Ricardo Valenzuela
Hace muchos años, al estar leyendo la biografía de Winston Churchill, me encontré con una frase que realmente me cimbraría hasta estos dias. “Mas horrible que el canto triste de un búho en una noche de tormenta es esa cruel frase, te lo dije”. Porque es un reclamo a quien hubiera fallado en alguna importante tarea que llega para reafirmar su falta. Sin embargo, me acaba de suceder cuando, en medio de mi lectura, saltaba un nombre que yo habia escuchado muchas veces de boca de mi padre, Otto van Hasbhurg. Uno de los pocos hombres que mi padre admirara.
El nombre de inmediato me cimbrara para ligarlo a lo que estaba leyendo en esos momentos, la historia del Imperio Austro Húngaro que, desde que me naciera este interés de conocer la aventura del frustrado heredero a la corona, Rodolfo, quien muriera de una forma nunca aclarada, pero, siempre habría flotado la idea de un asesinato por una increíble razón. En el proceso de su preparación para asumir la corona, su padre contratara a un intelectual de gran prestigio, como coordinador del programa que le daría las herramientas en la tarea que le aguardaba.
Pero, quien asumía la responsabilidad, era nada menos que el economista fundador de la Escuela Austriaca de Economía, Carl Menger. Una corriente de libertad económica y política basada en el individualismo metodológico. Un concepto afirmando los fenómenos sociales resultan de las motivaciones y acciones de los individuos libres—y de inmediato se convertía enemiga del mercantilismo de las monarquías. Era la ciencia del verdadero libre mercado y, de forma automática, apuntando hacia libertad política. El heredero se habia convertido a las ideas de su maestro y, además, ante la gran molestia de las monarquías, las estaba promoviendo por toda Europa.
La historia me llevaría hasta el final de la primera guerra mundial en la cual, Carlos I de Austria, quien había asumido la tarea después del asesinato de su primo en Sarajevo, lo que iniciaría la guerra, ahora la debía abandonar cuando se decretaba la república. Carlos viviría exiliado, pero dedicaría todo el resto de su vida tratando de recuperar el Imperio. Pero, sin lograrlo, terminaría viviendo en la isla portuguesa de Madeira donde falleció en 1922, Otto se convertía en heredero del imperio. Curiosamente, Carlos, quien naciera dos años antes de la muerte de su tío Rodolfo, había conocido su historia y sus ideas que lo intrigaban.
El hijo de Carlos, Otto, nacido en 1911, mi padre 1910, ya en el penoso exilio y gracias a la voluntad del rey Alfonso XIII, se traslada con la familia a Madrid; más tarde, gracias a la mediación de buenos amigos, se viajaban al Pais vasco, para residir en una villa del balneario de Vizcaya. Así, la viuda, emperatriz Zita de Borbón Parma, sus ocho hijos, incluido Otto, residieron en la villa costera desde agosto de 1922 hasta la proclamación de la Segunda República de España en 1931. Otto había recibido de su padre las ideas de libertad y, además, el primer libro publicado en 1871 por el gran Carl Menger, que lo había seducido.
Ya residiendo en Bélgica, en 1935 Otto recibía el titulo de abogado y un doctorado en ciencias políticas y, lo increíble, en esa era él y mi padre se habían conocido y fueran amigos. Pero, con la invasión de Francia por Hitler en puerta, se trasladaría con su familia a Portugal. Hitler, detestaba a Otto y a los Habsburgo por su oposición manifiesta, activa y pública ante la anexión de Austria a la Alemania Nazi en 1938. Y, al desaparecer Austria como estado independiente, el régimen nazi rehusó otorgarles la ciudadanía alemana, etiquetándoles como apátridas.
La oposición de Otto al régimen nazi era muy clara, sin embargo, en reiteradas ocasiones Hitler, para usar el nombre, intentó tener una entrevista con él, pero heredero de las ideas liberales de su padre, siempre rechazó tajante las pretensiones. Por consejos de amigos los Habsburgo cruzarían la frontera franco-española. Y con su familia dejaba Europa para dirigirse a EU. Allí, Otto estableció contacto con las autoridades estadounidenses para la defensa de los intereses de Austria y, de hecho, favoreció el esfuerzo de guerra aliado siendo conocido como "Otto de Austria”.
Sus ideas liberales se afianzarían en su paso por EU. El siempre afirmaría que la libertad económica era un derecho humano fundamental, y la llegó a considerar como una de las prioridades más importantes de su vida. Mantuvo amistades profundas con economistas clave de la Escuela Austriaca, entre ellos Friedrich Hayek, Ludwig von Mises, Fritz Machlup y Wilhelm Röpke. Su membresía en la Sociedad Mont Pelerin, tendería un puente entre el pensamiento conservador europeo tradicional y la verdadera economía liberal de libre mercado, no la actual, durante sus años ya como miembro del Parlamento Europeo. Y, para ello, establecía la Fundacion Otto van Hasbhurg como herramienta liberatoria y muy participativa.
Sus ideas se vieron moldeadas principalmente por pensadores de generaciones anteriores y posteriores de la Escuela Austriaca de Economía, las que su padre conociera por la gran admiración que tuviera por su tío Rodolfo, ideas que desempeñaron un papel fundamental en la configuración de las actividades de la Sociedad Mont Pelerin, a la que él se vinculó en la década de 1950. Por eso, toda su energía que primero utilizara para el renacimiento del imperio, ahora las apuntaba hacia la grandeza de una Europa libre y, en su primera reunión, se citaban sus palabras siempre centradas en la importancia del individuo y en el papel del libre mercado en la economía, subrayando la relevancia del principio de subsidiariedad.
Al cierre de la convocatoria, el secretario general subrayó la vigencia especial de los principios fundamentales de la Escuela Austriaca tan señalados por Otto, puntualizando que las lecciones derivadas de su experiencia histórica eran especialmente valiosas para afrontar los grandes desafíos en esos días. Cerraba afirmando que los vínculos de Otto von Habsburg con figuras contemporáneas del movimiento, tales como Friedrich August von Hayek, Ludwig von Mises y Fritz Machlup, era de tal importancia que debían ser el himno de la Fundación.
Y de todo eso me había perdido durante tantos años al ignorar los intentos de mi padre para trasmitírmelos, pero, los ignoraba pues yo solo quería irme al rancho con mi abuelo y ahora yo soy quién me pronuncio a mí mismo, te lo dije.
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