VIEJA NARRACIÓN REVIVIDA. YO SOY

Ricardo Valenzuela

 

May be a black-and-white image

“El que no pueda vivir en sociedad, o no lo necesite porque es autosuficiente y feliz, debe ser una bestia salvaje o un Dios”. 

                                    Aristóteles, Política 

La narración de mi vida fue un proceso que inicié hace muchos años, pero, al darme cuenta de que en aquellos momentos era un hombre que todavía tenía muchos por vivir, decidí hacer un alto pues tenia el presentimiento que los siguientes serían muy especiales, no solo en lo relacionado a la nueva forma de conducir mi nueva vida, sino a nivel global de un mundo que ya anunciaba cambios de proporciones bíblicas. Y en estos momentos pienso tuve razón, el mundo es otro muy diferente y, desgraciadamente, no puedo decir que ha sido un sueño hecho realidad. 

Así es que procedí a desempolvar lo que había escrito y no quedara archivado en el olvido, y he decidido subirlo a mi blog y dejarlo como una humilde aportación para quienes, especialmente en estos momentos de incertidumbre, se puedan interesar en una vida de grandes éxitos y también derrotas casi de la misma magnitud, que son los eventos que han moldeado mi vida de forma especial. Un moldeado que ha incluido una serie de etapas de transformación, en las cuales tuve que cargar una pesada cruz en dias de oscuridad. Pero, por la mano superior, llegarían de nuevo los dias de luz, pero una luz más brillante sazonada con la sabiduría de mis batallas ganadas y perdidas para abandonar el bosque tan oscuro. 

Y esa luz tan especial, es la que me ha permitido ver el mundo a través de un nuevo prisma que solamente lo entrega la vida, cuando se ha sufrido por derrotas con la misma intensidad del gozo de los grandes triunfos y, sobre todo, esa ola de sentimientos acompañada de algo tan importante como la verdadera humildad. Así inspirado por el gran Sócrates; “yo solo sé que no sé nada”, aprendí y he podido ver este mundo despojado de las olas de engaños provocadas por esas fuerzas que luchan para saciar su enfermizo deseo de conquistar mentes, pensamientos, conductas y el destino de los seres humanos, no para mejorar sus vidas, sino cumplir sus diabólicos objetivos.

 El sufrimiento no aceptado como el precio de los pecados, sino la mayoría de las veces provocado por nosotros mismos sea por acciones u omisiones y, ante diferentes gravedades, sin pensar por un instante declararme victima hasta de las traiciones de un diabólico amigo u otras causas, aceptar la responsabilidad de haberlo creado o permitido, mirarlo de frente, sentir ese dolor, no para que se me consolara, sino pasar a tomarlo y convertirlo en fuerza y combustible para las acciones de conductas corregidas aprendiendo las lecciones. Y solo quienes se han asomado al infierno, han podido darse cuenta de que su profundidad es infinita y debes retirarte del borde. 

Y cuando te das cuenta de que, haciendo a un lado la demagogia clásica del “pobrecito tú”, o la horrible acusación del “te lo dije”, se pueden convertir en grandes lecciones, no que se hayan buscado, te encontraron, ahora manéjalos con fortaleza, humildad, y la experiencia del dolor, sin que estuvieras consciente, algo habrá despertado en tu interior, pues ya no serás el mismo. Y surge el milagro, te has deshecho de esas capas de superficialidad y tienes una visión modificada, porque las cataratas en tus ojos han sido eliminadas y, al abrirlos, ves lo que nunca habías visto. Te das cuenta de que tu cerebro ya no sigue el mismo patrón, que ahora todo tiene un significado diferente. Sientes ser un extraño en todas partes, la luz te provoca nuevas visiones y poderes desconocidos. 

Es cuando buscas la soledad porque es donde te sientes mejor, es donde tus conversaciones interiores han cambiado de tono, ahora a través de ellas puedes descubrir grandes cosas, sientes que mucha sociedad puede hacerte daño. Has hecho una nueva amistad con alguien que habla el mismo lenguaje, tu yo interior. El que señalaba Jesus; “el reino de los cielos está en tu interior”, es la física cuántica no esa fe ciega. Ese nuevo amigo que no conocías y te sorprende con sus argumentos tan novedosos, su actitud que intuías y no conocías. Y no es filosofía barata ni argucias de un payaso de circo. Entiendes la frase de Henry David Thoreau; “la mayoría de la gente va por la vida sufriendo una silenciosa desesperación”. 

Te das cuenta de que has caído bajo el embrujo de una nueva sabiduria de aquel que le preguntaran ¿hay alguna palabra que pueda servir como regla de conducta y para una buena vida? La palabra es reciprocidad; lo que no quieras que te hagan, no se lo hagas a otros. Y ese bello principio ha estado muerto desde hace mucho tiempo. Un hombre grande era sincero, íntegro y moral, siempre hacía lo correcto, ante presiones no se preocupaba porque estaba en control de su mente. Pero los gobiernos de los paises han caído en manos de estos enanos morales sedientos de riqueza malhabida y, sobre todo, vigilantes para que los hombres grandes nunca lleguen a desplazarlos. 

El hombre grande de aquel bello sentido común, valor indomable, guerrero triunfador, es una especie en extinción, y si a la descripción le agregamos sabiduria, moralidad, definitivamente se convierte en sueño imposible. Y mi solución ha sido encontrar la mejor compañía compatible, la soledad. Y veo que la virtud no tiene futuro porque, como afirmaba Spinoza, “solo se logra vida virtuosa a través de la razón”. Y en mi caso debo recurrir al poema de Langbridge: “Two men look through the same bars: One sees the mud, and one the stars” “Dos hombres ven a través de los mismos barrotes: Uno ve el lodo sobre el suelo, y el otro ve las estrellas”. Esa es la diferencia de mi visión a la del 99% de la población del mundo dormida, hipnotizada, entregada a la mediocridad. 

Decía Nietzsche que él le había mostrado al mundo el superhombre que siempre ha sido neutralizado por los reyes y la iglesia. Unos con sus matanzas, otros con la Moral de los Esclavos y nadie los rescatara. Yo si le creo en ese potencial que está dentro de nosotros porque ha sido parte de mi proceso. También me doy cuenta de que nos lo han desconectado a la fuente de los annunaki, unos quedaron pendejos, y los otros criminales de diferentes calibres. Y por eso la soledad es mi reino, porque es una muy ocupada soledad que me da gran placer. Entonces, de acuerdo con Aristóteles, soy una bestia salvaje porque de Dios no tengo el perfil.              

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