugurando el concepto, le daba vida al FOBAPROA y nadie tuviera que pagar por ineptitudes, manejos irresponsables sin las herramientas esenciales, porque el gobierno se había convertido en dos fuerzas, el creador de los desastres, y también nuestro salvador eliminando los riesgos. En AL se les daba las llaves del carro a choferes borrachos. 

Y sería Hoover con todas sus políticas ausentes de sentido común, quien le diera vida a la falsa premisa de la responsabilidad del gobierno por el funcionamiento de la economía. El gran salvador y preparador del terreno para el surgimiento del gobierno del bienestar personal y corporativo. De esa forma se iniciaba el abandono del concepto original de los padres fundadores: un gobierno acotado ante la gente con la única responsabilidad de la protección de los derechos individuales. Se archivaban las ideas de Jackson quien advertía de la corrupción, como la gran consecuencia de gobiernos creciendo y políticos profesionales. 

Así emergia la figura de FD Roosevelt quien era gobernador de Nueva York, un hombre que vale la pena analizarlo con una gran profundidad. Un político profesional que portaba maestría en ese pantano. Además, yo me atrevo a pedir se debía galardonar como el padre de la demagogia moderna. El famoso autor W Lippmann lo describía así. “Roosevelt es una persona agradable con impulsos filantrópicos raros, pero no es enemigo de nada. Tiene demasiado afán por complacer, no es un cruzado. Es un hombre afable quien, sin ninguna cualificación para la oficina, no tengo duda será presidente”. Pero no se daba cuenta era a la vez más retorcido, falso y muy tenaz. 

En su toma de posesión por primera vez se refería su New Deal que para nadie tuviera significado. El autor, Stuart Chase, acababa de publicar su libro, A New Deal. Él había visitado la URSS en los 20s y regresaba impresionado con lo que atestiguó. Regresaba afirmando la urgencia de la redistribución de riqueza para incrementar el consumo, altos impuestos a los ricos, aumento de salarios, el gobierno dando vivienda a trabajadores y, sospechosamente, el New Deal de Roosevelt seguiría al pie de la letra todas las recomendaciones. Después, el mismo abogado de FDR, afirmaba que el libro sería la biblia de la gente cercana al presidente. De esa fuente surgían las ideas de más intervención y control del gobierno, economía planificada, impresión de dinero.

Al avanzar su administración, el New Deal aprisionaba al pais y, con sus trampas, pronosticaba permanencia perpetua en el poder de solo un partido político. Compra de votos con dinero de los impuestos. Promesas de beneficios y más beneficios, gastar y gastar, elegir y elegir. Una carrera hacia la locura que contagiara a algunos republicanos. Pero en esa estira y afloja el New Deal introducía una horrible enfermedad; déficits. El New Deal nunca eliminó la Gran Depresión, si dilató la recuperación. Se había archivado la única ruta hacia la prosperidad, empresa libre, estado de derecho, productividad y competencia. FDR con su economista marxista, White, partían. 

Y solo veinte años después del tratado de Versalles que puso fin a una devastadora primera guerra en Europa. La segunda guerra mundial explotaba y sería la más destructora que sufriría la humanidad. Una guerra que proyectaba la Civilización Occidental como si estuviera bajo un dominio demoniaco. Y surgia algo que impactaría al mundo. Alemania, destrozada en la primera, despojada de su territorio y de sus colonias, abusada y endeudada al infinito y, sobre todo, con un mundo sufriendo de la Gran Depresión. En 15 años surgiría como una milagrosa potencia económica de tal magnitud que se podría rearmar. 

En 1933 un grupo de altos oficiales militares y grandes magnates alemanes blandiendo nombres como Krupp, Siemens, Thyssen, Bosch, se reunían en Berlin en casa del Barron von Schroeder, donde ya esperaban el director del Deutsche Bank, el de IG Farben, Herman Schmitz. Y como invitados especiales los hermanos John Foster y Allen Dulles socios de la firma de abogados Sullivan y Cromwell de Nueva York, representando a JP Morgan, John Rockefeller Jr, Henry Ford, Prescott Bush. En esa reunión se decidía que Hitler debería ser Chancelor de Alemania y ellos lo financiarían.      

 


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