EL DESTINO DE LA RUTA EQUIVOCADA

Ricardo Valenzuela

Ellen DeGeneres 

En EU durante los años más recientes, ha estado sucediendo algo verdaderamente preocupante que, por infinidad de motivos, la verdadera información no había surgido a la superficie, pero son eventos que se deberían estar atendiendo de una forma requerida por la magnitud de lo que, en mi opinión, es de una amenaza de potencia real y ya presente. La señal más potente de lo que se ha estado gestando, primero fue el arresto del financiero, Jeffery Epstein. Un hombre exitoso que había construido una gran fortuna misteriosamente.

Pero, la noticia explotaría cuando Epstein, ya preso, a quien, por motivos sospechados, se le vigilaba 24 horas con una serie de cámaras con imágenes recibidas por guardias que de forma especial fueran seleccionados. Sin embargo, el vigilado prisionero se suicidaba cuando la excusa de los vigilantes fuera de parvulitos, “nos dormimos”. El suicidio provocaba que cierta información finalmente emergiera a la superficie. Y con esa desconocida revelación surgía una pregunta: ¿Quién era Ellen Degeneres? Portadora de un apellido tan sugerente y, sobre todo, ¿quién era Jim Carrey? Y, ¿por qué pegarlos al mismo arado?

Degeneres era la estrella más brillante de todos los programas de entrevistas en Hollywood. Carrey, el cómico más exitoso del mismo Hollywood, se presentaba para una entrevista. El resultado fue un evento realmente extraño, pero, en medio de sus incoherencias, Carrey hacía la denuncia de un movimiento diabólico que giraba alrededor de Epstein, la estructura de un mundo dimensional. De inmediato surgían explosiones que provocaban que Carrey tuviera todas las puertas del entretenimiento cerradas, una horrible depresión combinada con un delirio de persecución y el retiro de sus glorias. 

Y provocaba también que Degeneres, con gran prisa, abandonara el país y su vida en Hollywood; con urgencia vendía su mansión con precio castigado. Y, como en todas esas explosiones, surgía la verdadera Ellen como un demonio cruel a quien los miembros de su equipo temían. Su cercana sociedad con Epstein, en la que ambos, afirmado por su chef, eran caníbales, pues consumían carne humana. Y operaban en diferentes lugares: una isla en el Caribe, un rancho en Nuevo México, un condominio en Manhattan, su mansión en Florida. Y con la muerte de Epstein, surgirían otras. 

Carrey había denunciado algo en lo que solo mostraba la superficie de un enorme iceberg. Y, quienes destruían su carrera y su vida, eran los residentes de las otras capas desde donde operan las peores escorias de la sociedad. Ese Hollywood donde se ocultan los secretos más horrorosos de la humanidad. Secretos para proteger conductas criminales nunca castigadas, porque ese ha sido siempre su privilegio. Ese laboratorio en donde se fabrican las recetas que se incrustan en el cerebro y ego de la gente. Esos verdugos que arruinaron a Carrey, que han tratado lo mismo con Mel Gibson y Jim Caviezel por mostrar a un Jesús diferente, el verdadero. 

Ellos han construido su propia iglesia donde sus sacerdotes son Oprah Winfrey; la fila de sus acólitos la forman Conan O'Brien, Jimmy Fallon y Jimmy Kimmel; genios musicales como, Sean Combs, que por crímenes sexuales está preso, acusado de ser otro gran proveedor de la demanda de tanto degenerado cuya preferencia sexual son niños pequeños. Y se complementan con las mafias que dominan ese tráfico humano global, que ya les produce más dinero que su tráfico de drogas. 

El que se hayan atrevido al asesinato de Epstein es un acto que señala la histeria de algo que los amenaza. Y otras señales como el castigo sin precedentes que le aplicarían al príncipe Andrés de Inglaterra, con el cual, no solo lo harían abandonar el lugar donde residía, además le retirarían todos los beneficios como miembro de la familia real y le ordenarían desaparecer en la escena real. Los delitos desconocidos que haya cometido deben ser de una gravedad que amenace la corona. Y algo que precipitara tal medida fue la chamaca que lo delatara por violación y, antes del juicio, también se “suicidaría”. 

Pareciera que las cosas grandes, para incrustarse en el corazón de la humanidad, deben primero recorrer la tierra con muecas monstruosas. Y una de ellas ha sido la filosofía de la impunidad, esa gran afrenta histórica que nunca se ha resuelto. Pues, el que no se haya superado tal pesadilla en esta era ha sido el engendro de lo diabólico en que vivimos. Ello ha creado una tensión del espíritu como nunca: un arco tan tenso que se puede disparar hacia blancos nunca apuntados, porque el arco cada vez es más tenso. Y sigue vigente la miseria del espíritu y la tensión del arco crece y tal vez una flecha más afilada.

Así se ha provocado gente presa de ociosidad, indiferencia y luego esa tierna serenidad de la oración. Indolencia con buena conciencia propia de la vejez de los sueños. La indiferencia práctica—no se puede hacer nada—y crece la profundidad de la tolerancia que provoca la cruel pasividad sin ver; es lo que fabrica al hombre inferior que se ha venido desarrollando toda la vida. Y es lo que les interesa a esos gobiernos. Y la malformación del pequeño enano pretencioso y agitado, el industrioso estéril, el iluminado con ideas, pero todas para acomodarse y depender del salvador en turno, bienvenidos.   

La programación permanece reina de nuestros prejuicios y temores sociales y morales; no nos hemos atrevido a descender a las profundidades. El concebirla con la creación de palabras que nos lleven a la voluntad de poder, nadie lo ha intentado, porque no sabemos que portamos ese poder interior; “el reino de los cielos está en tu interior”, esa física cuántica que ha permanecido sin uso. Y los prejuicios (programas) han penetrado el ámbito equivocado y el resultado es trágico; nos inhibe, nos ciega y con crueldad nos engaña. Otros fingen el engaño para lucrar. 

Pero hay algo más peligroso que la ignorancia, el ser experto en el vasto reino del conocimiento equivocado y destructivo. Pues hay infinidad de razones para mantenernos ignorantes. El cableado de nuestro cerebro derrotado es lo que no nos permite seguir el sabio consejo del gran filósofo George Bernard Shaw: “Dedícate a conseguir lo que quieres, o te verás forzado a querer lo único que tienes. Donde no hay ventilación, el aire puro se considera insano. Donde no hay educación, la ignorancia se considera cultura”.    

Y quienes no son capaces de cambiar sus mentes, nunca serán capaces de cambiar nada. Y es lo que Hollywood y la CIA no quieren que suceda.

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