Ricardo Valenzuela
Debo mencionar algo que es importante. Quien ha provocado que yo regrese a lo que había abandonado hace tiempo, ha sido mi sobrino Luis Ignacio Nani Valenzuela Cadena, quien con insistencia me ha estado pidiendo le comparta algunas historias de mi padre, la que, como su hermano Gilberto, de forma especial su historia también habría tenido el cincelado especial de su hermano Federico, abuelo del Nani. Es decir, dos influencias potentes de parte de dos hombres que, en su momento, enfrentaran graves situaciones en aquel Mexico partido por una revolucion, en mi opinión, totalmente fracasada, y ambos emergieran como hombres exitosos en sus diferentes campos.
Esto ha provocado el darme cuenta de algo importante. Desde la muerte de mi padre, decidí quedarme con algunas de sus cosas personales que incluían una serie de viejos documentos. Eran notas personales, algunas reflexiones que él acostumbraba a escribir durante la madrugada que, desafortunadamente, durante su vida y, sobre todo, la parte de la mía en que ya hubiera podido apreciar lo que no hice aquel tiempo, creo que esa experiencia hubiera sido, no solo interesante, sino un manual para avanzar por la vida emanado de la suya, con grandes aportaciones que me hubieran evitado perder la ruta algunas veces.
Desde niño yo tuve una profunda influencia de un hombre tan diferente a mi padre, la de mi abuelo materno, Manuel P Torres, un exitoso ganadero quien me tomara como su nieto preferido y pasaba largas temporadas con él en su cuartel general, rancho Las Calaveras. En esa etapa él me transmitiría el gran amor por esa vida y, en mi niñez y adolescencia, lo único que yo pretendía era ser un vaquero como aquellos con los que yo cabalgaba a diario desde que tenia cinco años, y mi abuelo con orgullo surtiéndome todos mis pequeños arreos desde montura, chaparreras para un niño de cinco años. No habría nada más en mi mente.
Así corría el tiempo y la vida de mi abuelo era el gran ejemplo que yo quería y debía seguir, mientras el continuaba apoyando mi formación de un vaquero de verdad. Durante el año escolar, todos los fines de semana, lejos de los bailes de adolescentes, con permiso de mi padre, iba con Agustin Morales al rodeo que se llevaba a cabo en una instalación frente al café combate, donde competía en diferentes suertes. Y, como consecuencia, la vida de mi padre sería tan lejana a mi ideal, vida en negocios, o en su intelectualidad incluyendo ser uno de los fundadores de la Universidad de Sonora. Su elegante forma de vestir, su exagerada formalidad al dirigirse a todo mundo.
Un hombre de muy pocos amigos que solo después entendería lo que lo causara. Esos años cuando se establecen las amistades más firmes para toda la vida, mi padre los habia vivido en Europa. Es decir, no tenia esos amigos de niñez, ni esos de primaria, porque ellos se habían quedado en su pueblo, Sahuaripa. Y al tener amigos contados y, sobre todo, con intereses tan diferentes, no sería un hombre de fiestas y parrandas como la mayoría de los padres de mis amigos. No era ya alguien atraído por la política sucia que atacara a su hermano, tampoco el atractivo mercantilista a los negocios, el era un verdadero intelectual.
No me daría cuenta, hasta hoy, que sufría del mismo mal de su hermano Gilberto, quien habia sido castigado por ser esa clase de hombre de gran integridad, de una moralidad impresionante, de lo que representa un adalid de la justicia y la ley. Y esos atributos le valieran la etiqueta de enemigo del grupo de poder que nacía y lo desterraba. A mi padre se le manifestaría con síntomas parecidos por el apellido que portaba y, los planes construidos en Europa naufragaban, lo mismo que aquella promesa de Calles cuando lo conociera en Hamburgo y lo instaba a prepararse que el pais lo esperaría, no era mas que la primera mentira.
Yo quería ver a mi padre a imagen y semejanza de mi abuelo, o de mi tío Manuel Torres, rancheros, rudos, de muchos amigos que llenaban el perfil de las películas de Pedro Infante tan de moda. Un padre que no fuera tan diferente a los padres de mis amigos. En suma, mi padre tenía el defecto de no ser borracho, mujeriego y jugador, además, el defecto crecía al verlo leer tantos libros raros, su inscripción para recibir la revista Match de Paris y diarios en inglés. Me parecía que mi padre era un hombre aburrido de una moralidad casi sacerdotal. Esta sería mi gran equivocación al no haber apreciado a su tiempo, lo que no quise ver, sus verdaderas cualidades.
Al fallecer mi padre, tuve en mi poder esos documentos que permanecían archivados y cubiertos de polvo. Pero, hace unos días, producto de solicitud de mi sobrino el Nani, decidía asomarme de nuevo a ese tesoro que me habia olvidado lo que representaba. Y, cuando finalmente pude ver de nuevo lo que contenían y habia archivado, en medio de un sentimiento de culpa me preguntaba y reprochaba ¿Cómo pude permanecer tan ciego ante una historia tan ejemplar y, sobre todo, con un contenido dibujando a ese hombre que vivió 15 años en Europa con experiencias que opacarían a un James Bond de la intelectualidad?
Esas evidencias de una vida, no solo tan diferente, sino de un contenido que haría palidecer las aventuras de un Voltaire saltando por toda Europa en busca de libertad o demandado por reyes por su gran sabiduria. La historia de un joven mexicano de una presencia impresionante que, como la de su hermano, parecía un aristócrata europeo, le abría puertas de la realeza de la mano de su amigo Otto Von Hastburg por todo Europa. Un joven que también portaría un atractivo moral, espiritual y de una fuerza especial al estilo del ubermensch de Nietzsche armado con su voluntad de poder.
Definitivamente me habia dado cuenta que no era aquel hombre que en mi niñez consideraba aburrido. Recordaba en una de sus notas, cómo lo habían seducido los filósofos ingleses y, sobre todo, la forma en que procedía a escribir cortas y precisas apreciaciones de sus trabajos, especialmente de John Locke, Bacon, Jeremy Bentham, James Mill, John Stuart Mill, George Berkeley, Thomas Hobbs, que fueran los impulsores de la revolucion industrial, los pensadores y profetas creadores del siglo XX. Una lista de exitosos economistas, filósofos políticos y lideres globales reconocen haber sido influenciados por estos pensadores.
Ahora debo de profundizar en mis archivos porque apenas he visto la punta de ese gigantesco iceberg.
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