Ricardo Valenzuela

El haber detenido la escritura de mi historia en aquellos años 90, me ha redituado de diferentes formas. En estos 30 años, no solo el mundo ha cambiado de forma difícil de explicar y de entender, yo mismo he cambiado y, sobre todo, en este periodo de tiempo, he vivido otro cambio mucho más importante. Ha cambiado totalmente mi forma de analizar y entender un mundo en el que, a partir de la aparición de Jesus de Nazaret, se iniciaría el enfrentamiento de poderosas fuerzas que se han disputado y continúan disputándose el control total de la humanidad en diferentes etapas de la historia, modificando sus estrategias para lograrlo.
En ese proceso me di cuenta de algo verdaderamente amenazador. La gente alrededor del mundo había estado ya totalmente dominada por las fuerzas que se habían disputado ese jugoso premio, pero hacía tiempo que habían logrado someterla y, con pasos silenciosos, estaban por ejecutar la consagración de su intención centenaria. Sin persecuciones, guerras, ni fieras inquisiciones, la gente era ya víctima sin darse cuenta.
En las culturas ancestrales, era muy común el tener a su servicio eunucos. Los eunucos eran esclavos que se castraban y no fueran amenazantes en una corte real donde debian vigilar el harem del gobernante. Se les castraba desde muy jóvenes para restarles la vitalidad y nunca tuvieran esa agresiva atracción por las mujeres, y con ello les expropiaban características del hombre con testosterona como rebeldía, agresividad, la violencia. Es decir, iniciaban siendo hombres completos, hasta convertirlos en robots totalmente entregado a servir a su amo, llegando a los extremos ser juguetes sexuales para los más depravados.
Sin duda eso habia sido una forma diabólica, pero muy efectiva, de sometimiento de seres humanos que permaneciera vigente durante siglos. Pero, Tenacio de Ohrid un arzobispo griego en el norte de Macedonia, a inicios del siglo 11, elevaría la primera protesta con su obra; En Defensa de los Eunucos, exponiendo la falta de humanidad de dicha práctica, tal vez un poco tarde pues, con sus resultados tan eficientes, se buscarían otras formas más “aceptables” para fabricar otro tipo de eunucos, pero igualmente efectiva, los eunucos mentales, intelectuales, espirituales, sin utilizar la fuerza.
El emperador romano, Constantino, preocupado por los ataques al imperio en todos los puntos cardinales y, en especial, en el norte por las tribus germanas, se dio cuenta que el perseguido cristianismo, no había desaparecido y había crecido por todo el imperio construyendo organizaciones que operaban al nivel profesional de sus falanges militares. Decidía llegar a un acuerdo con los líderes y, su madre cristiana, la utilizaría como responsable de su falsa conversión. Así, Constantino “convertido”, en el año 325 lanza la convocatoria para el Concilio de Nicea en donde se cerraba el trato y la iglesia sería de su propiedad.
De inmediato, expulsaron a los llamados gnósticos, se quemarían todos sus evangelios, pasarían a ser perseguidos y eliminados durante siglos. Constantino había logrado construir el arma más poderosa de la historia, la primera arma silenciosa para adueñarse de la mente del imperio Romano. No para llevarlos hacia la santidad, sino para controlarlos a base de las nuevas reglas espirituales que se les impusieran. Pero, no cualesquiera reglas, sino las que “Dios le entregara a Moises” y el resto las dictaría él mismo ¿sus armas mas letales? La culpa, el miedo al infierno, el sufrimiento por sus pecaminosas pasiones.
Lo que no pudo imaginar Constantino, fue que la iglesia naciente se adueñara del proyecto global. Era entendible, pues esa programación debía ser universal. Solo siglos después un filósofo orate llamado Nietzsche señalaba el secreto. “De la misma forma que el inculto cree el espíritu es la causa de sus pensamientos, el alma es la causante de lo que siente. Y como hoy se aplican tantas entidades inventadas que deben ser causas, así el hombre ha explicado a niveles más ingenuos, las mismas interrogantes con ayuda de entidades sociológicas personales. Los estados del alma tan extraños, agobiantes, para él eran obsesiones y encantos provocados por una entidad. El ingenuo cristiano sin madurar pensaba que esperanza, paz, felicidad, se le debía a un ser de inspiración psicológica y, para él, como sufriente amenazado, los sentimientos de felicidad, libertad le parecían extraños y “sentía culpa”.
De la forma que Nietzsche señalaba el nihilismo de Europa camino a la mediocridad actual, identifico algo parecido a nivel global y, especialmente, en Mexico que es un grito desesperado frente a un infierno mil veces peor que el anunciado para el viejo Continente. Un nihilismo mexicano donde los valores supremos, si es que existieron, han ya perdido su validez. Y, lo mas grave, la sociedad mexicana ha sufrido la enfermedad del masoquismo social, cultural. Es una sociedad de eunucos que todavía les duele la capada.
Es la moral de los esclavos, estilo mexicano, moral de la humildad, del sacrificio, del desinterés, exceptuando sus pastores, convertido en conformismo pues, como siempre, para soldados rasos nada bueno sucede, de esa fatal obediencia absoluta al nuevo mesías que los ha iluminado. Este horrible batarete condenaría al fuerte a practicar hipocresia, a otros les causarían tormentas de consciencia—pero sin durar mucho—lo novatos en el rebaño y en sus crímenes, se sentirían señalados por ese Dios, inseguros. Pero, el liderazgo los animaba y compensaba cometiendo crímenes de otro nivel.
Yo pensaba estar enterado de todo, estaba equivocado, inclusive, en EU ya con mi nueva visión, pude atestiguar una corrupción difícil de creer. Pero, lo sucedido en Mexico desde el arribo de esa pandilla cínica y criminal del Peje, es un insulto a la comunidad mundial, ya ni siquiera señalo la de Mexico que, además, será la que cargue con todos los pecados cometidos. Y, en estos momentos, mi tristeza mas grande es ver la gravedad de Mexico que no se le ha dado la calificación de una desgracia en puerta. De perdida no sean tan cínicos.
Los ideales del animal del rebaño culminan en cualidades de suprema fijación en los valores de la sociedad, cínicamente se intenta darles un valor metafísico. Contra semejantes valores, yo debo defender el aristocratismo. Una sociedad que conserva respeto y delicadeza para la libertad es solo sueño imposible. Mexico vive el reinado de los mediocres y del rebaño. ¡Yo quisiera revivir a Porfirio Diaz!
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